El técnico antioqueño Carlos Paniagua, ganador de medallas de plata y bronce en Mundiales con las selecciones Sub-17 y Sub-20 de Colombia, habló con este diario sobre el progreso que ha tenido el fútbol femenino y que, a nivel internacional, ya es reconocido y respetado.
El bronce que ganaron en Polonia engrandece la historia del fútbol colombiano. ¿Merecían un gran recibimiento?
“Cuando regresamos de la India en 2022 nos hicieron un evento en el Movistar Arena y las jugadoras, las familias y todos estábamos muy agradecidos. Ahora no pasó así, pero igual seguimos sintiendo mucho amor por lo que hacemos y por dejar en alto el nombre del país”.
Usted es el técnico nacional que más lejos ha llegado en los torneos de la FIFA. ¿Qué significan las medallas alcanzadas?
“Primero que todo, un orgullo muy grande. En el 2021, cuando me volvieron a llamar a la Federación Colombiana de Fútbol, sabía que era por el trabajo en el balompié femenino, ya que había hecho buenas campañas con el Independiente Medellín. Pero no sabía que me iban a dar la responsabilidad de dos selecciones. Era un reto bastante grande. Ahora, ver que después de este tiempo logramos llevar a ambas selecciones al podio de campeonatos mundiales es algo que uno casi no dimensiona, pero es muy gratificante saber que se ha hecho historia y que venimos trabajando con mucha seriedad. Agradecidos también porque, después de lo que logramos en la India, tenemos más apoyo. Cuando fuimos allá, llegamos apenas tres días antes del debut. Ahora tuvimos más días para la adaptación, el cambio de horario y la recuperación del viaje”.
¿Cuándo llegará el oro?
“Esta medalla de bronce de la Sub-20 es como si fuera la de oro. En estos días me llamaron de EE. UU. y me dijeron: Profe, saque a España, Italia y Corea; usted es el campeón del resto del mundo, así que magnifique lo que ha hecho”.
“Quedar en la historia del fútbol como ganador de plata y bronce es un orgullo, porque soy el único en la historia del país con estas dos medallas mundiales y con una final disputada. Esto se lo debo a las jugadoras, que son unas berracas, que se esfuerzan por sacar adelante a sus familias, por dejar en alto el nombre del país. Seguro vamos a seguir luchando por lograr la de oro”.
¿Qué anécdota tiene de esa primera convocatoria en 2021 que lo haya marcado?
“Muchísimos sacrificios. Ver llegar a las jugadoras a la primera convocatoria Sub-17 en 2021 con esa humildad. Cuando estábamos en la primera oración en la sede deportiva, las analicé y vi que tenían guayos rotos, amarrados con esparadrapo. Inmediatamente empezamos a movernos con Adidas para que nos ayudara a darles un buen calzado, porque en los ojos se les veía la ilusión, el hambre de salir adelante y ese amor por la camiseta para darlo todo en el campo”.
¿Y cómo ve el proceso con ellas, las que empezaron en 2021?
“Hoy veo a jugadoras como Luisa Agudelo, Ana María ‘La Mona’ Guzmán o Mary José Álvarez, que ya están pisando la Selección Mayores, además de Linda Caicedo, Gabriela Rodríguez, Karla Torres o Sintia Cabezas. La alegría y el orgullo son enormes al ver que muchas ya están en el exterior con proyectos de vida hermosos. Trabajamos para sacar el país adelante, para competir en la selección absoluta y para mejorar las vidas de estas muchachas. Muchas pasaron de tener grandes necesidades a comprarles casas a sus familias. El año pasado, Luisa Agudelo me llamó y me dijo: Profe, mire lo que nos ha inculcado: primero la casa que el carro. Afortunadamente han crecido mucho, tanto en lo deportivo como en lo personal”.
Norberto Peluffo nos dijo que para él, esta selección era técnicamente menos dotada de las que ha tenido Colombia, pero más fuerte mentalmente...
“Es correcto. Cuando ganamos la medalla en la India teníamos a Linda Caicedo, que está catalogada como una de las mejores jugadoras del mundo. Con ella hicimos un buen Mundial en Costa Rica y luego la tuvimos en el Mundial Sub-20 de Colombia, donde llegamos hasta cuartos de final. Pero para este Mundial no estuvo Linda, ni tuvimos a Karla Torres —jugadora del París SG que no se alcanzó a recuperar—. Teníamos un equipo de obreras, con hambre, resiliente. ¡Qué muchachas tan berracas! Desde que empezó el torneo mostraron carácter. Debutando contra Costa Rica, a los cinco minutos íbamos perdiendo con un gol atípico y hubo que remontar. Luego vino lo de Portugal y el golpe duro contra Corea del Norte. Por primera vez me pasa en el fútbol que en un partido nos servía más perder, por el cruce que venía después, aunque uno como técnico siempre sale a ganar”.
Enfrentaron a una potencia como Corea del Norte. ¿Cómo fue esa convivencia y qué diferencia notó con ellas?
“Estuvimos con ellas en el mismo hotel. Es increíble: en el comedor, veíamos que pasaban con bolsas y ollas de arroz para su restaurante. Yo le decía a mi asistente en charla: Tómale fotos a esa bolsa de arroz, a ver si ese es el arroz que hay que darle a las muchachas (risas). Tienen una disciplina enorme: todas llevan el mismo corte de cabello, no tienen tatuajes, no usan celular, no llevan videoanalistas ni utileros; los utileros son ellas mismas. Desde las seis de la mañana se sentían trotando alrededor del hotel. Es una cultura casi militar, entrenan juntas todos los días del año. Por eso es un equipo tan veloz, técnico, fuerte y con tanta cohesión”.
¿Cómo ve la evolución del fútbol femenino en Colombia?
“Nosotros venimos creciendo mucho. Este grupo cogió mucha confianza en los partidos de preparación que tuvimos contra Estados Unidos e Inglaterra. Eso es lo que necesitamos: competencia internacional de alto nivel. En 2027 no tenemos Sudamericano Sub-20, sino hasta 2028, pero una de las cosas que voy a pedir es ir el próximo año al Torneo Maurice Revello (Toulon) en Francia con la Sub-20 para que nuestras jugadoras vivan esa experiencia contra potencias mundiales. Antes, Brasil nos ganaba siempre; ahora el partido contra ellas es mano a mano. En el Sudamericano Sub-20 de 2024 en Ecuador les ganamos 2-1, y en el Sub-17 les íbamos ganando 2-0. Hemos crecido en los procesos”.
¿Qué cree que le falta a Colombia en la parte técnica y táctica para dar el siguiente escalón?
“Cuando me tocó dirigir en la Liga Femenina con Envigado y Medellín, teníamos muchas carencias. Yo andaba con la tula de balones, los conos y los platillos en el carro; hacía de utilero y de todo. Era una liga muy corta, de apenas cinco partidos al año para los que no clasificaban. Cuando llegamos a la Federación la diferencia fue enorme. Las muchachas ahora tienen fisioterapeutas, médicos y buena alimentación. Sin embargo, para crecer necesitamos que la liga local se potencie, que haya dos torneos al año, contratos durante los 12 meses y competencia constante. Cuando dirigía al Medellín, las jugadoras entrenaban a las 6:00 a. m., muchas llegaban en moto bajo la lluvia y a las 8:00 a.m., salían a trabajar a sus empleos. También necesitamos que la afición responda y llene los estadios no solo en las finales”.
Hay un debate que los equipos femeninos deben ser dirigidos por mujeres. ¿Qué falta para que más mujeres asuman la dirección técnica y lleguen a las selecciones?
“En la Liga hay mujeres haciendo un gran trabajo, como Angie Vega en Millonarios, Sandra Salamanca o Sandra Narváez en Junior. En las ligas departamentales de Difútbol aún se ven pocas entrenadoras en formación, aunque sí hay bastantes fisioterapeutas, doctoras y psicólogas. En mi cuerpo técnico le creí desde el principio a Viviana Cardona, que es nuestra preparadora física y la única en Latinoamérica con Licencia Conmebol. También tenemos a la doctora, a las fisioterapeutas y a la comunicadora. Mi idea es seguir ampliando el grupo e incorporar a una mujer como segunda asistente técnica, como Paula Botero, que fue pupila mía en el Medellín y hoy es asistente en Nacional”.
Ha dirigido tanto a hombres como a mujeres, ¿cuál es la gran diferencia que encuentra y por qué estas jugadoras han logrado estar en seis de siete mundiales?
“El fútbol es uno solo. A estas mujeres me les quito el sombrero. He encontrado en ellas —al igual que en los hombres— una enorme hambre de salir adelante para ayudar a sus familias. Muchas vienen de hogares con madres cabeza de familia o padres ausentes. Tienen una mentalidad ganadora y no se arrugan ante nadie. A veces, en el túnel de salida, las rivales europeas o africanas las ven por encima del hombro por la diferencia de estatura, pero al entrar a la cancha, el carácter y el temperamento de nuestras jugadoras es increíble”.
Se destaca mucho la humildad de ellas, ¿a qué se debe?
“La mujer es muy cariñosa y agradecida. He pasado momentos de felicidad increíbles a su lado. Recuerdo la historia de Jessica Muñoz, a quien sigo tratando de ayudar para conseguirle equipo: ella me entregaba sus viáticos para que yo se los guardara, porque quería comprarle un comedor a la mamá y no gastarse el dinero. O el caso de Maithé López, ella vivía con su mamá en una invasión en Bucaramanga y el techo era un plástico negro que se llenaba de agua cuando llovía. Hace unos días me mandó la foto del carro que se compró y me dijo: ‘Profe, esto es porque usted creyó en mí’. Y ya le había comprado la casa a la mamá. El fútbol les transforma la vida”.
¿Cómo maneja esa doble faceta de director técnico exigente y figura paterna?
“También hay que apretar las tuercas; si no, no tendríamos estas medallas. Pero compartimos mucho tiempo juntos; por ejemplo, la concentración del Sudamericano de Paraguay duró dos meses. Uno aprende a conocerlas. Luisa Agudelo, por ejemplo, siempre llega a darme un abrazo de buenos días como a un papá. Cuando las veo con el ánimo bajo, camino con ellas por la cancha y les pregunto qué pasa. A veces son problemas familiares o temas de salud. Hay que consentirlas, pero también exigirles. Una vez, en un amistoso contra la Selección Cundinamarca, íbamos perdiendo el primer tiempo. Ellas venían de madrugar a las 4:00 a. m., para viajar, mientras las nuestras tenían todas las comodidades en la sede deportiva. En el descanso les dije: ‘Me hacen el favor y se quitan los uniformes para dárselos a ellas, porque no estamos valorando lo que tenemos. Nos enfocamos mucho en formar buenas personas: que no desperdicien la comida, que mantengan limpia la sede deportiva y que sean solidarias. Cada vez que viajamos, entre las 30 personas del grupo recogemos un dinero de los viáticos para dárselo al personal de aseo y cocina del hotel. La formación humana es lo más importante”.
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