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¿Viaja a Estados Unidos en Semana Santa? Hay crisis en aeropuertos gringos porque trabajadores siguen sin sueldo

Falta de financiación, a raíz del cierre parcial del gobierno federal, causa estragos en dependencias claves como la Administración de Seguridad del Transporte, la cual vigila los aeropuertos. Colas de hasta tres horas para abordar se han visto en principales terminales.

  • Imagen de referencia del Aeropuerto internacional de Miami, Estados Unidos. Fecha de evento: 09/03/2017. Foto: EL COLOMBIANO
    Imagen de referencia del Aeropuerto internacional de Miami, Estados Unidos. Fecha de evento: 09/03/2017. Foto: EL COLOMBIANO
hace 2 horas
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Otra semana ha pasado sin que el Congreso de Estados Unidos logre alcanzar un acuerdo sobre la financiación del gobierno, situación que agrava el actual cierre parcial del gobierno federal debido a la falta de aprobación de presupuestos.


La falta de recursos viene profundizando la crisis institucional que vive parta del gobierno estadounidense y que ya empieza a mostrar efectos visibles en distintos sectores clave del país como el transporte, que incluso podría tener coletazos en nuestro país.




Y es que la falta de consenso político no solo prolonga la incertidumbre institucional, sino que está agravando de manera directa los problemas financieros del Departamento de Defensa y de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA), dejando a miles de trabajadores esenciales sin salario y al sistema aeroportuario bajo una presión creciente.


Tal como lo han señalado medios como CNN o la Agencia Reuters, en el centro de esta crisis se encuentran los trabajadores de la TSA –principalmente empleados e inspectores de seguridad aeroportuarios–, quienes a pesar de no estar recibiendo sueldo desde hace un mes, deben seguir presentándose a sus puestos de trabajo.


Esta situación ha comenzado a impactar no solo sus vidas personales, sino también la experiencia de millones de viajeros en todo el país. De hecho, las consecuencias son evidentes en los aeropuertos: filas interminables, y tiempos de espera que a los gringos les parecen “eternos” y frustrantes.

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Por ejemplo, CNN recogió que en el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta, uno de los más transitados del mundo, viajeros reportaron esperas de más de tres horas. Carlos Monroe, uno de los afectados, resumió el sentir general de los pasajeros: “Esto no es justo. Los poderosos no pagan las consecuencias por los débiles”.


La tensión también se hizo palpable en el Aeropuerto Intercontinental George Bush de Houston, en Texas, donde los controles de seguridad superaron las dos horas de espera. Otros viajeros criticaron la falta de información por parte de las aerolíneas, señalando que deberían haber recomendado llegar con hasta cinco horas de anticipación.




Pero detrás de estas demoras se esconde una realidad más compleja: el desgaste humano de los trabajadores del TSA. Es más, más de 61.000 empleados se han visto afectados por el estancamiento en la financiación del Departamento de Seguridad Nacional por le cierre fiscal parcial.


Muchos de ellos enfrentan dificultades económicas severas, desde cuentas bancarias en números rojos hasta avisos de desalojo.


El secretario de Transporte, Sean Duffy, advirtió a la prensa estadounidense que la situación podría empeorar significativamente. Según explicó, los agentes de la TSA —que ya trabajan bajo presión incluso en condiciones normales— están llegando a su límite. “Van a elegir otra trayectoria profesional”, afirmó, anticipando una posible fuga masiva de personal.


Los datos respaldan esa preocupación. Durante varios días consecutivos, la tasa de ausencias superó el 9%, alcanzando un récord de más del 10%. Además, al menos 366 agentes ya han renunciado desde el inicio del cierre fiscal.


En algunos aeropuertos, el impacto ha sido especialmente grave: en Atlanta, más de un tercio del personal de seguridad estuvo ausente en ciertos momentos de la semana, mientras que en Houston, más de la mitad no se presentó a trabajar en un solo día.




Reuters recogió que la situación ha llevado incluso a propuestas extraordinarias. El presidente Donald Trump sugirió desplegar agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en los aeropuertos para apoyar las operaciones si no se alcanza un acuerdo. Sin embargo, esta medida ha generado dudas, ya que dichos agentes no están capacitados para realizar controles de seguridad aeroportuaria, una tarea que requiere meses de entrenamiento especializado.


Mientras tanto, la crisis continúa afectando la vida cotidiana de los empleados. Líderes sindicales han descrito una situación alarmante: trabajadores que venden sangre y plasma para pagar facturas, otros que duermen en sus vehículos, y muchos que dependen de bancos de alimentos o trabajos secundarios para sobrevivir.


“Es devastador trabajar sabiendo que te deberían pagar y no ver nada en tu cuenta”, explicó un trabajador.


El impacto también se extiende a la seguridad. Expertos advierten que las largas filas en los aeropuertos podrían convertirse en un riesgo, ya que concentran grandes multitudes en espacios reducidos. El exadministrador de la TSA, John Pistole, señaló que estas aglomeraciones podrían ser vistas como objetivos vulnerables desde una perspectiva de seguridad.

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A esto se suma el contexto de alta demanda por las vacaciones de primavera –o la Semana Santa fecha en la que varios colombianos piensan ir a Estados Unidos– lo que incrementa aún más la presión sobre un sistema ya debilitado. Incluso factores externos, como condiciones climáticas adversas, podrían agravar más la situación en los próximos días.


En respuesta, algunas comunidades y aeropuertos han comenzado a organizar iniciativas de apoyo, como colectas de alimentos, vales de comida y ayudas para transporte para los empleados del TSA. Sin embargo, estas medidas son temporales y no abordan el problema de fondo: la falta de financiación y la incertidumbre política.


Por ahora, el panorama sigue siendo incierto. Las negociaciones en el Congreso continúan estancadas, y no hay claridad sobre cuándo se restablecerá el flujo de recursos. Mientras tanto, los aeropuertos —símbolos de movimiento, conexión y dinamismo— se han convertido en escenarios de espera, frustración y vulnerabilidad.

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