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Carbonero antioqueño

Las ciudades no solo se construyen en cemento. También se sostienen en agua, árboles y bosques.

hace 3 horas
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  • Carbonero antioqueño
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Por Camilo Quintero Giraldo - @camideambiente

Que no nos falte la sombra de los árboles ni los temas que nos unen en medio de la actual polarización electoral. Todos tenemos una historia con un árbol, ¿recuerdas la tuya?

Las ciudades se dejan entender mejor desde la sombra. Basta caminar unos pocos pasos para sentir la diferencia entre el sol directo y el amparo de un árbol; cambia la temperatura, el ánimo, la respiración, la pausa. La sombra no es un lujo, es bienestar. Es, incluso, una forma de injusticia ambiental. Por ejemplo, la zona nororiental de Medellín tiene menos árboles y parques que la zona suroriental.

A Antioquia se le reconoce por su verde. No solo en su himno y en su bandera, también en las montañas y árboles que la atraviesan, filtran contaminantes, amortiguan el ruido y hacen más habitables los municipios. Pero ese reconocimiento también trae la responsabilidad de cuidarla.

Pocos símbolos lo expresan mejor que la caliandra medellinensis o carbonero antioqueño. Es una especie única en el mundo y hoy está en peligro de extinción. En Medellín quedan aproximadamente 30 individuos y sobreviven en lugares como el Parque Bolívar, la Nueva Villa del Aburrá, el Jardín Botánico, EAFIT y el cerro El Volador. Más que una rareza botánica, es un recordatorio de lo que somos y de lo que podemos perder si no actuamos a tiempo.

También están los árboles y palmas patrimoniales, testigos silenciosos de la historia. Entre ellos, la Ceiba pentandra de La Playa con la Oriental, el árbol más antiguo de Medellín. Estoy seguro de que la mayoría de las personas en la ciudad han pasado por ahí. ¿La conoces? Durante más de 180 años ha dado sombra a generaciones enteras, ha visto transformarse el centro y ha permanecido allí como un punto de encuentro entre el pasado, el presente y el futuro. Cuidar y reconocer los árboles patrimoniales no es nostalgia, es entender que la ciudad también se construye con la memoria.

Los árboles no solo prestan servicios ambientales. También cumplen funciones paisajísticas, históricas y patrimoniales. Son parte de la identidad de los barrios, del carácter de las calles y de la memoria colectiva. Perderlos no es solo perder sombra o aire limpio; es borrar fragmentos de lo que somos como ciudad.

La tensión aparece cuando el desarrollo avanza sin integrar la biodiversidad. Con frecuencia, los árboles se vuelven un “obstáculo” y no aliados. Y mientras tanto, Antioquia sigue siendo uno de los departamentos con mayor deforestación en Colombia.

Necesitamos un cambio de enfoque, pasar de ver los árboles como decoración a asumirlos como parte de la estructura ecológica principal del territorio. Planear con ellos, no a pesar de ellos. Exigir diseños que incorporen la naturaleza desde el inicio; más suelo permeable, mantenimiento, especies diversas y adecuadas.

Esto es especialmente relevante en proyectos estratégicos. El Metro de la 80 es urgente para la movilidad y la calidad de vida, pero también lo es proteger la biodiversidad del corredor. Medellín tiene instituciones públicas serias y capaces, como el Metro; confío en que el proyecto esté incorporando soluciones para preservar adecuadamente los árboles. No es una disyuntiva entre transporte o naturaleza, es un desafío de diseño, y es posible integrarlos.

Medellín es una ciudad llena de arte, historia y naturaleza, qué importante sería conocer mejor los árboles que nos acompañan. En ciudades más calientes, más densas y más ruidosas, la sombra, el aire limpio y el silencio son bienes comunes que debemos cuidar. Proteger la caliandra medellinensis, los árboles patrimoniales y planear con la naturaleza no es un capricho, es una decisión sobre el tipo de ciudad que queremos ser. Y la discusión actual del POT debería avanzar en ese sentido.

Porque, al final, las ciudades no solo se construyen en cemento. También se sostienen en agua, árboles y bosques.

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