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“Colombia por fin se volvió parte de América Latina”: Hernando Gómez Buendía

El sociólogo, director del portal Razón Pública, asegura que el legado que deja Gustavo Petro a sus espaldas es una izquierda por primera vez organizada en el país.

  • Hernando Gómez Buendía. Foto: tomada de video
    Hernando Gómez Buendía. Foto: tomada de video
Daniel Rivera Marín

Editor General

hace 2 horas
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Hernando Gómez Buendía —filósofo, economista, sociólogo y abogado, oriundo de Armenia, director de la revista Razón Pública y columnista de varios medios nacionales— acaba de publicar Colombia después de Petro. Lecciones del Gobierno del Cambio (Planeta, 2026), un balance del primer gobierno de izquierda en dos siglos de vida republicana.

El libro no pretende defender ni atacar al expresidente, sino entender qué intentó hacer, qué logró, en qué fracasó y cuáles lecciones deja su paso por el poder.

En esta conversación, Gómez Buendía analiza el triunfo de Abelardo de la Espriella sobre Iván Cepeda, el papel de Estados Unidos y de Donald Trump en la nueva derecha latinoamericana, los riesgos para la Constitución bajo el nuevo gobierno, el peso religioso del gabinete entrante y lo que considera el mayor legado —y el mayor error— del gobierno de Gustavo Petro.

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¿Cómo explica el triunfo de Abelardo de la Espriella?

“La reacción contra Petro fue una parte fundamental de la explicación. Medio país, empezando por Antioquia, estaba desesperado con él, así que el factor antiPetro pesó desde el principio hasta el final.

Además, la derecha no se dividió tanto como parecía: la que empujó con más fuerza fue la extrema derecha, y por eso ganó.

No es un triunfo demasiado misterioso: lo más probable era que ganara la derecha, y ganó la más dura, la más alineada con los movimientos populistas de derecha del continente.

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Es una derecha distinta a la tradicional: mucho más joven, más urbana, más radical, más libertaria, más restauracionista”.

¿Qué tan distinto es este fenómeno del de Rodolfo Hernández en 2022?

“Es nuevo para Colombia, pero no tan distinto. El referente más claro para entenderlo es Hernández: ahí estaba ya esa gente anticorrupción, esa que detesta tanto a los políticos que hasta detesta a Uribe, gente mucho más radical, más desencantada, más fundacionalista.

La diferencia es que Abelardo de la Espriella está mucho más caracterizado para ese papel; si uno tuviera que inventarse un personaje para ese fenómeno, no le faltaría ningún detalle.

Hernández era un manzanillo tradicional, un negociante medio corrupto de Bucaramanga con un discurso anticorrupción. De la Espriella capturó mucho de eso, pero cuatro años después de Petro, con el terreno ya abonado”.

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¿Vio venir este resultado?

“Desde que Abelardo empezó a recoger firmas pensé que ese señor venía en serio. Incluso llegamos a pensar que el Centro Democrático se iba a montar rápidamente en esa ola, y no fue así: lo que ganó fue tan antipolítico y tan purista que terminó derrotando también al uribismo. Es un fenómeno antipolítico, y el Centro Democrático es un partido político. Ahí quedó muy marcado el carácter radical de este movimiento”.

Usted ha dicho que Colombia se está “latinoamericanizando”. ¿Qué quiere decir con eso?

“Que Colombia al fin está volviéndose parte de América Latina. Empezó a serlo con Petro y ahora lo confirma con Abelardo. Siempre estuvimos a la contra: a comienzos de los 2000, cuando la izquierda era poderosa en la región, nosotros elegimos a Uribe, porque nuestra realidad era otra: el conflicto armado interno, sesenta años de historia perdida que nos hicieron atípicos en el continente.

Eso se mantuvo así hasta el gobierno de Duque. Cuando se acabaron las Farc, empezamos a entrar de lleno a los problemas reales de América Latina: la lucha entre pobres y ricos, la insurgencia de izquierda organizada.

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Uno puede decir que Abelardo es un minimí de Trump, sí, pero yo prefiero verlo como parte de ese mismo proceso: Colombia dejó de estar anestesiada y empezó a vivir lo que vive el resto de la región”.

Al comienzo de la campaña, sectores de derecha y de la institucionalidad advirtieron que la Constitución estaba en riesgo con el proyecto de Petro. ¿Era cierto?

“No, realmente no. Petro no logró lo que quería, precisamente porque no se lo permitieron: respetó más la separación de poderes y la Constitución que Uribe.

Él sigue pensando en una constituyente porque es su proyecto político —en el libro cuento que probablemente va a dedicar el resto de su vida a eso—, pero es un cuento populista muy viejo, y ni siquiera calcula que, si convoca una constituyente, la puede ganar la derecha.

El miedo de que Petro fuera a cerrar el Congreso o instaurar una revolución comunista nunca fue realista: el único golpe de Estado posible en estos cuatro años era uno contra Petro, no de Petro. Ahora, en cambio, hay mucho más riesgo real para la Constitución con Abelardo, porque es una derecha mucho más autoritaria, y ya lo está demostrando. El límite de Abelardo es la Constitución; el límite del programa de Cepeda era el presupuesto nacional”.

¿Cuál es, para usted, el legado más importante del gobierno de Petro?

“Su gran obra fue organizar la izquierda. Eso es un logro enorme: el Pacto Histórico es hoy, creo, la fuerza política más organizada de Colombia, y esa izquierda ya no va a desaparecer.

Antes de 2018 no existía una izquierda colombiana organizada; ahora existe, es la primera fuerza del país y casi gana las elecciones. Es más o menos la mitad del electorado, con un movimiento social detrás —indígenas, Fecode— que no es un simple paro cívico, sino gente organizada y mucho más capaz de defender sus derechos.”

Hay quienes dicen que esa izquierda organizada no es tal, sino el resultado de la compra de apoyos a través del presupuesto...

“Puede ser cierto, pero una cosa no quita la otra. ¿Cómo se imaginan que existe la derecha? También por el amor de Dios, o por lo que sea. Que a alguien le hayan dado algo no significa que no sea de izquierda ni que esté organizado. El problema de esos discursos es que agarran un pedazo de verdad, lo inflan, tapan el resto y arman una novela completa.

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Es tan cierto que Petro dio subsidios como que eso no explica por sí solo la fuerza de la izquierda hoy. Y hay un paralelo histórico: decir que Uribe no ganó porque contó con los votos de los paramilitares tampoco es cierto. Uribe no necesitaba esos votos —ganó limpiamente, dos veces—, pero Castaño se los ofreció igual. Ambos hechos son ciertos al tiempo, y ninguno anula al otro”.

¿Qué opina del proceso de empalme y del gabinete que está armando Abelardo de la Espriella?

“El empalme —que llaman “el Arca de Noé”— me parece un fenómeno curioso: son cientos de personas recorriendo oficinas públicas sin que se sepa bien de dónde salieron ni qué preparación tienen.

Pero hasta donde yo sé, la gente que ha nombrado es gente honrada, y eso está bien. Lo que sí llama la atención es que se trata de otra clase social, de extracción más alta que la del propio Abelardo: ahí está, por ejemplo, el ministro de Hacienda, nieto de Laureano Gómez, la clase política tradicional del país.

Y hay un componente simbólico y religioso que sí asusta: los nombramientos de Viviane Morales y de Carlos Alonso Lucio son sumamente significativos.

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Lucio tiene una historia curiosa —estuvo en el M-19, estuvo en la cárcel con Ingrid Betancourt, luego encontró la fe y se casó con Morales—, pero sigue siendo, a mi juicio, una figura fundamentalista y arriesgada dentro de un proyecto que en el fondo es libertario, refundacional y profundamente antisocial: el de desmontar el Estado”.

¿La paz total fue lo que terminó tumbando a Petro?

“Ayudó mucho, sobre todo porque fue una bandera de campaña evidente. La negociación con la guerrilla nunca fue popular en Colombia —por eso Uribe ganó el plebiscito contra el acuerdo de paz de Pastrana—, pero con las Farc la situación era distinta: el Ejército nunca fue capaz de vencerlas, así que había que negociar, y eso fue lo que hizo Santos, con mucho trabajo, durante ocho años.

El error de Petro fue creer que ese mismo modelo podía repetirse con el narcotráfico y las bandas actuales, que no son un movimiento político sino delincuencia organizada. Fue un error garrafal, el más evidente de su gobierno, y le hizo mucho daño, junto con la crisis del sistema de salud. La gente no sintió el déficit fiscal ni el problema energético, pero sí sintió esas dos cosas”.

Preguntas y respuestas

¿Cuál fue el principal legado del gobierno de Gustavo Petro?
Según distintos análisis, uno de los principales legados atribuidos al gobierno de Gustavo Petro es la consolidación de una izquierda con mayor organización política y capacidad de participación electoral. La valoración de ese legado sigue siendo objeto de debate.
¿Por qué perdió la izquierda las elecciones presidenciales en Colombia?
Diversos analistas atribuyen el resultado a factores como el desgaste del gobierno saliente, la percepción ciudadana sobre temas de seguridad, economía y salud, además del fortalecimiento de una candidatura de derecha durante la campaña.
¿Qué fue la política de paz total y por qué generó controversia?
La paz total fue una estrategia orientada a negociar con distintos grupos armados y reducir la violencia. Sus resultados y su alcance han sido ampliamente debatidos por expertos, autoridades y sectores políticos.
¿Qué retos enfrenta Colombia después del gobierno de Gustavo Petro?
El nuevo gobierno enfrenta desafíos como fortalecer la economía, mejorar la seguridad, garantizar la estabilidad institucional y definir el rumbo de reformas impulsadas en la administración anterior, en un contexto de alta polarización política.

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