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Cuellos de botella

El nuevo gobierno heredará un mandato claro de los mercados: la única forma de destrabar la inversión privada es que financiarla vuelva a ser barato.

hace 9 horas
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  • Cuellos de botella

Por David Yanovich - opinion@elcolombiano.com.co

Los mercados celebraron la elección de Abelardo de la Espriella. Los TES se valorizaron, la prima de riesgo país se comprimió cerca de 36 puntos básicos y el peso se fortaleció. Sobre la mesa hay, además, una cantidad importante de inversión privada que esperó pacientemente a que pasara el ciclo político. El obstáculo que viene, sin embargo, no es la incertidumbre electoral, que ya se despejó, sino algo más terco y más caro. El costo del capital.

El punto de partida es una economía con la política monetaria en su nivel más restrictivo en dos años. El Banco de la República subió su tasa de intervención al 12% el 30 de junio, con expectativas de subir al 12.50%, presionado por una inflación que no cede y que el propio Emisor espera cierre 2026 por encima del 6%. Detrás hay factores estructurales, entre ellos aumentos del salario mínimo muy por encima de la productividad. Y por encima de todo pesa la crisis fiscal: un déficit por encima del 7% mantiene las tasas de la deuda pública en niveles históricamente altos. Los TES a diez años superan el 12% y algunos analistas los ven cerca del 14% a fin de año si el ajuste fiscal no convence.

Todo esto se refleja en las tasas de descuento para que los inversionistas decidan si meten plata en Colombia. Hoy es dificil encontrar alguien dispuesto a invertir a largo plazo con costos del patrimonio que no superen el 18% en pesos. Con tasas de deuda del 14%, el costo ponderado de capital (WACC) utilizado para evaluar inversiones podría estar, como mínimo, en 15% o 16%.

Esto significa que un proyecto solo crea valor si rinde más de eso, en pesos, de manera sostenida. Muchas iniciativas que eran rentables cuando los TES pagaban 8% simplemente dejan de serlo.

La inversión no se ejecuta por decreto ni por optimismo: se ejecuta cuando la matemática cuadra, y hoy la vara está altísima.

A la barrera de tasas se suma una cambiaria. La revaluación del peso, tan aplaudida como señal de confianza, encareció los activos colombianos para el inversionista internacional. Comprar una empresa o un activo en pesos cuesta hoy más dólares que hace unos meses.

Nada de esto niega el cambio de ánimo. La confianza es condición necesaria para invertir, pero no suficiente. La condición que falta es un costo de capital que baje, y eso no depende de discursos sino de que la inflación converja y de que el ajuste fiscal sea creíble y concreto. Mientras el Emisor no tenga espacio para recortar, las tasas seguirán altas y la inversión seguirá represada.

La reactivación llegará, pero no será instantánea ni por buena voluntad. El nuevo gobierno heredará un mandato claro de los mercados: la única forma de destrabar la inversión privada es hacer que financiarla vuelva a ser barato. Y eso empieza por la disciplina fiscal que tantas veces se pospone. El capital, a diferencia de los votantes, no da cheques de confianza. Cobra intereses.

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