Las autoridades determinaron que una denuncia por un robo fue el móvil del rapto y posterior asesinato de un niño de 6 años, ocurrido hace cerca de siete años en el centro oriente de Medellín.
Por este crimen un juez acaba de condenar a 60 años de prisión a los responsables, dos jóvenes que fueron identificados como Cristian Camilo Serna Arboleda y Leider Yesid Oyola Santero.
Esto después de que la Fiscalía presentara pruebas contundentes de que estos participaron en la tortura y asesinato del menor de edad, ocurrido el 5 de agosto de 2019 en el barrio Villatina.
Los investigadores de la Unidad de Vida de la Seccional Medellín determinaron que previamente la madre del niño había difundido entre la comunidad la denuncia de un robo del que había sido víctima y el responsable habría sido una persona cercana a los actualmente sentenciados y estos actuaron luego en retaliación.
De hecho, Serna y Oyola fueron vistos por los vecinos del sector junto con otros hombres y con el menor de edad que en ese momento estaba vivo.
Posteriormente, a los once días, el cadáver de la víctima fue hallado en un área boscosa de la comuna 8-Villa Hermosa. Estaba atado de pies y manos y con signos evidentes de tortura, como quemaduras y golpes en el tórax.
La condena, proferida en primera instancia, se produjo por los delitos de homicidio agravado, desaparición forzada agravada y tortura. No solo por la gravedad sino porque la víctima fue un menor de edad, esta pena no tiene rebaja.
En un hecho similar, en Medellín también fue condenado recientemente por la tortura de un niño de 5 años un sargento retirado del Ejército. Se trata de Richard Antonio Pérez, quien ya estaba purgando una pena de 33 años y 4 meses por el asesinato de su hijo adoptivo y le fue adicionada otra pena por 15 años más.
Según las investigaciones, el 18 de junio de 2013, el sargento (r) Pérez, que entonces aún se encontraba activo, se llevó al menor mediante engaños a Granada, Meta, para obtener su custodia, pese a que no era su padre biológico. A partir de este momento, su madre intentó recuperarlo, o al menos sostener contacto con él, pese a que no tuvo éxito.
Yeraldín Carrascal Atencio, madre del menor, relató en una entrevista a Q’hubo Medellín el 10 de febrero de 2016, la difícil situación que vivió con su hijo desde el 7 de diciembre de 2013, cuando lo vio por última vez, antes de que el militar los separara.
“Ese día yo le permití compartir con el niño por un permiso que le dieron en el Ejército. Al otro día fui a la casa donde él se estaba quedando y una señora me dijo que él estaba paseando con el niño. Ya después me dijo que otro día me lo llevaba y así me tuvo. Me suplicaba que no lo ‘encochinara’ y yo por temor no lo hacía, pero al ver que no me lo devolvía, empecé a ir a Bienestar Familiar”, relató la progenitora.
Pero además de tenerlo distanciado de su madre, se conoció que desde octubre de 2015, Sergio Andrés no tuvo contacto con cuidadores y tampoco volvió a salir a la calle. Desde entonces estuvo encerrado en una vivienda del conjunto residencial Sol de Villanueva, en el centro de Medellín, sin tener vínculo con personas distintas a él.
Incluso los vecinos del sector donde residía el sargento (r) Pérez con el menor, aseguraron en su momento que la primera vez que lo vieron con su hijo adoptivo fue cuando lo sacó inconsciente para el hospital, pero nunca antes vieron que saliera con él a otro lugar.
El 6 de febrero de 2016, la violencia contra el menor se desbordó y le propinó una golpiza de tales dimensiones que le provocó lesiones en los intestinos, el bazo, el páncreas y los riñones y debido a que el menor ya no reaccionaba, lo llevó a una clínica sobre las 9:30 de la noche de ese sábado, asegurando que el niño se sentía mal de un dolor estomacal.
Cuando los investigadores judiciales realizaron la inspección judicial al cadáver, encontraron que el menor tenía, además de las lesiones internas, fractura en el fémur izquierdo, laceraciones y múltiples hematomas por todo el cuerpo.
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