Todo lo referente al grupo terrorista Euskadi Ta Askatasuna (Eta) es anacrónico. En los días previos a que deje de existir una de las bandas que más sangre y sufrimiento causó en la historia contemporánea de España, a los ciudadanos menos les parece importar lo que ocurra.
Los tiempos han cambiado en el País Vasco. La fuerte identidad de ese pueblo evidente en las señales de tránsito escritas en euskera —esa lengua compleja y hermosa que adorna las calles de Bilbao o Donosti—, en la bandera que se asemeja a un cruce de caminos, y en el sonido de la pelota vasca —el deporte de arraigo que le compite audiencias al fútbol—, ya no pasa de eso ni toma visos violentos.
Los vascos han aprendido a darse la dimensión propia que se merecen sin la necesidad...