El cierre del estrecho de Ormuz no representa una interrupción temporal del transporte marítimo, sino el inicio de una crisis agroalimentaria sistémica que podría desencadenar fuertes subidas de los precios de los alimentos en un plazo de seis a doce meses, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
“El impacto ya es visible”, afirma la institución, cuyo Índice de Precios de los Alimentos, que registra las variaciones mensuales de los precios internacionales de una cesta de productos alimenticios comercializados a nivel mundial, aumentó por tercer mes consecutivo en abril, debido a los elevados costes de la energía y las interrupciones relacionadas con el conflicto en Oriente Próximo.
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En este sentido, señala que la crisis se está desarrollando por etapas: energía, fertilizantes, semillas, menores rendimientos, aumento de los precios de los productos básicos y, finalmente, inflación alimentaria. Asimismo, advierte de que la situación podría empeorar con la llegada de El Niño, que se prevé que provoque sequías y altere los patrones de lluvia y temperatura en varias regiones.
Con el fin de evitar tal desenlace, la institución multilateral señala la necesidad de contar con rutas comerciales alternativas, tanto terrestres como marítimas, así como de moderar las restricciones a las exportaciones, proteger los flujos humanitarios y crear reservas para absorber el aumento de los costes de transporte.
De este modo, el economista jefe de la FAO, Máximo Torero, considera que ha llegado el momento de “empezar a pensar seriamente en cómo aumentar la capacidad de absorción de los países, cómo incrementar su resiliencia ante este bloqueo, para así minimizar los posibles impactos”.
Esto implica explorar “la intervención de los gobiernos, las organizaciones financieras internacionales, el sector privado, los organismos de la ONU y otros centros de investigación para ayudar a los países a afrontar mejor la situación actual”, añadió Torero.
En respuesta a la crisis en el estrecho de Ormuz, la FAO propone en el corto plazo una serie de medidas, incluyendo asegurar rápidamente corredores terrestres y marítimos alternativos, lo que no resolverá la magnitud de la crisis de suministro, pero ayudará a reducirla marginalmente.
Asimismo, insta a evitar las restricciones a la exportación, especialmente de energía, fertilizantes e insumos, así como a eximir la ayuda alimentaria de las restricciones comerciales, mientras que plantea promover el cultivo intercalado (cereales + leguminosas) para reducir el uso de fertilizantes nitrogenados y activar programas de protección social.
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Además, recomienda evitar los subsidios generalizados, ya que generan importantes presiones fiscales y tienden a ser regresivos, por lo que, en su lugar, pide priorizar el apoyo específico para los más vulnerables mediante registros digitales que puedan dirigir eficientemente la asistencia a los hogares rurales vulnerables y a los pequeños agricultores, particularmente en África.
En el medio plazo, las recomendaciones de la FAO pasan por evitar incrementar la demanda de biocombustibles durante períodos de escasez para limitar la competencia entre alimentos y combustibles, así como asegurar que las políticas energéticas no exacerben las crisis alimentarias, además de ampliar el acceso a crédito asequible para agricultores.
A más largo plazo, la FAO apuesta por diversificar puertos, corredores, sistemas de almacenamiento y logística a nivel mundial para reducir los riesgos de cuellos de botella en el futuro, así como por desarrollar reservas regionales y capacidad de almacenamiento para fortalecer la capacidad de absorción de impactos futuros.
Por otro lado, recomienda mejorar la resiliencia de los sistemas de transporte nacionales e internacionales, así como utilizar financiación en condiciones favorables para acelerar la diversificación de la matriz energética y expandir el riego mediante la sustitución del diésel por sistemas eléctricos y solares.
Asimismo, plantea ampliar el uso de maquinaria electrificada, drones y tecnologías de agricultura de precisión; mejorar la eficiencia mediante el mapeo de suelos para reducir el desperdicio de fertilizantes; desarrollar fondos de innovación para apoyar el amoníaco verde, los bioestimulantes, la genética de cultivos y las tecnologías de eficiencia de nutrientes.
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