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Comer, rezar y pecar menos: las tradiciones culinarias que marcan la Semana Santa

¿Por qué en Semana Santa se come pescado y abundan los dulces? En Colombia, y especialmente en Antioquia, la gastronomía de esta época responde a una tradición religiosa, cultural e histórica que ha sobrevivido por generaciones.

  • Comer, rezar y pecar menos: las tradiciones culinarias que marcan la Semana Santa
hace 3 horas
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En muchas casas colombianas, la Semana Santa no solo se siente por las procesiones, los silencios y la visita a iglesias llenas. También se siente en la mesa. Cambian los platos, se limitan ciertos alimentos, aparecen los pescados, las aromáticas y, casi siempre, una fila de dulces que parecen anunciar que el calendario también se puede leer con el paladar.

Para el antropólogo culinario Luis Vidal, la explicación va mucho más allá de la fe: “La comida marca el tiempo”.

Semana Santa en iglesias del centro Veracruz y Candelaria. FOTO: Archivo EL COLOMBIANO Hernán Vanegas
Semana Santa en iglesias del centro Veracruz y Candelaria. FOTO: Archivo EL COLOMBIANO Hernán Vanegas

La frase resume una práctica que, aunque hoy puede parecer simplemente tradicional, ha sido durante siglos una forma de vivir el calendario religioso a través de la alimentación. La Semana Santa, dentro del cristianismo, conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, y durante esos días el recogimiento también se expresa en lo que se come —y en lo que se evita—.

Una cocina moderada

En términos generales, la tradición católica ha promovido durante la Cuaresma y especialmente en los días santos la abstinencia de carne roja y, en algunos casos, la moderación en la cantidad de comida. La lógica no era solo alimentaria, sino espiritual: comer distinto para vivir distinto esos días.

Desde la alimentación se trata de acercarnos un poco a la espiritualidad”, explicó Vidal. Por eso, en muchas familias la idea era clara: “Rezar mucho, comer poco y pecar menos”.

Más que una mesa abundante, la Semana Santa proponía una culinaria frugal, sencilla y contenida. De ahí que durante años las familias reemplazaran la carne de res o cerdo por pescado, huevos, sopas livianas, panes, maíz y preparaciones menos ostentosas.

¿Qué historia existe entre el pescado y la Semana Santa en Antioquia?

El pescado terminó ocupando un lugar central en la mesa de Semana Santa no solo por una norma religiosa, sino también por disponibilidad, costumbre y territorio.

En Antioquia, contó el antropólogo Vidal, históricamente hubo un consumo importante de pescados salados que llegaban desde otras zonas del país, como Urabá. También se popularizaron preparaciones más prácticas y accesibles, como la sardina o el pescado frito, especialmente en hogares donde no existía una tradición fuerte de cocina marina.

El pescado es la comida predilecta por esto días santos. FOTO: Manuel Saldarriaga
El pescado es la comida predilecta por esto días santos. FOTO: Manuel Saldarriaga

Aquí el pescado se consume sobre todo frito o enlatado”, señaló. Y hace una precisión importante: contrario a lo que ocurre en zonas costeras, en Antioquia no ha sido tan común que el sancocho de Semana Santa sea de pescado.

Eso revela algo clave: la comida de Semana Santa en el país no es igual en todas partes. Aunque la base religiosa es compartida, cada región la adapta según sus ingredientes, su geografía y su historia.

También se come maíz

Si en la costa el azúcar y la conserva tienen una presencia poderosa, en Antioquia la cocina de Semana Santa dialoga más con el maíz, las arepas, las preparaciones sobrias y las bebidas calientes.

Vidal explicó que en la Antioquia montañera la fuerza del cristianismo marcó profundamente las costumbres culinarias. Sin embargo, también hay variaciones internas. No es igual la mesa del Valle de Aburrá que la del Suroeste o el Norte del departamento.

En el Suroeste antioqueño, por ejemplo, el maíz tiene una presencia terrible”, dijo el antropólogo, aludiendo a su fuerza cultural y alimentaria. Eso se traduce en arepas de distintos tipos, masas, panes de maíz y recetas ligadas a la cosecha y a la tradición campesina

“Recordemos que aquí el trigo, aunque llega con los conquistadores, no tiene tanta aceptación de entrada. Entonces vamos a seguir haciendo panes de maíz”, explica.

Es decir, incluso en una celebración global del cristianismo, la identidad local nunca desaparece: la fe se adapta a lo que se siembra, se cosecha y se cocina en cada territorio.

Los dulces como una forma de conservar los alimentos

Uno de los rasgos más llamativos de la Semana Santa colombiana, especialmente en la región Caribe, es la aparición masiva de dulces caseros. Dulce de coco, papaya, mango, tamarindo, ñame, corozo, mongo mongo y otras preparaciones se convierten por estos días en una marca de temporada.

Pero, según Luis Vidal, su origen no está simplemente en la idea de “comer algo rico” durante una fecha especial.

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El dulce no se relaciona con la alegría, como mucha gente cree. Sino como una forma de comer a futuro. Es una forma de conservar los alimentos”, afirmó.

Ahí aparece una de las claves más interesantes de esta tradición: la conserva como técnica de supervivencia y memoria. Antes de la refrigeración moderna, convertir frutas, semillas o tubérculos en dulce era una manera de prolongar su vida útil y asegurar alimento para más tiempo.

Este motivo explica preparaciones laboriosas como el dulce de orejero, una semilla típica que es transformada en una jalea con sabor a panela, clavos y canela; acompañada regularmente con galletas saladas.

Por eso, la Semana Santa también se volvió un momento ideal para preparar productos que podían durar días. En otras palabras: los dulces no eran solo símbolo, también eran estrategia doméstica.

Una herencia entre la caña de azúcar, el mundo árabe, africano y el Caribe

El antropólogo Luis Vidal también recordó que esta tradición tiene cruces culturales más amplios. La cocina de Semana Santa en Colombia no nació aislada: viene de una mezcla entre el cristianismo europeo, los ingredientes americanos y técnicas de conservación heredadas de otros mundos.

Conozca: Todo cambia, menos el amor por el sabor de la casa

“Eso obedece también al encuentro con el mundo árabe, con una forma de preservar alimentos dulces”, dijo.

Esa huella se siente con más fuerza en el Caribe, donde —según el antropólogo— se nota más la hibridación africana, la cultura de la caña de azúcar y la costumbre de “hacer dulce de cualquier cosa”.

Y no exagera. Desde frutas hasta semillas y pastas, la creatividad popular convirtió la conserva en una forma de identidad regional. “Yo conozco inclusive dulce de fideos”, contó entre risas.

Entre religión, tradición y costumbres heredadas

Aunque hoy muchas personas viven la Semana Santa desde la tradición familiar más que desde la práctica estrictamente religiosa, la comida sigue siendo uno de sus lenguajes más persistentes.

Todavía hay hogares donde el Viernes Santo no se cocina carne roja, donde se compra pescado “porque así lo hacían los abuelos”, donde se sirven aromáticas en la tarde o donde los dulces caseros aparecen como una especie de tradición familiar

En Antioquia, por ejemplo, Vidal destacó que una costumbre que no se ha perdido del todo es la de las aromáticas y los tés, especialmente en pueblos del norte del departamento, como Yarumal, Santa Rosa de Osos o San José de la Montaña.

Esas pequeñas permanencias muestran que la cocina no solo alimenta: también recuerda, ordena el tiempo y conserva la identidad.

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