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Conozca la pintura del paisa Federico Fernández Gärtner que se prepara para el Salón Nacional de Pintura en Bogotá

Este artista plástico de Medellín ha expuesto su obra en espacios como el Museo Europeo de Arte Moderno de Barcelona y la National Portrait Gallery de Londres. Estará en el próximo Salón Nacional de Pintura, que tendrá lugar en Elvira Moreno Galería en Bogotá, del sábado 24 de enero al sábado 14 de febrero del 2026.

  • Federico Fernández Gärtner en su taller, espacio de trabajo y formación donde desarrolla su obra y desde el que también dicta clases de pintura (más información en @fedefergartner). FOTO Julio Herrera
    Federico Fernández Gärtner en su taller, espacio de trabajo y formación donde desarrolla su obra y desde el que también dicta clases de pintura (más información en @fedefergartner). FOTO Julio Herrera
hace 33 minutos
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La presencia de Federico Fernández Gärtner en el Salón Nacional de Pintura no responde a una irrupción tardía ni a una validación repentina. Se trata del resultado de una práctica sostenida, construida desde el dibujo, la observación y una relación insistente con lo cotidiano, que hoy lo sitúa en uno de los escenarios de circulación más visibles del arte contemporáneo en Colombia.

Nacido en Medellín, Fernández Gärtner llegó a la pintura desde el diseño gráfico, un territorio que le entregó herramientas técnicas y, al mismo tiempo, una incomodidad temprana. La ilustración fue el primer espacio de fuga: allí aparecieron el acrílico, el óleo, la acuarela y un interés persistente por el dibujo como estructura. “Siempre estaba esa búsqueda, tratar de lograr lo que yo percibía con mis ojos”, cuenta en una conversación con EL COLOMBIANO.

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Con el paso del tiempo, esa distancia frente a la lógica funcional del diseño se volvió más clara y el trabajo personal empezó a operar en otra frecuencia, más abierta al riesgo y a la incertidumbre. “En el arte empecé a encontrar esa sorpresa; en el diseño, desde que empezaba ya sabía a dónde iba”, señala. Esa diferencia marcó un desplazamiento definitivo hacia una práctica donde el proceso importa tanto como el resultado y donde la obra funciona como puente con el espectador.

En medio de eso, el realismo se convirtió en su propio campo de experimentación, donde la fotografía –producida por él mismo– opera como punto de partida y no como destino. Desde allí, la pintura introduce quiebres, superposiciones y zonas de ambigüedad que desarman la lectura inmediata. Federico reconoce influencias diversas, desde la observación minuciosa de maestros históricos hasta el diálogo con artistas contemporáneos que lo han llevado a repensar la relación entre abstracción y figuración.

Durante su formación de maestría en artes visuales, la exploración técnica se amplió hacia una reflexión sobre las narrativas que organizan la vida social. Apareció con fuerza la pregunta por aquello que queda fuera del relato dominante: habitantes de calle, cuerpos desplazados, escenas que existen en la ciudad sin ser nombradas. Por eso, sitúa su obra en un punto intermedio, lejos de los extremos ideológicos, atento a los imaginarios que se construyen desde la omisión.

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Ese interés encontró en Medellín un campo de observación directo. Aunque nació allí, Federico proviene de una familia que no es paisa, una condición que le permitió experimentar la pertenencia desde un lugar inestable, y que se filtró en su trabajo como un interrogante constante por quién tiene derecho a narrar una ciudad y bajo qué códigos. En ese sentido, la figura del habitante de calle, ausente del discurso oficial, apareció como síntoma de esa tensión.

Las primeras series centradas en escenas domésticas y familiares marcaron un momento clave de reconocimiento. Imágenes de su padre o de su hermano, captadas en situaciones de reposo, construyeron una iconografía íntima que encontró resonancia fuera del país. Una de esas obras forma parte hoy de la colección del Museo Europeo de Arte Moderno, en Barcelona, confirmando que lo cotidiano puede operar como lenguaje compartido más allá del contexto de origen.

Con el tiempo, una nueva línea de investigación apareció a partir de planos de ingeniería pertenecientes a su padre. Sobre ese soporte, Federico pintó malezas anónimas que crecen entre muros y grietas urbanas, articulando una reflexión sobre la persistencia y la regeneración en entornos intervenidos.

La circulación internacional ha sido constante. Su obra ha pasado por galerías en España, Alemania y Londres, además de exposiciones colectivas en ciudades como Beirut, Los Ángeles, Sudáfrica e Indonesia, en proyectos colaborativos que involucraron artistas de distintos países. En Colombia, ha expuesto en Bogotá y Medellín en espacios institucionales, galerías independientes y formatos temporales, combinando pintura, dibujo e ilustración.

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Ese recorrido no ha estado exento de fricciones. Federico ha cuestionado las expectativas que aún pesan sobre el arte latinoamericano en circuitos internacionales, donde persisten lecturas reduccionistas asociadas a lo indígena o a la pobreza estética. “Si no hago algo primitivo o indigenista, entonces ya no soy latinoamericano”, afirma, aludiendo a una experiencia recurrente en su diálogo con curadores y galerías.

También ha enfrentado debates locales sobre la vigencia del realismo dentro del arte contemporáneo. Durante años, su trabajo fue leído como anacrónico en ciertos circuitos. Con el tiempo, esa percepción ha empezado a desplazarse, a medida que nuevos pintores realistas ganan visibilidad y amplían el campo de discusión. No obstante, para él, “la contemporaneidad no se define por el tema ni por la técnica, se define por la capacidad de generar dudas desde el presente”.

La participación en el Salón Nacional de Pintura se inscribe en un momento de consolidación y revisión de su trabajo, mientras su taller continúa operando como eje central de su práctica. Desde ese espacio activo en Medellín, concebido para la producción y el intercambio, comparte procesos, dicta clases y sostiene una forma de trabajo que entiende el arte como una construcción colectiva y no como un ejercicio aislado.

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