A las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, en el suroriente del Chocó, sacudió el occidente colombiano y extendió la emergencia a distintos departamentos de la región.
El movimiento dejó daños en viviendas, hospitales, vías y aeropuertos, mientras las autoridades reportan hasta el momento 188 muertos, 1.677 heridos, personas que permanecen bajo los escombros, hospitales colapsados, aeropuertos cerrados y más de 100 réplicas. El balance continúa en actualización a medida que avanzan las labores de búsqueda, rescate y evaluación de los daños.
Pero en el municipio donde se ubicó el epicentro, la emergencia encontró un problema que no comenzó ese día: las dificultades para llegar, comunicarse y garantizar servicios básicos en uno de los departamentos con mayores niveles de pobreza y necesidades básicas insatisfechas del país.
La tierra se movió durante segundos. Después comenzó otra carrera: saber qué había pasado, encontrar a los afectados, abrir los caminos y hacer llegar ayuda a un territorio donde muchas de esas tareas ya representan una dificultad en condiciones normales.
En San José del Palmar, el terremoto no solo golpeó viviendas y estructuras; también puso a prueba las vías, las comunicaciones, el servicio eléctrico, el acueducto y una red de salud que depende, en los casos más complejos, de remisiones hacia otras ciudades.
El silencio después del movimiento telúrico
En las primeras horas, San José del Palmar comenzó a reconstruir su propio balance entre paredes afectadas, estructuras colapsadas y comunidades de las que no había información suficiente. El alcalde León Fabio Marín Moncada informó inicialmente sobre unas 400 viviendas afectadas y 20 estructuras colapsadas, mientras intentaba establecer lo ocurrido en las zonas rurales. Uno de los puntos de mayor preocupación era el corregimiento de La Italia, donde viven cerca de 3.000 personas y con el que la comunicación era limitada debido a la falta de señal telefónica.
“Hasta el momento estamos haciendo un balance para establecer cuáles son las afectaciones. Pero preliminarmente estamos hablando de unas 400 viviendas afectadas y le puedo decir que ya hay unas 20 estructuras colapsadas”, le aseguró el alcalde León Fabio Marín Moncada a El Tiempo.
Sobre La Italia, el mandatario explicó: “Sabemos que uno de los puntos de mayor afectación es el corregimiento de La Italia que tiene unos 3.000 habitantes, pero no hemos logrado comunicarnos del todo con la población porque no tenemos señal telefónica”.
Al día siguiente, la Gobernación del Chocó, en su reporte de situación con corte al 11 de agosto de 2026 a las 9:50 a. m., contabilizó 14 fallecidos, 138 personas lesionadas, cinco desaparecidas y 2.791 afectaciones materiales. El informe también registró daños en el servicio eléctrico y en las comunicaciones en diferentes zonas del departamento. La Gobernación advirtió que se trataba de un balance preliminar, sujeto a cambios mientras continuaba la verificación en territorio.
La falta de comunicación no apareció con el terremoto. Distintas zonas rurales y apartadas de Chocó, al igual que su capital, Quibdó, han enfrentado durante años problemas de cobertura telefónica, y una alerta emitida en 2025 había advertido sobre la necesidad de ampliar la cobertura digital en la zona. Lo que antes representaba una dificultad cotidiana se convirtió, después del sismo, en una barrera para conocer el estado de las comunidades, solicitar ayuda o coordinar el ingreso de los organismos de socorro.
La carretera que quedó bajo los derrumbes
Mientras se intentaba recuperar la comunicación, el territorio también perdió uno de sus principales puntos de conexión. La única vía terrestre de entrada y salida de San José del Palmar quedó bloqueada por deslizamientos provocados por el terremoto. La carretera comunica al municipio con el Valle del Cauca y ya presentaba dificultades de infraestructura antes de la emergencia. Con el paso cubierto por tierra y rocas, ambulancias, maquinaria, alimentos y equipos de rescate enfrentaron una nueva barrera para entrar o salir.
La personera municipal, Helen Johana Cuero, confirmó además la interrupción de servicios esenciales y las afectaciones en establecimientos educativos rurales.
“No hay fluido eléctrico y el acueducto no sirve. Hay varios colegios afectados en zonas rurales. Estamos tratando de establecer centros de acopio para ayuda humanitaria”, le dijo Helen Johana Cuero a El Tiempo.
La situación también involucró a pacientes evacuados de centros asistenciales. Varias ambulancias requerían apoyo y se solicitó un helicóptero para facilitar su salida ante el cierre de la vía. En ese momento, la carretera dejó de ser únicamente una ruta de transporte y se convirtió en una condición para acceder a salud, alimentos, agua y asistencia.
El problema está relacionado con la geografía del departamento. El Chocó tiene zonas montañosas, selvas y extensos territorios atravesados por ríos, mientras las lluvias provocan con frecuencia deslizamientos e inundaciones. Muchas comunidades dependen del transporte fluvial y otras cuentan con pocas alternativas terrestres. Cuando una carretera queda bloqueada, las opciones para responder a una emergencia disminuyen y el traslado de personas o suministros puede requerir rutas más largas o medios aéreos.
La paradoja de un territorio donde sobra el agua y también falta la luz
El terremoto también volvió a poner en evidencia una de las contradicciones del Chocó: aunque es uno de los territorios más lluviosos del planeta y cuenta con una extensa red de ríos, numerosas comunidades enfrentan dificultades para acceder de manera permanente a agua potable. La abundancia del recurso natural no significa que exista infraestructura suficiente para captarlo, tratarlo, almacenarlo y distribuirlo.
En San José del Palmar, el acueducto dejó de funcionar después del movimiento telúrico. La emergencia se produjo al mismo tiempo que se interrumpió la energía eléctrica y se bloqueó la carretera, lo que complicó todavía más la posibilidad de llevar agua desde otros puntos. La situación mostró que disponer de ríos y lluvias no reemplaza un sistema de abastecimiento capaz de funcionar durante una emergencia.
El corte de energía, además, no se limitó a San José del Palmar. También afectó a otros territorios del departamento, incluida Quibdó, la capital del Chocó, donde los problemas de continuidad del servicio eléctrico ya forman parte de una dificultad previa.
Durante una emergencia, un apagón afecta mucho más que los hogares y comercios: puede comprometer la atención hospitalaria, las comunicaciones, los sistemas de bombeo y la conservación de medicamentos. En el epicentro, la falta de energía coincidió con el daño del acueducto y la interrupción de las comunicaciones; en la capital, debía mantenerse operativa una infraestructura que también recibiría parte de la presión generada por la emergencia.
El terremoto también llegó al Bajo San Juan
La emergencia también afectó a comunidades indígenas del Pacífico, entre ellas el Resguardo Indígena Chachajo, perteneciente al pueblo wounaan y ubicado en la cuenca baja del río San Juan, entre el Litoral del San Juan, en Chocó, y Buenaventura, en el Valle del Cauca. Después del terremoto se difundieron imágenes que mostraban afectaciones en la comunidad, aunque el alcance de los daños aún debía ser establecido mediante una evaluación oficial.
La ubicación de Chachajo representa otra dificultad para atender la emergencia. El Bajo San Juan es un territorio predominantemente rural y depende en gran medida del transporte fluvial. Según la Organización Internacional para las Migraciones, el acceso a Chachajo desde Buenaventura se realiza por río, por lo que verificar los daños requiere llegar directamente hasta la comunidad.
La población wounaan de esta zona también ha enfrentado situaciones relacionadas con el conflicto armado, desplazamientos y dificultades para el retorno, según antecedentes documentados por el Consejo de Estado. El terremoto volvió a poner esas condiciones en evidencia y mostró que la emergencia también llegó a comunidades donde el acceso y la entrega de asistencia dependen de las rutas fluviales y de las condiciones del territorio.
La salud de Quibdó: el problema que ya estaba en la capital
Si en San José del Palmar la dificultad inmediata fue cómo sacar a un herido de un municipio aislado, en Quibdó, la capital departamental, el interrogante es otro: qué capacidad tiene el principal sistema hospitalario del departamento para recibir a quienes necesitan atención.
El Hospital Departamental San Francisco de Asís, uno de los principales referentes de atención en el Chocó, arrastra problemas de infraestructura, intervenciones estatales y dificultades administrativas que han limitado su capacidad para ofrecer servicios de mediana complejidad. A ello se han sumado episodios de desabastecimiento, dificultades laborales y situaciones en las que pacientes y familiares han tenido que asumir la adquisición de algunos insumos necesarios para su atención.
Esta situación adquiere otra dimensión durante una emergencia sísmica. Los pacientes con traumas complejos que no pueden ser atendidos en municipios pequeños deben ser remitidos a Quibdó o, cuando la complejidad del caso supera la capacidad disponible, trasladados fuera del departamento. El sistema funciona entonces como una cadena en la que cada eslabón depende del siguiente: una ambulancia necesita una vía disponible, el paciente necesita ser estabilizado, el hospital receptor requiere capacidad y, en los casos más graves, debe existir una ruta aérea o terrestre hacia ciudades con servicios especializados.
La crisis sanitaria de Quibdó no comenzó con el terremoto. Pero el sismo encontró una red de salud que ya tenía limitaciones y aumentó la presión sobre ella. Los daños en centros asistenciales, la evacuación de pacientes y la llegada de nuevos heridos obligaron a buscar alternativas fuera del departamento. El Gobierno Nacional anunció que los casos de mayor gravedad serían trasladados a Medellín, precisamente para garantizar atención especializada y descongestionar los servicios disponibles en el Chocó.
Así, el problema sanitario tiene dos extremos: en los municipios apartados está la dificultad para llegar hasta un centro médico; en Quibdó está la capacidad limitada para atender todos los casos que llegan. Entre ambos puntos se encuentra una población que necesita recorrer largas distancias para acceder a una atención que en otros territorios puede estar disponible a pocos kilómetros.
Pobreza y un territorio acostumbrado al aislamiento
El Chocó se encuentra entre los departamentos con mayores niveles de pobreza monetaria y necesidades básicas insatisfechas del país. Esa realidad influye directamente en la capacidad de las familias para enfrentar un desastre. Quienes tienen menos recursos cuentan con menos posibilidades para pagar un alojamiento temporal, comprar agua, trasladarse a otra ciudad o reparar por sus propios medios una vivienda afectada.
A las condiciones económicas se suman las dificultades de movilidad y el conflicto armado. Comunidades indígenas y afrodescendientes han enfrentado desplazamientos, confinamientos y restricciones a la movilidad en diferentes sectores del departamento. Cuando una emergencia natural ocurre en estos territorios, los obstáculos se acumulan: una carretera puede quedar bloqueada por un derrumbe, una comunidad puede depender de una ruta fluvial y la señal telefónica puede ser inexistente.
El departamento también está acostumbrado a enfrentar lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos. Los ríos son vías fundamentales de transporte y comunicación, pero sus crecientes pueden aislar comunidades. A esto se agregan los impactos ambientales asociados a actividades como la minería ilegal e informal, que han transformado determinados territorios y fuentes hídricas.
Son condiciones que no pueden separarse unas de otras. La pobreza limita las alternativas de una familia; la falta de vías dificulta su desplazamiento; la baja conectividad impide pedir ayuda con rapidez; la capacidad hospitalaria obliga a realizar remisiones y la geografía hace que cada traslado dependa de carreteras, ríos o aeronaves. El terremoto encontró todos esos factores en el mismo territorio.
La primera gran prueba del nuevo Gobierno
El terremoto ocurrió apenas tres días después de que Abelardo de la Espriella asumiera la presidencia de la República. El mandatario tuvo que trasladarse desde Barranquilla hacia Bogotá para coordinar la respuesta nacional y acelerar el proceso de posesión del director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), previsto para ese mismo día.
Una de las primeras medidas fue instalar un Puesto de Mando Unificado para coordinar las acciones de las entidades encargadas de atender la emergencia.
“He asumido directamente el liderazgo de la atención por la emergencia en San José del Palmar. He ordenado la instalación de un Puesto de Mando Unificado para coordinar la atención de los daños y de los damnificados”, expresó el mandatario.
Después de la reunión en Bogotá, De la Espriella viajó al Chocó acompañado por los ministros de Defensa, Vivienda y Salud. El Gobierno anunció el despliegue de personal militar y policial, ingenieros, rescatistas y caninos especializados para apoyar las labores de búsqueda y rescate. “Lo primero es que salgamos de este problema”, añadió el presidente.
En materia de salud, se anunció el traslado a Medellín de los pacientes que necesitaran atención especializada. Para las familias cuyas viviendas no pudieran ser habitadas, el Gobierno anunció subsidios de arrendamiento mientras avanzan las reparaciones. Posteriormente, el presidente viajó a Cali, donde se reunió con la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, y el alcalde Alejandro Eder, para coordinar la atención en ese departamento.
El desastre detrás del desastre
En una emergencia sísmica, la intensidad del movimiento determina parte de los daños, pero las condiciones del territorio determinan qué tan rápido puede responder una comunidad. En el Chocó, el terremoto encontró municipios con pocas vías terrestres, comunidades que dependen de los ríos, problemas de conectividad, dificultades de acceso al agua potable, interrupciones de energía y una red sanitaria con limitaciones.
En San José del Palmar, los derrumbes cerraron la carretera y el acueducto dejó de funcionar. La falta de señal dificultó establecer contacto con comunidades rurales. En el Bajo San Juan, verificar los daños en Chachajo requiere desplazarse por río. En Quibdó, mientras tanto, el sistema hospitalario debía responder a una emergencia sobre una infraestructura sanitaria que ya enfrentaba dificultades.
Por eso, la dimensión del terremoto no está solamente en las paredes que se agrietaron o en las estructuras que colapsaron. También está en los caminos que no permiten llegar, en las llamadas que no entran, en el agua que deja de salir del acueducto y en los pacientes que necesitan recorrer largas distancias para acceder a una atención especializada.
El terremoto duró segundos. Las condiciones que han hecho más difícil enfrentarlo llevan mucho más tiempo allí.
Lo que queda cuando terminen las réplicas
La prioridad inmediata es encontrar a quienes permanecen bajo los escombros, atender a los heridos, recuperar cuerpos, despejar las carreteras y garantizar agua, energía, alimentos y alojamiento para las familias afectadas. Pero cuando termine la fase de rescate, comenzará una tarea más prolongada: reconstruir.
Para el Chocó, reconstruir no significará solamente reparar las viviendas afectadas. También implicará recuperar las vías, restablecer los sistemas de acueducto y energía, fortalecer las comunicaciones, atender las escuelas dañadas, verificar las condiciones de las comunidades indígenas afectadas y aumentar la capacidad de una red sanitaria que ya enfrentaba dificultades.
Son problemas que existían antes del terremoto y que seguirán allí cuando terminen las réplicas.
San José del Palmar quedó en el centro del mapa nacional porque el movimiento telúrico comenzó bajo su territorio. Pero la emergencia también alcanzó comunidades indígenas, municipios rurales y la capital departamental. El sismo recorrió un territorio que ya estaba marcado por la pobreza, el aislamiento, las dificultades de movilidad, las deficiencias en servicios básicos, las limitaciones sanitarias y los efectos del conflicto armado.
La tierra se movió durante segundos; lo que quedó expuesto llevaba años acumulándose. Y cuando las carreteras vuelvan a abrirse, los servicios comiencen a restablecerse y la búsqueda de víctimas termine, el desafío del Chocó no habrá desaparecido con las réplicas. Quedará la tarea de reconstruir lo que el terremoto destruyó y, al mismo tiempo, atender las fracturas que ya existían antes de que la tierra comenzara a moverse.
Porque el Chocó no necesita que el país lo recuerde solo cuando tiembla. Necesita que, después de esta tragedia, la reconstrucción también signifique abrir caminos, garantizar servicios, fortalecer la salud y devolverles a sus comunidades las condiciones para permanecer y vivir con dignidad. Cuando pase el miedo y la tierra deje de moverse, quedará una oportunidad: que esta vez el desastre no sea el final de otra historia de abandono, sino el comienzo de una respuesta que permita al Chocó reconstruirse y mirar hacia delante.
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Bloque de preguntas y respuestas:
- ¿Cuántas personas murieron y resultaron heridas en el Chocó por el terremoto?
- Según el balance preliminar de la Gobernación del Chocó, con corte al
11 de agosto de 2026 a las 9:50 a. m., había
14 fallecidos, 138 lesionados y cinco personas desaparecidas. La cifra puede cambiar mientras continúan las labores de búsqueda y verificación.
- ¿Cuántas viviendas resultaron afectadas en San José del Palmar?
- El alcalde
León Fabio Marín Moncada reportó inicialmente unas
400 viviendas afectadas y 20 estructuras colapsadas en San José del Palmar. El balance estaba sujeto a verificación en las zonas rurales.
- ¿Qué pasó con la carretera de San José del Palmar después del terremoto?
- La
única vía terrestre de entrada y salida del municipio quedó bloqueada por deslizamientos. El cierre dificultó el traslado de pacientes, el ingreso de equipos de rescate y la llegada de alimentos y ayuda humanitaria.
- ¿Por qué fue tan difícil comunicarse con las comunidades afectadas del Chocó?
- La emergencia coincidió con
problemas de cobertura telefónica y comunicaciones que ya afectaban algunas zonas rurales. La falta de señal dificultó conocer rápidamente la situación de comunidades como La Italia.