El impacto de los hipopótamos en los ecosistemas del Magdalena está relacionado con un proceso de contaminación orgánica que altera el equilibrio del agua. Sus heces y orina aportan grandes cantidades de fósforo y nitrógeno, nutrientes que en exceso desencadenan la eutrofización, una proliferación acelerada de algas y microorganismos que forma capas densas en la superficie, bloqueando la entrada de luz solar y afectando la fotosíntesis de las plantas acuáticas.
Cuando este exceso de materia orgánica se descompone, el proceso consume gran parte del oxígeno disuelto en el agua, generando hipoxia, una condición de baja oxigenación, que provoca la muerte de peces y otras especies nativas al impedirles respirar y mantener sus funciones vitales.
Una de esas especies acuáticas afectadas es el bocachico, uno de los peces más importantes del río Magdalena para la pesca y la alimentación de las comunidades. Se ve afectado porque necesita aguas oxigenadas y zonas tranquilas para reproducirse. La presencia del hipopótamo común Hippopotamus amphibius deteriora su hábitat al aumentar la turbidez del agua, reducir el oxígeno disponible por exceso de materia orgánica y alterar los sitios de reproducción, lo que dificulta su ciclo de vida.
Entérese: Gobierno da vía libre para la “eutanasia” de hipopótamos en el Magdalena Medio: así esperan reducir 33 animales cada año
El manatí antillano es un mamífero herbívoro que se alimenta de plantas acuáticas. Se ve afectado porque los hipopótamos destruyen vegetación sumergida, remueven sedimentos y reducen la penetración de luz solar, lo que impide el crecimiento de las plantas de las que depende. Además, la degradación del agua altera sus zonas de alimentación y descanso.
David Echeverri López, jefe de la oficina de gestión de la biodiversidad de Cornare, explicó en entrevista a EL COLOMBIANO que el manatí enfrenta múltiples presiones ambientales en el río Magdalena, a las que ahora se suma la presencia de los hipopótamos. “Los hipopótamos además se suman a la gran contaminación que ya tiene el río, a las problemáticas de deforestación y de cacería. Entonces, estas especies nativas, al tener un animal que hace parte de la megafauna, entran a tener más problemas de los que ya venían teniendo”, afirmó.
Lea también: Los manatíes, una especie en riesgo de desaparecer en Colombia
El chigüiro es un herbívoro que habita zonas de ciénagas y riberas. Su afectación ocurre principalmente por la alteración del hábitat, el tránsito de hipopótamos compacta el suelo, destruye la vegetación de orilla y reduce las áreas seguras para alimentarse y reproducirse, aumentando su vulnerabilidad frente a la pérdida de refugio natural.
En el caso del chigüiro, el Instituto Humboldt y compilaciones de investigación en biodiversidad en Colombia señalan que esta especie depende de humedales con vegetación baja, orillas estables y cuerpos de agua bien conservados para su alimentación, reproducción y refugio. La presencia del hipopótamo común Hippopotamus amphibius altera estas condiciones al compactar el suelo, modificar las riberas y reducir la disponibilidad de vegetación acuática y terrestre, lo que implica una pérdida de hábitat funcional para el chigüiro más que una competencia directa.
Conozca: ¿Por qué, en vez de sacrificarlos, no se llevaron a los hipopótamos a otro país?
En cuanto a la tortuga del Magdalena, especie endémica y en peligro crítico, depende de playas y riberas estables del río Magdalena para anidar. Según el Instituto Humboldt y evaluaciones de conservación de especies acuáticas en Colombia, la alteración de las orillas del río por compactación del suelo, erosión y cambios en la dinámica de sedimentos pone en riesgo sus sitios de reproducción.
En este contexto, la presencia del hipopótamo contribuye de forma indirecta al deterioro del hábitat al modificar riberas y aumentar la inestabilidad de las zonas de anidación, lo que reduce el éxito reproductivo de la especie.
El venado cola blanca (Odocoileus virginianus), especie nativa de Colombia, se ve afectado en el Magdalena Medio por la presencia del hipopótamo, ya que este altera la vegetación de ribera, compacta el suelo y transforma los ecosistemas donde el venado se alimenta y se desplaza, reduciendo sus hábitats y corredores naturales.
Entérese: Especies invasoras deambulan sin control: el ‘jumanji’ del Magdalena Medio
Según el Gobierno nacional, además de ocasionar cambios en el suelo, en la vegetación nativa, en las riberas y en los cuerpos de agua por el tránsito repetido de estos animales, contribuye también a la transmisión de enfermedades. Asimismo, se advierte que representan una amenaza para las comunidades cercanas debido a sus características agresivas y a situaciones como el bloqueo de carreteras, entre otras.
David Echeverri, advirtió que aunque en algunos sectores han permanecido aparentemente “tranquilos”, también se han observado conductas de riesgo “comportamiento salvaje”. El experto en gestión de la biodiversidad, áreas protegidas y servicios ecosistémicos, explicó que este comportamiento tiene dos implicaciones principales sobre el ecosistema y las comunidades.
“Ese comportamiento salvaje hace que ellos tengan dos problemas. Uno, con el crecimiento que va teniendo la población, entonces cada vez que ellos van creciendo van invadiendo nuevos territorios y con ello van desplazando la fauna silvestre nativa de sus territorios. Y lo otro es que ese comportamiento agresivo, en la medida que hay más hipopótamos, la probabilidad de encuentros con pescadores y con población ribereña va a ser más alto y por ende se van a aumentar también los accidentes con personas y van a empezar a aparecer personas muertas”.
Siga leyendo: ¿Se los querían llevar a India y México? El plan para sacar los hipopótamos de Colombia que no se aprobó