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El expresidente de Costa Rica y Nobel de Paz Óscar Arias dice que el reconocimiento de Noruega es un contundente espaldarazo al proceso.
“El Premio Nobel de la Paz es para siempre. Es un galardón que honra, pero también un fardo que uno tiene sobre las espaldas”, reconoce Óscar Arias, costarricense y quien desde 1987 lleva a cuestas el doble significado que, según él, implica ser laureado por el Comité Noruego: la victoria y el lastre.
Aunque Arias, el segundo de cuatro premiados en América Latina (después del argentino Adolfo Pérez Esquivel, y antes de Rigoberta Menchú y Juan Manuel Santos), acepta que el Nobel enriquece en conocimientos y da una fuerza moral con peso en el mundo, todos los reconocidos, a la final, terminan sintiendo que es demasiado.
De hecho, el sacerdote sudafricano Desmond Tutu, Nobel de Paz en 1984 por su lucha contra el apartheid, le dijo un día con cierta...