La economía de Colombia se mide a un reto histórico que, según la senadora de la Alianza Verde, Angélica Lozano, compromete la estabilidad de las próximas generaciones. Según ella, hay una “bomba de tiempo fiscal”, en tanto los próximos dos gobiernos tendrán que pagar más de $600 billones en deuda pública debido a la gestión de la actual administración del presidente Gustavo Petro.
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Esta cifra, todo un reto para quien asuma las riendas del país, representa un escenario de asfixia financiera sin precedentes.
Lozano advierte que la rigidez presupuestal será “brutal”. Según sus proyecciones, el próximo gobierno no tendrá margen de maniobra, pues deberá desembolsar más de $50 billones solo en sus primeros nueve meses de gestión.
Para la senadora, esta situación no es simplemente una herencia administrativa, sino una “hipoteca al futuro” que obligará a las futuras administraciones a destinar recursos vitales al pago de intereses y capital en lugar de inversión social.
¿Cuál es la histórica deuda que adquirió Colombia?
Este debate se intensificó tras la reciente operación del Ministerio de Hacienda, liderado por Germán Ávila. El Gobierno Nacional marcó un hito en las finanzas públicas al ejecutar la emisión de bonos globales más grande en la historia de Colombia, colocando deuda externa por un total de 4.950 millones de dólares.
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Esta medida, según analistas, es un reflejo de la crítica situación de liquidez que atraviesa el Estado. La operación de bonos globales se dividió en tres tramos estratégicos: 2.000 millones de dólares con vencimiento en 2029 (cupón del 5,375%), 1.475 millones al 2031 (cupón del 6,125%) y otros 1.475 millones al 2033 (tasa del 6,500%). En promedio, el país pagará un interés del 5,93% por estos recursos.
¿Qué debe hacer el próximo Gobierno de Colombia en materia económica?
Frente a estas dos visiones, expertos como el exministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, insisten en que el camino hacia adelante será de austeridad. Ocampo sostiene que la prioridad número uno para el próximo jefe de la cartera de Hacienda debe ser un ajuste fiscal riguroso. Este plan requerirá una combinación de reformas tributarias y políticas de control estricto del gasto público.
Para el exministro, además de sanear las cuentas, es fundamental recuperar el diálogo institucional con el Banco de la República y apostar por una verdadera diversificación productiva. El consenso entre los técnicos sugiere que, independientemente de si la deuda se ve como una herramienta de liquidez o una carga insostenible, el próximo Gobierno recibirá un país con un espacio fiscal sumamente estrecho.
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