La exposición Pasajero, de Federico Londoño González, comienza con unos retratos en grabado de Paul Gauguin y cierra con un fragmento del poema más famoso de John Donne, el que dice “ningún hombre es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente”. La escogencia no es gratuita: Gauguin es el artista que mejor encarnó los viajes por fuera de las fronteras del mundo occidental mientras el trozo de Donne le recuerda al lector que, a pesar de las diferencias sociales y las distancias geográficas, la humanidad está unida por la búsqueda de la belleza y del amor y el temor del dolor y el placer. De alguna forma, el viaje y la comunión humana son el hilo conductor de esta exposición de 64 obras -pinturas y grabados- que estará abierta al público entre el 28 de marzo y el 27 de abril en el Museo El Castillo.
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Federico Londoño González fue profesor titular en la Escuela de Artes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín. A mediados de los setenta estudió en la Academia de Bellas Artes de Florencia (Italia), ciudad en la que conoció a una japonesa, protagonista de varias páginas de las libretas de viajes que están expuestas en la mitad de uno de los salones de El Castillo. Londoño tiene una maestría en Estética en la Universidad Nacional de Colombia y su obra ha sido expuesta en varios museos y colecciones privadas tanto en Colombia como fuera de las fronteras nacionales.
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En Pasajero, luego de los retratos de Gauguin, el visitante verá los rostros de algunos de los emblemas de la cultura afro mundial, entre ellos los de Nelson Mandela, Haile Selassie, Harry Belafonte y Bob Marley. También están los rostros de las mujeres con las que Federico estudió inglés hace ya varios años. Sin embargo, el esplendor de la exposición adquiere toda su dimensión en los paisajes, cuadros sobre los bosques de nieve y las floras de los distintos lugares que el pintor ha visitado. Entre todos estos se destacan, por un lado, el cuadro con un paisaje urbano de Florencia, pintado antes de que el autor fuera a esa meca del arte occidental, y por el otro, la colección de fachadas de las casas de las islas del Caribe, en los que el follaje de la naturaleza no se puede desprender de la arquitectura de las edificaciones.
Además de los viajes, el arte de Federico Londoño González se ha nutrido de los trazos de otros artistas, entre ellos -dice él- William Kentridge, Rembrandt y Hugo Pratt.