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Las gorras, a la cabeza de la moda urbana en Medellín, representan 40% de las ventas

Las gorras transformaron la moda urbana en Medellín, impulsadas por el reguetón, el streetwear y marcas locales que hoy exportan y fortalecen la industria nacional.

  • Las gorras, a la cabeza de la moda urbana en Medellín, representan 40% de las ventas
  • El Hueco, en el Centro de Medellín, es eje de la venta de gorras. FOTO Julio Herrera
    El Hueco, en el Centro de Medellín, es eje de la venta de gorras. FOTO Julio Herrera
hace 28 minutos
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En Antioquia, se pasó de utilizar el sombrero aguadeño, símbolo de los arrieros paisas a mediados del siglo XIX, a las modernas gorras con diversos estilos urbanos. Esta prenda, además de ser un accesorio para protegerse del sol, es un infaltable del clóset, como un símbolo del estilo de moda urbana que caracteriza al medellinense, y uno de los productos más rentables y demandados de la industria de la moda street wear (moda urbana), impulsada por marcas emergentes, coleccionistas y una nueva forma de entender el estilo urbano.

En esa línea, las exportaciones colombianas de sombreros y tocados —categoría en la que se registran las gorras, junto con otros productos textiles de punto, encaje o fieltro— sumaron 575.958 dólares entre enero y mayo de 2026. Si bien hubo una caída del 11,2% frente a los 648.650 dólares reportados en el mismo periodo de 2025, la cifra sigue siendo considerable. Ecuador y Chile fueron los principales destinos de estas exportaciones, mercados naturales por su cercanía regional.

De acuerdo con cifras de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), el país exportó, en los primeros cinco meses del 2026, 128.700 unidades de sombreros y demás tocados de punto o confeccionados con encaje u otro producto textil (donde se registran las gorras).

Hoy para las marcas de streetwear, este accesorio es el segundo producto más importante, luego de las camisetas. De hecho, entre el 30% y 40% de las ventas obedecen a las gorras. Pero, ¿cómo llegó esta prenda a ser tan importante para la pinta paisa?

La historia

Para entender el fenómeno actual hay que mirar hacia atrás. Sofía Arango, coordinadora del equipo de Conocimiento de Inexmoda, comenta que la moda en la ciudad nace, rara vez, de manera local, “en general la moda llega por esos referentes del norte global, y esto sigue pasando en la actualidad”.

El origen de ese accesorio está ligado al deporte, especialmente al béisbol, desde mediados del siglo pasado. Hacia los años cincuenta llegó la producción masiva de modelos ajustables tipo snapback (gorras planas), y ya en los ochenta y noventa la gorra “deja de ser también únicamente un ejercicio o un producto deportivo y se va a la cultura popular”, de la mano del hip hop, el rap y el movimiento skate.

Ese fenómeno global tardó más en llegar a Colombia, ya que antes de la gorra, la protección del sol en Medellín estaba marcada por elementos tradicionales de la cultura paisa, como el sombrero aguadeño, usado por los arrieros, junto con prendas como el carriel y el poncho. Fue con la urbanización acelerada de la ciudad, entre los años setenta y noventa, cuando “empezamos a ver la gorra cómo empieza a ocupar ese lugar que de pronto en años atrás ocupaba el sombrero”, relata Arango, en un momento en que la prenda “ya no habla del campo, sino de la ciudad”.

Infográfico
Las gorras, a la cabeza de la moda urbana en Medellín, representan 40% de las ventas

La llegada de programas de televisión, música y referentes deportivos internacionales terminó de instalar el producto en la cultura popular local, incluyendo su presencia en las comunas de Medellín, donde el rap y el grafiti empezaron a construir “una identidad un poco más irreverente”, dice la experta.

“En los años ochenta y noventa, marcas internacionales como New Era o Coach se asociaron a esa proyección de las personas del éxito, en una época marcada por el narcotráfico en la ciudad”. añade.

Impulsados por la cultura urbana

Este auge en Medellín comenzó a consolidarse con el reguetón entre 2001 y 2003, cuando canciones provenientes de Puerto Rico llegaron a la ciudad por medio de internet. Ahí lo urbano se volvió identidad. “La gente se empezó a identificar con algo que ya es muy tradicional en nuestra ciudad, que es el género urbano y el reguetón”, menciona Arango.

En paralelo, hace aproximadamente seis años surgió en Medellín lo que el equipo de Inexmoda denomina “lujo urbano”, es decir, marcas que llevan el streetwear tradicional a un segmento premium. Se trata de firmas como Under Gold, Y/OUT o Monastery, que hacen parte de esta nueva categoría, comparable, según la experta, a lo que ocurrió con la línea Resort en la moda colombiana tras una fuerte influencia extranjera.

Los empresarios detrás del Streetwear

Sebastián Castrillón, CEO y fundador de la marca NEA, es parte de esa camada de creativos del streetwear paisa. Para él, Colombia se ha convertido en una potencia de la moda a nivel internacional, ya que “hay gente de otros países viniendo a comprar marcas de ropa colombianas porque estamos innovando mucho en calidad, en estilo, diseño”.

Sobre por qué la gorra específicamente se volvió tan popular, Castrillón asegura que “la gorra es un accesorio que gusta mucho para protegerte del sol, pero hoy la gente la utiliza mucho para aumentar el estilo. Les da mucho más nivel”, comenta.

Las cifras de las propias marcas confirman el peso del producto dentro del negocio del streetwear local. Por ejemplo, en NEA, “las gorras tienen un peso dentro de la empresa más o menos del 30 al 35%”, cuenta Castrillón, solo por debajo de las camisetas. La empresa distribuye a ciudades como Cali, Barranquilla, Bogotá y Bucaramanga, además de municipios mineros donde, según el empresario, “los pueblos mineros les encanta la gorra, demasiado (...) es donde yo puedo llegar a vender más gorras”. Alrededor del 15% de las ventas de NEA corresponde a mercados fuera de Medellín y otro 15% a comercio internacional.

En Blvck Art, marca creada por Yhon Ross, las gorras representan cerca del 40% de las ventas, el segundo producto más importante después de las camisetas. Ross señala que la marca fabrica sus gorras “en materiales resistentes al sol, al agua del mar y muchos elementos, porque el algodón se deteriora muy fácil”. La firma, con dos años de existencia, colaboró en los últimos seis meses con cerca de veinte artistas urbanos, entre ellos J Álvarez, Jowell & Randy, Ñengo, Ñejo, entre otros. Para este emprendedor, la explicación de por qué la gorra pesa tanto en el negocio es esta: “una camiseta la usas una vez y pasa unos 15 días o un mes para usarla otra vez, en cambio la gorra la usas todos los días”, asegura.

El Hueco, en el Centro de Medellín, es eje de la venta de gorras. FOTO Julio Herrera
El Hueco, en el Centro de Medellín, es eje de la venta de gorras. FOTO Julio Herrera

En Clemont, marca dirigida por Sebastián Echeverri, la gorra “es de los productos más importantes en el portafolio, debido a que es el accesorio con el cual todas las personas pueden completar su outfit”. Se trata del segundo producto más vendido de la marca, después de las camisetas. Entre ambas categorías concentran el 80% de las ventas de la compañía.

Echeverri detalla que el costo de producción de una gorra ronda los $45.000 con IVA incluido, mientras el precio de venta al público llega a los $250.000. Clemont vendió cerca de 40.000 gorras el año pasado a través de distribuidores y proyecta 60.000 unidades este 2026, un repunte del 50%. Sus gorras, principalmente en formato snapback de cinco paneles, también se exportan a Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico, Ecuador y Chile: “ya las gorras están por todas partes”, resume Echeverri.

El negocio mayorista

Junto al auge de las marcas propias, el crecimiento del streetwear también impulsó a los importadores y distribuidores mayoristas que normalmente se ubican en el Centro de la ciudad. Estas fábricas y empresas abastecen tanto a grandes firmas como a emprendedores que buscan lanzar su propia marca. Manuela Vélez, directora de Mercadeo y Ventas de Gold Caps, cuenta que la compañía lleva 15 años en el mercado, aunque cambió de nombre hace una década para consolidarse bajo su marca actual, con puntos de venta en el centro de Medellín y en el San Lucas Plaza.

Gold Caps ofrece servicios de personalización con bordado, estampado en DTF y aplicaciones en TPU, con precios que van desde los $10.000 hasta los $100.000 por unidad, según la cantidad y el nivel de personalización. La compañía es distribuidora oficial de marcas internacionales como New Era, Flexfit y Fox. Los modelos de New Era son los más costosos, su línea más cara oscila entre $150.000 y $300.000.

Entre sus líneas propias más vendidas está la colección agropecuaria, con motivos de caballos, reses y gallos, además de una línea temática de Medellín y Colombia dirigida al creciente turismo que recibe la ciudad, y colecciones de temporada como la de la Feria de las Flores. Según Vélez, la empresa importa entre 300.000 y hasta un millón de gorras al año, y este producto representa cerca del 90% de las ventas totales de la compañía.

Los accesorios mueven $412.000 millones

El mercado de accesorios en la ciudad, que agrupa joyería, bisutería y marroquinería, superó los $412.000 millones durante el primer semestre del año, según cifras de Inexmoda. Esto representa un crecimiento corriente del 20,5%, aunque buena parte de ese salto responde al aumento en el precio del oro y no necesariamente a un mayor volumen de compra.

Por eso, el dato que mejor refleja la dinámica real de la categoría es el crecimiento del 6,7%, una cifra que igual la ubica entre las más activas dentro de la canasta de moda de la ciudad. Con este resultado, los accesorios se consolidan como la segunda categoría más representativa del sector, solo superada por el vestuario.

Detrás de este comportamiento hay un cambio en los hábitos de compra, el consumidor actual prefiere piezas unitarias de alto impacto que le permitan renovar un look sin necesidad de cambiar todo el clóset. Esa lógica explica por qué accesorios como la gorra ganan terreno, mientras el vestuario crece de forma más moderada. Medellín, además, concentra el 8,3% del gasto nacional en esta categoría, lo que confirma que la ciudad no solo produce este tipo de piezas, sino que también las consume con fuerza.

¿Qué deben tener en cuenta los compradores antes de elegir su gorra?

Tanto los empresarios como los expertos coinciden en que la clave para elegir una buena gorra está en los detalles. Sofía Arango señala que hoy existen tendencias puntuales, como el modelo tipo boina hacia atrás, visto recientemente en Colombiamoda, y recomienda “pensar mucho en temas de comodidad, en la horma, en los materiales”.

Sebastián Castrillón insiste en que la gorra debe ajustarse bien a la cabeza, “vean que su cabeza horma muy bien a la gorra, tanto el alto como el bajo, porque eso tiene mucho que ver el físico con la gorra”, recomienda, y sugiere fijarse en el tipo de cierre, ya sea de correa o ajustable.

Sebastián Echeverri agrega que la calidad es determinante, porque se “tiene que mirar calidad del producto, que los bordados estén bien, que la confección esté bien y que obviamente encuentre lo que el cliente está buscando”, afirma. Para Manuela Vélez el mercado evolucionó de lo básico a lo premium, “ya hoy nos preguntan por materiales, por acabados, por diseños exclusivos, por calidades”.

Así las cosas, lo que empezó como una prenda funcional para el trabajo en el campo terminó convertido en uno de los productos más rentables del streetwear paisa, con marcas que exportan a varios países y mayoristas que mueven cientos de miles de unidades al año. La gorra, dicen sus protagonistas, ya es una carta de presentación y estilo.

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