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El Costo De Las Oportunidades

Se equivoca el gobierno al quitar este subsidio y al asumir que un crédito del Icetex financia a la universidad privada y no al estudiante.

03 de octubre de 2025
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  • El Costo De Las Oportunidades

Por Juan Carlos Manrique - jcmanriq@gmail.com

En un castillo medieval de Polonia, un grupo mayoritariamente de jóvenes pasó una semana diseñando experiencias creativas. A mi casa llegó una de ellas, hija adoptiva del corazón, contando cómo “The College of Extraordinary Experiences” le cambió la mirada y desbloqueó sus nuevas formas de pensar. Genial.

En contraste con esta experiencia, pensaba en las protestas del último mes en Nepal, Indonesia, Filipinas y Madagascar. Han sido escenarios donde los jóvenes de la generación Z han protestado indignados por la corrupción, el autoritarismo, las medidas abusivas y desiguales, así como los malos gobiernos. En cada manifestación han ondeado la bandera de la serie japonesa One Piece: una calavera sonriente con un sombrero de paja. Las realidades parecen lejanas, pero comparten un mismo trasfondo: la urgencia de abrir oportunidades a los jóvenes.

Distintos países, la misma pregunta: ¿Qué tan caro es no abrir oportunidades? ¿Cuándo nos vamos a tomar en serio la educación?

María José Álvarez, en su libro “El Costo De Las Oportunidades”, estudió el caso de éxito de los cuarenta mil jóvenes provenientes de entornos desfavorecidos que tuvieron una oportunidad atípica en la vida, bajo el programa “Ser Pilo Paga”. Este programa, con más luces que sombras, fue un experimento único de movilidad social, —a contracorriente—. Ser Pilo Paga fue un ‘experimento natural’ de integración que abrió oportunidades a estudiantes de primera generación, y funcionó como un piloto contra la segregación social.

Como dice María José, en Colombia falta que nos tomemos en serio abrir las puertas con un modelo educativo integral. 6 de cada 10 estudiantes de educación media no acceden a educación superior y 1 de cada 3 estudiantes universitarios, no se gradúan. La educación está en plena revolución. Y globalmente las demandas y expectativas están en total revisión.

Este Gobierno invirtió 438.000 millones de pesos entre 2023 y 2024, en subsidiar la tasa de interés de los créditos del Icetex. Sin embargo, —debido a la compleja situación fiscal del país—, el Gobierno no continuó con este subsidio. Para esto si no hay recursos. De verdad nos pegamos unas pérdidas.

Se equivoca profundamente el gobierno al quitar este subsidio y al asumir que un crédito del Icetex financia a la universidad privada y no al estudiante. Son los estudiantes, detrás de sus sueños y del costo de sus oportunidades, quienes pagan los préstamos educativos de su propio bolsillo y el de sus familias, con tasas de interés altas.

No juguemos más a debilitar los esquemas de financiación y la cooperación público-privada. Aprovechemos la discusión de la nueva reforma tributaria para acordar la creación de una contribución permanente a la educación. Un tributo que todos los colombianos deberíamos pagar con equidad para construir un fondo de oportunidades de largo plazo, contra cíclico y por fuera de las ideologías temporales. Claro, bajo un sistema tributario progresivo, eficiente y que nivele la cancha.

Un país que invierte en oportunidades nunca pierde. La educación, al final, es la inversión más rentable que puede hacer una sociedad. Los jóvenes merecen disfrutar de ‘Extraordinary Experiences’. Y merecen nuestra solidaridad para reducir el costo de sus oportunidades.

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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