En las bodegas de la Fábrica de Licores de Antioquia, el tiempo cumple un papel esencial. Allí, miles de barricas de roble americano resguardan un proceso de añejamiento natural en el que intervienen la madera, el clima y la paciencia. Lo que entra transparente evoluciona lentamente hasta desarrollar color, aroma y carácter.
Aquí se explica cómo el ron adquiere notas de vainilla, caramelo y madera tostada gracias al contacto con el roble y a las condiciones climáticas de Medellín, cuya temperatura estable favorece el intercambio entre la barrica y el alcohol.