Cuba atraviesa un momento de alta tensión política y económica, marcado por conversaciones con Estados Unidos, un apagón nacional reciente y una creciente presión de Washington para que el país avance hacia reformas más profundas, incluso en su estructura de poder.
En ese contexto, una enviada diplomática cubana en Washington fue enfática: el sistema político de la isla no está en discusión.
“Nada relacionado con nuestro sistema político, con nuestro modelo constitucional, forma parte de las negociaciones, y nunca formará parte de ellas”, afirmó Tanieris Diéguez, jefa adjunta de misión de Cuba en Estados Unidos, en declaraciones a la AFP. La funcionaria subrayó que cualquier diálogo debe basarse en el respeto a la soberanía y al derecho a la autodeterminación.
Las declaraciones se producen mientras ambos países reconocen la existencia de contactos, en medio de la gravedad de la crisis económica que enfrenta la isla, evidenciada recientemente por un apagón nacional que afectó amplias zonas del país.
Presión desde Washington
Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha manifestado su expectativa de alcanzar un acuerdo con Cuba en el corto plazo, aunque sin detallar sus términos. Al mismo tiempo, ha elevado el tono de sus declaraciones al afirmar que espera tener “el honor de tomar Cuba, de alguna manera”.
De forma paralela, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha insistido en que las reformas anunciadas por La Habana no son suficientes. “Eso no va a arreglar las cosas”, dijo ante periodistas en la Casa Blanca, al referirse a la decisión del gobierno cubano de permitir inversiones por parte de la diáspora.
Rubio también vinculó cualquier eventual flexibilización del embargo a cambios políticos dentro de la isla.
Según el diario The New York Times, que citó fuentes cercanas a las conversaciones, la administración Trump estaría presionando para que el presidente Miguel Díaz-Canel abandone el poder, una versión que añade tensión al proceso de diálogo.
Apertura económica limitada
En medio de este escenario, el gobierno cubano anunció que permitirá a los cubanos residentes en el exterior invertir y ser propietarios de negocios en la isla, en un intento por dinamizar una economía que arrastra dificultades estructurales.
El ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva, aseguró que Cuba está abierta a mantener relaciones comerciales tanto con empresas estadounidenses como con cubanos en el exterior y sus descendientes.
Sin embargo, desde La Habana insisten en que el principal obstáculo para el desarrollo económico sigue siendo el embargo impuesto por Estados Unidos desde hace décadas. Diéguez calificó este conjunto de sanciones como un “bloqueo” que desalienta la inversión internacional.
“Estamos abiertos a recibir cualquier interés estadounidense, empresarios o lo que sea, pero el principal obstáculo es el gran conglomerado de normas que constituye hoy el bloqueo”, afirmó.
Crisis energética y efectos en la población
Mientras se desarrollan estas tensiones diplomáticas, la isla enfrenta una crisis energética que ha tenido consecuencias directas en la vida cotidiana.
El apagón nacional ocurrido el lunes dejó sin servicio eléctrico a amplias zonas del país. Para el mediodía del martes, cerca del 45 % de los hogares de La Habana había recuperado la energía, según la empresa estatal UNE.
Las autoridades no han precisado las causas del corte, aunque señalaron que no se detectaron averías en la red.
El sistema eléctrico cubano depende de termoeléctricas envejecidas, algunas con más de cuatro décadas de operación, lo que ha contribuido a cortes recurrentes en los últimos años. De hecho, la isla lleva más de dos años enfrentando interrupciones masivas del servicio, en ocasiones durante varios días.
La crisis energética se ha agravado tras la decisión de Estados Unidos de cortar los envíos de petróleo desde Venezuela, principal proveedor de la isla, y de advertir con sanciones a otros países que suministren combustible.
Este escenario ha obligado al gobierno cubano a implementar medidas de ahorro, como la suspensión de la venta de diésel, el racionamiento de gasolina y la reducción de algunos servicios hospitalarios.
Además, según la diplomática Diéguez, las restricciones han tenido efectos en cadena, afectando incluso el almacenamiento y transporte de insumos médicos sensibles. Aseguró que más de 3.000 niños se han quedado sin vacunas, calificando la situación como un “castigo colectivo”.
Un contexto de múltiples tensiones
La coyuntura se ha visto aún más presionada por otros eventos recientes. Este martes, un sismo de magnitud 5,8 sacudió la costa cubana, sin que se reportaran víctimas ni daños materiales de inmediato.
Todo ocurre en un contexto en el que la economía del país permanece debilitada, con dificultades que se arrastran desde años anteriores y que han derivado en protestas, detenciones y una salida masiva de migrantes.
Aunque en el pasado hubo intentos de acercamiento, como el impulsado por el expresidente Barack Obama que derivó en la reapertura de embajadas y acuerdos bilaterales, ese proceso no logró estabilizar la situación económica de la isla.
El actual escenario, en cambio, combina diálogo diplomático, presión política, apertura económica parcial y una crisis interna que continúa impactando a la población.
Líneas rojas en la negociación
En medio de este panorama, La Habana ha dejado claro cuál es su límite en cualquier conversación con Washington: no habrá negociación sobre su sistema político.
Mientras tanto, Estados Unidos insiste en que las reformas deben ir más allá de medidas económicas puntuales, en una relación que vuelve a tensarse en un momento en que Cuba enfrenta una de sus crisis más complejas en años recientes.
*Con información de AFP.
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