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Historias de locos bajitos (70)

Padres e hijos habían viajado a Cartagena. La mamá les anunció que volverían en el futuro porque habían pasado felices.

hace 5 horas
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  • Historias de locos bajitos (70)

Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com

Alejandro, de cinco años, es el hijo de Miguel Uribe Turbay, el dirigente político asesinado hace un año. Desde entonces le ha formulado a María Claudia, su madre, múltiples preguntas como las siguientes: Mamá, ¿será que Dios me deja entregarle mi vida por la de mi papá? ¿Puedo visitar a mi padre en el cielo? ¿Si Dios nos da la vida para qué nos la quita? ¿Por qué no es más fácil hacer a todo el mundo bueno y así nos evitamos este dolor? Si Dios es tan poderoso ¿por qué no le puedo pedir que me devuelva a mi papá. ¿Mamá, la muerte es para siempre?, ¿dónde queda el cielo?, ¿puedo visitar a mi papá en el cielo?, ¿mamá, para qué voy a ir (al colegio) si es que yo no tengo papá. Todos mis amigos tienen papá menos yo.

Matilde ve trabajando a su madre escritora. Le pregunta algo y luego le dice: “A mí me preocupa que a nosotros la IA nos va a robar el futuro”. La madre le pregunta por qué lo dice... “Porque hasta ahora nos hemos expresado a través de las artes, la literatura; si perdemos eso, perderemos la humanidad”.

El papá le sugiere a Emilia no dar tantas vueltas porque se marea. Su reacción: Así como usted es trabajador, déjeme a mi escoger mi persona.

“Mi música, decía Stravinsky, la entienden mejor los niños y los animales”.

De Gael, de cinco años: “Mamá no miremos tanto la luna que se pone tímida y se esconde otra vez detrás de la montaña, y entonces llega el día”.

Padres e hijos habían viajado a Cartagena. La mamá les anunció que volverían en el futuro porque habían pasado felices. Caetano, de cuatro años, indaga: “¿Será que podemos ir al pasado caminando?

Mientras le explicaba los fundamentos del ajedrez, mi nieta Ilona, de 11 años, me dijo sin mucha piedad: “Abu, tienes ojitos tristes de perrito abandonado”.

Primer recuerdo que tiene de niño el novelista samario José Luis Díaz-Granados:

“Al año de nacido me trajeron a Bogotá. Mi primer recuerdo es ver correr una bola blanca por un patio de baldosas rosadas en mi casa de Palermo y tuve una especie de conciencia de que yo era yo”.

Mientras preparada una torta, de pronto me di cuenta de que me faltaba un huevo, Mi amable vecina de al lado vino en mi ayuda y me dio uno. Al otro día, cuando fui al supermercado y compré más huevos, le pedí a mi hija que le llevara a nuestra vecina la pieza que le debía. Poco después la niña volvió con las manos vacías, muy satisfecha. “No tardaste mucho”, comenté. Mi hija respondió: “La vecina no estaba en su casa, así que metí el huevo por el buzón”. (Revista Selecciones).

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