El caballero Cipolla y el desvarío griego: Vargas Llosa
“No será el mago hipnotizador Alexis Tsipras quien halle el remedio para esta catástrofe en la que la cultura que inventó la filosofía, la tragedia y la democracia ha caído”.
Es evidente el desencanto de los ciudadanos por la medida adoptada por el Gobierno.
FOTO
reuters
En el verano de 1926, Thomas Mann y su familia pasaron unas vacaciones en Forte dei Marmi; era una época en la que el fascismo estaba en pleno apogeo y los discursos de Mussolini retumbaban por toda Italia. Con estos recuerdos y el interés que en aquel decenio se despertó en Europa (y en Alemania en particular) por el hipnotismo, el espiritismo y las ciencias ocultas, el autor de La montaña mágica escribió Mario y el mago, un relato aparecido en 1930 en el que la crítica ha visto siempre una parábola sobre el efecto encantatorio de líderes carismáticos como Hitler y Mussolini sobre las masas, que, seducidas por la palabra del jefe, abdicaban de su soberanía y poder de decisión y lo seguían, ciegas y dóciles, en sus extravíos.