Parece que a nadie parece importarle lo que queda del Congreso actual que legisla hasta el próximo 20 de julio. Sin embargo, para el senador Andrés Guerra del Centro Democrático es vital que se discuta en plenaria un tema sobre el cual lleva insistiendo hace tres años: los pactos de los criminales con el Gobierno.
En esta entrevista con EL COLOMBIANO, el congresista uribista profundiza su denuncia y también habla de las elecciones presidenciales.
¿Qué es el debate de los “poderes mafiosos locales” que no le han dejado hacer en el Congreso?
“Llevamos tres años solicitando el debate de los poderes mafiosos locales. Y trataré hasta el último día de este Senado para que la mesa directiva lo agende y podamos tener la posibilidad de que Colombia conozca cómo ha mutado el nuevo paramilitarismo desde el 2004 para acá”.
Explique esa idea, senador...
“No podemos olvidar que Gustavo Petro, en el 2004, cuando era representante a la Cámara, se volvió célebre cuando le dijo al país que teníamos un conflicto entre el Estado y tres escenarios de los poderes mafiosos locales. Definió así a los ejércitos privados y economías emergentes ilegales. Lo que planteo es que no nos podemos quedar congelados en el tiempo y ese mismo Gustavo Petro, que hizo desde ese momento un relato, que se puede decir que lo llevó hasta la Presidencia. Tenemos que contarle a Colombia qué ha pasado en estos últimos 22 años.
¿Por qué el Congreso no me deja hacer el debate? Ante el inmenso respeto que tengo, debo decir que hay unos sectores políticos muy cercanos a Petro que no le no les interesa que se lleve a cabo el debate en la actualidad sobre los poderes mafiosos locales. Llevamos tres años recogiendo información, cuando uno cruza los mapas de calor, la información del Consejo Nacional Electoral, de la Registraduría, la información de los 31 billones de pesos que que el gobierno Petro le está entregando a las juntas de acción comunal y a los territorios, uno se sorprende que prácticamente todo encuadra en los corredores, en las regiones y en las zonas donde esos ejércitos hoy privados, llámese Clan del Golfo, ELN y las FARC, porque ya no son disidencias, son las FARC 2.0, eso cuadra perfectamente.
Estamos ante la evidencia, como lo he dicho, que Gustavo Petro se eligió en el 2022 con el apoyo de los poderes mafiosos locales, sin ningún tipo de barniz político, que es una de las cosas que han mutado en el conflicto en este país. Hace 22 años, se marcaba que el paramilitarismo era de la derecha y que las guerrillas eran de la izquierda. Hoy no existe ese mapa, ese barniz político se acabó”.
¿Qué pruebas tiene de lo que dice?
“Un ejemplo muy claro es lo que está pasando y los resultados del 8 de marzo en regiones como el nordeste antioqueño y el bajo Cauca. En el nordeste, usted va y mira números, cifras, y se encuentra que Remedios, que municipios hoy con mayor alteración de oro ilegal y con más de 125 minas ilegales, gana el Pacto Histórico. Y usted va y mira a un municipio ya en el Bajo Cauca como Caucasia, donde acaban de levantar un paro de minería ilegal y gana el Pacto Histórico. Y va para al lado de Tarazá, Cáceres, y se va hasta Puerto Valdivia, y se encuentra que ese es el corredor que hoy tiene mayor producción de coca de Antioquia, y que hace cuatro años, cuando Gustavo Petro llegó, había 5.000 hectáreas de coca, pero hoy estamos llegando, por información de la gobernación de Antioquia, a 20.000 hectáreas de coca. En esos municipios, fue primero o segundo el Pacto. Pero va más allá. Con ese mapa que le estoy diciendo, nos damos cuenta que prácticamente todos los corredores que están trazados con mapas de calor de la ilegalidad, el Pacto Histórico tiene una votación por encima del 80%”.
Pero más allá de la presencia criminal en esos municipios, ¿cómo coaccionan a la gente para que vote por quienes ellos quieren?
“También hay una relación económica y de recursos, hay efectivo, hay una calidad de vida que se está superando, pero no es sobre economías legales, sino ilegales. Hay que decirlo con mucho dolor. En muchas municipalidades, las comunidades aceptan el juego y el trueque que le plantea un gobierno como el de Gustavo Petro con la ilegalidad. Usted va a municipios como El Bagre, como Caucasia, encuentra altos niveles de fluidez en cash, en lo económico. Y uno le pregunta a personas que viven en esos municipios y le cuentan que es impresionante hoy cómo se está moviendo, por ejemplo, el recurso del oro, de la minería ilegal; cómo las maquinarias ya dejaron de ser grandes, que llamábamos maquinaria amarilla, para ser unas maquinarias pequeñas, traídas de Brasil, y que sobre eso se está concentrando; como Petro los ha dejado trabajar, pues acompañan a Petro. Entonces, cuando usted ve esa relación, usted dice, se acabó el barniz político de esa confrontación de la izquierda y la derecha, eso no existe.
Petro, el Pacto Histórico y la izquierda de este país nos quieren dejar congelados en los tiempos del 2002 al 2010, porque a ellos no les conviene que alguien le cuente a Colombia cómo evoluciona, cómo ha evolucionado, cómo ha mutado esa ilegalidad en el país y hoy a quién están acompañando políticamente para mantenerse en el poder”.
¿A quién?
“Lógicamente a Cepeda. Usted sobrepone el mapa del 2022 a la elección del ocho de marzo del 2026, y se sorprende, se estremece, porque es impresionante cómo encuadra ese relacionamiento de los mapas de corredores de la ilegalidad, la exactitud al sobreponer estos mapas. Entonces, está avanzando un nuevo paramilitarismo en Colombia, está avanzando un relacionamiento entre el ELN y las FARC, y el Clan del Golfo.
La confrontación de ellos hoy no es ideológica, la confrontación es por territorios. Esos territorios, mientras entre ellos no se toquen, no hay conflicto, pero cuando ellos mismos desbordan su escenario, pues ahí es donde se enfrentan por los poderes. Y Gustavo Petro denominó la paz total, la paz urbana, ambas un fracaso total, pero él sabía que tenía que generar ese componente para prácticamente decirle a toda la ilegalidad del país: ‘trabajen, llénese de plata, ayúdenme en esas acciones, y sigamos gobernando este país los próximos cuatro años, ya no conmigo, sino con el señor Cepeda”.
Le cambio de tema. ¿Por qué no repitió Senado y se convirtió en la cabeza de lista a la Cámara por Antioquia?
“En diciembre, el presidente Uribe y el partido me pidieron, después de una precandidatura presidencial de 14 meses, que encabezara la lista a la Cámara. Me sorprendió, claro, pero tenía que ir a cumplir una necesidad, que fue la palabra básica del presidente Uribe. Creo que el objetivo se cumplió, hoy tenemos siete curules, gracias al partido, y que todos logramos jalonar el proceso en Antioquia, empezando por el presidente Uribe”.
¿Es cierto que va a renunciar para lanzarse a la Gobernación de Antioquia?
“Creo que a los antioqueños no les gusta que uno renuncie a los procesos, entonces estaré cuatro años en la Cámara. Pero siempre he dicho que iba a estar un período en el Senado y uno en Cámara y trataré de buscar la gobernación de Antioquia en octubre del 2031”.
Finalmente, ¿qué tanto cree que está la base uribista con Paloma Valencia y no con Abelardo de la Espriella?
“Le hablo como exdirector del partido en Antioquia, conozco muy bien el escenario electoral. Y desde diciembre, cuando terminé el proceso, siempre dije que Paloma iba a ser una candidata brutal a partir del 8 de marzo. Y la llegada a la consulta le daba otro barniz político a Paloma, que lo necesitaba. Yo soy nombre de centro derecha. Decir eso al interior del Centro Democrático cuesta en algunas ocasiones, pero me he mantenido ahí. La llegada de Oviedo le da el centro derecha a Paloma que era muy necesario. Yo creo que el partido ahorita no va a una primera vuelta, vamos es a una consulta con Abelardo. Cepeda estará en segunda vuelta, es claro. Entonces, aspiramos a ganar en esa consulta de lo que se denomina la primera vuelta, y que, lógicamente, no abramos heridas, que mañana no se puedan cerrar, para que Paloma y Abelardo lleguen unidos a la segunda y definitiva vuelta presidencial”.
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