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El fenómeno climático que se está manifestando actualmente en el océano Pacífico tropical continúa fortaleciéndose y podría alcanzar una intensidad muy fuerte durante los próximos meses. ¿Qué significa esto para el Valle de Aburrá?

  • Foto: Cortesía.
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hace 3 horas
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Aunque el océano Pacífico está a cientos de kilómetros del Valle de Aburrá, lo que ocurre allí puede tener consecuencias sobre las condiciones atmosféricas de toda Colombia y, por ende, de nuestro territorio. Esta conexión entre el océano y la atmósfera es precisamente la clave para comprender uno de los fenómenos de variabilidad climática más importantes del planeta: El Niño-Oscilación del Sur, o ENSO, por sus siglas en inglés.

El ENSO es un fenómeno natural que ocurre, aproximadamente, cada dos a siete años y que tiene una influencia importante sobre las temperaturas y las precipitaciones en diferentes regiones del mundo, incluyendo a Colombia y su región Andina. El ENSO es un sistema acoplado océano-atmósfera, que tiene dos fases: una cálida, conocida como evento El Niño; y una fría, denominada evento La Niña. La fase cálida, o evento El Niño, se caracteriza por un calentamiento inusual de las aguas superficiales en las porciones oriental y central del Océano Pacífico tropical.

Hablar del evento El Niño no significa hablar simplemente de un aumento de la temperatura del océano. La fase cálida del ENSO se caracteriza además por cambios en la circulación atmosférica, modificaciones que pueden alterar la distribución de las lluvias y las temperaturas en regiones muy distantes del lugar donde se origina el fenómeno.

En términos sencillos, el océano y la atmósfera funcionan como un sistema conectado. Cuando cambia de manera significativa la temperatura del océano, también cambian procesos atmosféricos relacionados con los vientos, la formación de nubes y el transporte de humedad. Y viceversa. Esos cambios pueden modificar, a diferentes escalas, las condiciones climáticas de otros territorios. Sin embargo, esta relación no significa que ambos respondan de manera simultánea ni que un cambio en uno se refleje inmediatamente en el otro. Son procesos distintos, con dinámicas y tiempos de respuesta propios, que interactúan y se complementan.

Un Pacífico que continúa calentándose

En el informe más reciente del proyecto SIATA, generado el 21 de agosto de 2026, se indica que el sistema acoplado océano-atmósfera del Pacífico tropical mantiene condiciones consistentes con el evento El Niño, que continúa su proceso de fortalecimiento. Las temperaturas superficiales del océano en las regiones oriental y central del Pacífico tropical se encuentran por encima de los promedios de largo plazo y los patrones de circulación atmosférica son compatibles con un evento El Niño en desarrollo.

Los centros internacionales de monitoreo y pronóstico coinciden en que el evento seguirá fortaleciéndose durante los próximos meses. Basado en esa información, el informe de SIATA indica una probabilidad superior al 90% de que se presente un evento muy fuerte entre septiembre de 2026 y febrero de 2027.

Foto. Cortesía.
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El comportamiento de El Niño 2026-2027 en curso guarda similitudes con la evolución observada durante el evento El Niño de 1997-1998, uno de los episodios históricos de mayor intensidad registrados. Esta comparación no significa que el comportamiento futuro vaya a ser idéntico al evento ya registrado, pero sí constituye una referencia que los centros de monitoreo consideran relevante para evaluar la evolución del fenómeno.

El evento El Niño no significa que dejará de llover

Aquí aparece una de las principales confusiones alrededor del evento El Niño.

En Colombia, El Niño suele estar asociado con una disminución de las precipitaciones y un incremento de las temperaturas, pero esto no significa que el país entre automáticamente en una condición de sequía o que deje de llover.

El tiempo atmosférico que experimentamos en el Valle de Aburrá está determinado por múltiples procesos que interactúan entre sí. El comportamiento del océano Pacífico es uno de ellos, pero también intervienen las condiciones de circulación atmosférica regional, la humedad, los vientos, la nubosidad, la estabilidad atmosférica y otros factores.

Por eso, la presencia de El Niño puede modificar la probabilidad y el comportamiento de determinadas condiciones climáticas, pero no permite concluir que un día específico será seco o que las lluvias desaparecerán durante una temporada.

Esta distinción es fundamental porque permite comprender algo que puede parecer contradictorio: podemos estar atravesando un evento El Niño y, al mismo tiempo, continuar teniendo episodios de lluvias intensas en el Valle de Aburrá.

La ciencia como herramienta para anticiparse

El conocimiento sobre El Niño no surge de una única medición ni de un único modelo. Los pronósticos se construyen a partir de la observación permanente del océano y la atmósfera y del análisis de diferentes modelos dinámicos, estadísticos y probabilísticos.

SIATA integra información proveniente de centros internacionales como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA; el International Research Institute for Climate and Society, IRI, de la Universidad de Columbia en New York, entre otras. Estas fuentes permiten contrastar diferentes modelos y escenarios y comprender mejor la incertidumbre asociada a las proyecciones.

Esto es importante porque un pronóstico climático no es una predicción determinista del futuro. Es una estimación de probabilidades construida a partir de la mejor información científica disponible.

Por eso los pronósticos cambian, a medida que llegan nuevos datos sobre las temperaturas del océano, la circulación atmosférica y otras variables.

Prepararnos no significa alarmarnos

Ante un fenómeno climático que podría alcanzar una intensidad muy fuerte, prepararnos implica informarnos, comprender sus posibles efectos y actuar con anticipación. Por eso, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá recomienda adoptar desde ahora acciones cotidianas que contribuyan a reducir sus impactos y fortalecer nuestra capacidad de respuesta frente al evento El Niño.

Hacer un uso responsable del agua. Evitar desperdicios, reparar fugas, utilizar únicamente el agua necesaria y reducir consumos innecesarios son medidas sencillas que contribuyen a disminuir la presión sobre el recurso.

Cuidado frente a las altas temperaturas. Mantener una adecuada hidratación, reducir la exposición prolongada al sol y prestar especial atención a niños, adultos mayores y personas que trabajan o realizan actividad física al aire libre son acciones de prevención que cobran mayor importancia durante períodos cálidos.

No realizar quemas, no arrojar colillas de cigarrillos y evitar cualquier práctica que pueda generar fuego en zonas de vegetación. Estas son acciones fundamentales cuando las condiciones ambientales favorecen una mayor vulnerabilidad de la cobertura vegetal.

No bajar la guardia frente a las lluvias. Que exista un evento El Niño no significa que desaparezcan las precipitaciones. Por eso, las medidas de prevención frente a lluvias, tormentas, vientos y otros fenómenos meteorológicos deben mantenerse.

En un territorio donde las condiciones atmosféricas pueden cambiar rápidamente, la mejor herramienta sigue siendo consultar información actualizada y proveniente de fuentes oficiales.

*Contenido en colaboración con el Siata.