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El agridulce boom del aguacate Hass: cómo el “oro verde” transformó la economía y la vida en Urrao

El aguacate hass de exportación generó en el pueblo un boom económico; ahora se nota declive y el vuelco a otros cultivos.

  • En la vía entre Urrao y Betulia resaltan dos asentamientos que son los preferidos por los “nuevos ricos”. FOTOS Manuel Saldarriaga
    En la vía entre Urrao y Betulia resaltan dos asentamientos que son los preferidos por los “nuevos ricos”. FOTOS Manuel Saldarriaga
  • Desde lejos, los invernaderos parecen urbanizaciones de plástico. FOTO: Manuel Saldarriaga
    Desde lejos, los invernaderos parecen urbanizaciones de plástico. FOTO: Manuel Saldarriaga
  • En Urrao la llegada del aguacate revitalizó la economía. FOTO: Manuel Saldarriaga
    En Urrao la llegada del aguacate revitalizó la economía. FOTO: Manuel Saldarriaga
  • Vista aérea de un gran cultivo de aguacate. FOTO: Manuel Saldarriaga
    Vista aérea de un gran cultivo de aguacate. FOTO: Manuel Saldarriaga
hace 23 minutos
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Un parqueadero en altura recién construido, con cuatro pisos en total, en la misma cuadra de la estación de policía, no es precisamente una imagen pueblerina; uno podría decir que su presencia refleja la evolución que por cuenta del aguacate hass de exportación ha tenido Urrao, un municipio periférico con ínfulas de ciudad.

Pero ese no es el único indicador del boom económico que se ha derivado en esta parte lejana del Suroeste antioqueño de la producción de la fruta deliciosa que muchos comparan con la mantequilla y otros hasta aseguran que mientras la vean en un plato de comida no les hace falta la carne o el huevo.

Urrao hoy día es el municipio del país qué más produce hass. Basta decir que Antioquia es el departamento de donde más pepas de aguacate salen (38,08% de la producción nacional) y que a su vez de acá deviene el 28,4% de la producción del departamento con poco más de 10.000 toneladas; es decir que es el campeón en productividad, pero también en área sembrada con 2.700 hectáreas y 432 predios dedicados a estas bregas, en tanto que el subcampeón es Sonsón (315 predios) y el podio lo cierra Abejorral (186) según cifras de Corpohass.

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Pocos discuten que este municipio ha tenido un gran dinamismo de cuenta de otros cultivos, lo mismo que de la ganadería y más recientemente del turismo, pero el aguacate de exportación produjo transformaciones fundamentales y ha determinado buena parte de lo que es actualmente.

El boom económico que de allí se ha desprendido puede observarse también en la gran cantidad de carros y motos circulando por las calles –muchos de media y alta gama–, la proliferación de bancos, supermercados, depósitos de materiales, en la consolidación de parcelaciones con todo y piscinas donde reside una clase social alta emergente, y hasta en el crecimiento de la zona de prostitución.

Todo ha sido una reacción en cadena, porque para exportar se requiere pensar con vocación de futuro ya que a diferencia de los otros cultivos que han florecido en la localidad, el hass es perenne, requiere de acuerdos comerciales, certificaciones internacionales y auditorías externas, lo cual lleva a cumplir con requisitos de sostenibilidad financiera, social y ambiental.

En plata blanca, obliga a cumplir con buenas prácticas en esos aspectos, lo que implica que el empleo sea formal, a diferencia de la mayor parte del que se genera en el campo colombiano, y ello impacta todo alrededor. Por ejemplo, hace indispensable celebrar contratos laborales con todas las de la ley.

Bajo el estimativo de que en Urrao ha habido hasta 5.000 hectáreas sembradas (hoy son poco más de la mitad, según registros de certificación del ICA para la exportación) y que por cada dos o tres hectáreas se precisa un trabajador, quiere decir que se generado entre 1.700 y 2.500 empleos formales con salarios de por lo menos el mínimo, más afiliación a salud y a caja de compensación para las familias de los trabajadores.

De rebote entonces eso ha hecho que haya más personas en el régimen contributivo y llevó a Comfama a abrir sede.

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Algo más que ocurrió fue el aumento de la bancarización, con lo cual está desapareciendo la estampa pueblerina de esos sábados en los que el finquero se sentaba junto a una mesa de cafetería en pleno parque para atender la fila de peones que iban a reclamar el jornal.

En Urrao, producto de otras decaídas en la agroindustria había cerrado el Banco Agrario y volvió, pero también existen oficinas del BBVA, Bancolombia y cuatro cooperativas financieras.

Fuera de eso, ya han instalado tres supermercados de la cadena D1 en el parque principal y en dos sectores periféricos y durante un corto lapso, hace un par de años abrió un Flamingo, aunque no pelechó y cerró al poco tiempo.

Desde lejos, los invernaderos parecen urbanizaciones de plástico. FOTO: Manuel Saldarriaga
Desde lejos, los invernaderos parecen urbanizaciones de plástico. FOTO: Manuel Saldarriaga

De dos estaciones de combustible que había hace diez años pasó a cinco, y como si fuera poco cada media hora salen y entran buses entre el pueblo y Medellín, algo que era impensable una década atrás.

A unos cinco kilómetros del área central y por la vía que conduce a Betulia, en medio de lo que parecen urbanizaciones de plástico pero que en realidad son invernaderos de fruta, emerge la parcelación El Escobillal y un sector exclusivo en la parte baja de la vereda San José. Estos se convirtieron en los vivideros preferidos para algunos de los nuevos ricos. En una imagen aérea tomada con dron se notan los prados bien cuidados y las casas de dos y tres pisos, con techos relucientes y balcones aireados.

“Muchos agricultores aquí tienen más dinero que gente estudiada de Medellín”, menciona Willer Moreno, finquero y dueño de una carnicería.

No hay que perder de vista tampoco que solo por concepto de los salarios del hass la economía local se irriga con alrededor de $3.000 millones mensuales que se gastan en comida, transporte, servicios públicos, licor, en algunos lujitos y hasta en sexo y drogas.

Si hay algo raro es ver en Urrao a una persona vagando. El municipio prácticamente no padece desempleo y el efecto lógico es que también tiene unas tarifas del trabajo que sobrepasan a cualquier municipio del Suroeste.

Mientras el promedio devengado al día por un asalariado en la ciudad está por los $59.000, el jornal en Urrao ronda los $80.000 y si se trata de un oficio un poco más calificado como guadañar, son $120.000.

La oleada migratoria en busca de oportunidades en esta tierra prometida ha hecho igualmente que apartamentos que antes se conseguían por $200.000 en arriendo hoy no rebajen de un millón de pesos.

En Urrao la llegada del aguacate revitalizó la economía. FOTO: Manuel Saldarriaga
En Urrao la llegada del aguacate revitalizó la economía. FOTO: Manuel Saldarriaga

***

El testimonio vivo de la cara menos coqueta del boom aguacatero es el sector de El Pedrero, a solo cuadra y media del parque, donde conviven la emblemática planta de helados Tony con almacenes de agroquímicos y bares como Las bailarinas, El Paraíso, Las Palmitas, La Canoa o Las Cabuyas.

La noche del martes en que EL COLOMBIANO visitó Urrao para este reportaje esa cuadra lucía lúgubre, como todos los principios de semana, con un silencio de monasterio y todos los negocios cerrados. Pero de viernes a domingo lo usual es el barullo de la música a todo timbal y jovencitas ofreciendo placeres de cama.

Los urraeños comentan con sorna que los lunes, muy a las tres de la mañana, parte desde ese lugar un bus –o a veces hasta dos– repleto de prostitutas que retornan a sus sitios de origen en Medellín u otros pueblos del mismo Suroeste como Concordia y Amagá.

El Pedrero se ha convertido también en reflejo de los problemas de inseguridad que devienen de una economía boyante en la que empieza a hacerse palpable la pugna por las rentas criminales. Entre finales de 2023 y principios de 2024 se presentaron ahí seis asesinatos: uno en diciembre, cobró la vida de dos hermanos en un acto sicarial; en enero, en otro episodio fue asesinada una mujer y quedaron heridas tres personas más, y el 22 de abril se presentó un triple homicidio. En su momento las autoridades explicaron la oleada violenta como producto de una pugna entre bandas por las ganancias del microtráfico.

***

Aunque reconoce que solo ha hecho la primaria, Moreno habla con la suficiencia de un experto sobre la diversidad de cultivos que hay en las 108 veredas de Urrao, sobre las extensiones que sembradas de tomate de árbol y de aliño, lulo, gulupa, granadilla, café y cacao, así como de las prósperas explotaciones ganaderas y porcícolas.

Relata que lo primeros atisbos del hass en este diverso territorio se le deben a Raúl Holguín y Héctor Cossio quienes sembraron unos pocos palos en las veredas Santa Isabel y Hoyo Rico, no con ánimo de exportar sino buscando obtener el aderezo preciso para sus desayunos, almuerzos y cenas.

Eso fue hacia el año 2010 y aunque les pegó, destinaron el producto al mercado local. Tanto Moreno como otros entrevistados coinciden en que solo en 2015 otros lugareños de apellido Flórez, a los que apodan los “guatemaltecos” porque hicieron su fortuna en Centroamérica, vinieron con unas semillas y con la intención de hacer cultivos extensivos; la leyenda dice que comenzaron a comprar fincas a diestra y siniestra.

“De ahí sembré yo mis primeros palitos porque era vecino de ellos. Le dije a Dorancé (uno de los Flórez): ‘Lárguéme unos 500 palitos’; me dijo que 500 era mucho, que me iba a soltar 300 y esos fueron los que sembré”, añade Willer.

Vista aérea de un gran cultivo de aguacate. FOTO: Manuel Saldarriaga
Vista aérea de un gran cultivo de aguacate. FOTO: Manuel Saldarriaga

En Urrao es común que si la gente ve algo que funciona simplemente lo imita; así sucedió con el hass y fue como se fue formando ese tapete verde y ondulado de árboles enanos que domina la panorámica en varias veredas.

En ese proceso ayudó mucho la disponibilidad de tierras, ya que se trata del segundo municipio más extenso de Antioquia, con 2.556 metros cuadrados –Turbo, el primero, tiene 3.055– que además están repartidos prácticamente en todos los pisos térmicos.

Posee desde tierras bajas, apenas a cien metros sobre el nivel del mar, hasta la principal altura del departamento, que es el páramo de Frontino, a 4.080 metros, lo cual da pie a poder rotas las cosechas del llamado “oro verde”, de manera que prácticamente todo el año salen camiones hacia los puertos con destino a Europa y Estados Unidos.

Muy pronto se empezaron a escuchar cada vez más los acentos chileno y mexicano porque de esos países fue que arribaron inversionistas ofreciendo comprar terrenos sin reparar en el precio; a la par se fueron estableciendo las principales agencias exportadoras de aguacate, laboratorios de agroquímicos, lo mismo que intermediarios que hacen el enlace entre productores y exportadores y que, por supuesto, se quedan con una tajada de la ganancia.

EIbar Cañola, el secretario de Agricultura local, recuerda que “con la moda del aguacate, una hectárea en una zona cercana que antes podía valer entre $6 y $8 millones, pasó a valer entre $30 y $40 millones”.

Hoy día, entre las firmas Reforesta y Aguacates Flórez tienen más o menos el 35% del área sembrada para la exportación.

Los finqueros de esta tierra son de una idiosincrasia en la que no se detienen en estudios de mercadeo o análisis de laboratorio sino en el juego del ensayo-error; si ven que a otro le fue bien con algo le chupan rueda y si a ellos también les surte efecto invierten más, pero si las cosas no salen como esperaban simplemente comienzan de nuevo. Así ha sucedido con las distintas oleadas, como la de la granadilla entre mediados de la década de 1980 y 1990 que los convirtió en líderes mundiales en producción hasta que el hongo fusarim –que por estos lares llaman secadera– empezó a marchitar las matas.

La primera cosecha en serio para abastecer mercados nacionales e internacionales con hass se vio hacia el 2017.

Según Moreno, de esa primera tanda de crédulos que se fueron contagiando del hass algunos urraeños ganaron porque aprovecharon los buenos precios aupados por la novedad, pero también muchos perdieron debido a que cayeron en un entusiasmo desmedido y cultivaron como no se debía o usaron semillas no aptas.

Juan Carlos Restrepo, otro finquero, asegura que con su hermano llegó a sembrar 25.000 palos, pero resulta que en una sola finca solo él perdió más de $800 millones y dice conocer a otros a quienes se le esfumaron $4.500 millones, $6.000 millones y mucho más. La causa es una mezcla entre factores locales y las fluctuaciones del mercado exterior. La sobreproducción ha llevado a precios irrisorios de $2.500 el kilo para exportar cuando en el pasado llegó a $8.000 y $9.000, según Bayardo Lora, quien es dueño de una tienda de insumos para el campo y comerciante de fruta al por mayor.

Como si fuera poco, los aguacateros se empezaron a chocar contra dificultades como que algunas variedades que usaron dejaban de producir a los siete años y fueron más propensas a plagas cuarentenarias que dificultan las certificaciones internacionales para exportar, como el ácaro, la araña roja, la Stenoma (una mariposa); el Heilipus y el Lptoglossus (dos gusanos).

En voz baja algunos aceptan igualmente que el producto ha llegado a tener rechazo en el mercado externo por cierta actitud tramposa. El asunto es que por ejemplo alguien tiene 30 hectáreas certificadas por el ICA para la exportación, pero revuelve el producto que sale de allí con aguacates que saca de otras tierras donde no se cumplen las mismas buenas prácticas, o en las épocas de escasez meten “de contrabando” lo que le compran a terceros.

Pero el golpe mortal fue el invierno de los últimos dos años que aumentó la humedad en los terrenos dificultando la floración y facilitando la aparición de hongos que matan la planta por la raíz. De hecho, el secretario de Agricultura asegura que a diferencia de otros países como México y Chile, donde al aguacate los ambientalistas le achacan el pecado de haber acabado con el agua, acá fue al contrario porque ha sido el agua la que ha diezmado el aguacate.

“Literalmente, el agua de Urrao acabó con el aguacate. Las texturas del suelo (limos y arcillas) y la alta pluviosidad fueron las responsables de que grandes hectáreas se fueran acabando. Hay exceso de agua y hay que trabajar mucho en drenajes porque el agua pudre la raíz”, explica Cañola.

El entusiasmo ha bajado al punto de que el área certificada para la exportación de hass pasó en el último año de 4.000 hectáreas a 2.700. Varios cultivadores locales apuntan que es el declive definitivo, aunque uno de los principales productores y exportadores le dijo a este diario que es solo el acomodamiento del mercado después del boom, que el hass no se va a acabar porque los empresarios no van a tirar por la borda tanto esfuerzo hecho para consolidar esta actividad.

Lo cierto es que el pueblo sigue dinámico y respira prosperidad. Los paisanos de Rigoberto Urán se precian de no quedarse en el piso si se caen. Por eso finqueros como Willer Moreno y Juan Carlos Restrepo ya tienen sembrados de nuevo gulupa, granadilla fríjol, lulo o tomate donde tumbaron aguacate. Restrepo cuenta que solo dejó 15 palitos de los que saca el adorno de las sopas para la familia.

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