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El apagón está anunciado como un riesgo. Nuestra responsabilidad es impedirlo.
Por Juan Espinal - opinion@elcolombiano.com.co
En Bogotá se realizó el Congreso Anual de Energía de Acolgen, y una pregunta atravesó parte de las discusiones: ¿apagón sí o no? Diferentes paneles coincidieron en actuar con urgencia para reducir los riesgos que enfrenta el sistema eléctrico. Colombia necesita energía firme, más infraestructura, inversión y decisiones rápidas.
El Gobierno Petro dejó un sector minero-energético debilitado. No se firmaron nuevos contratos de exploración de hidrocarburos, se suspendieron Proyectos Piloto de Investigación Integral de yacimientos no convencionales, Air-e terminó intervenida y se acumularon obligaciones relacionadas con subsidios y compromisos del sistema eléctrico. A ello se sumaron mayores cargas para el sector y enormes dificultades para sacar adelante nuevos proyectos de generación y transmisión.
La situación del gas natural preocupa. Colombia perdió autosuficiencia y depende crecientemente de importaciones. En agosto de 2026, el gas importado representó 34% del suministro nacional y las proyecciones indican que esa dependencia podría acercarse al 40% al finalizar el año. Mientras disminuyen nuestras reservas y producción de gas, aumenta la necesidad de importar un energético fundamental para hogares, industria, comercio, transporte y generación térmica.
El desafío eléctrico tampoco es menor. La demanda crece, mientras numerosos proyectos nuevos presentan retrasos y Colombia necesita acelerar inversiones multimillonarias en generación, transmisión y distribución si quiere garantizar un sistema confiable y capaz de acompañar el crecimiento económico. Existe una contradicción que debemos resolver: queremos que Colombia vuelva a crecer por encima del 6%, atraer nuevas industrias, desarrollar centros de datos, impulsar inteligencia artificial, electrificar más actividades productivas y generar millones de empleos, nada de eso es posible si no tenemos suficiente energía. Un consenso es tomar decisiones extraordinarias.
El Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella ha adoptado medidas para recuperar el sector, pero necesitamos ir más rápido. Acelerar proyectos estratégicos de generación y transmisión, reducir tiempos administrativos del licenciamiento ambiental sin disminuir estándares de protección, establecer reglas claras y eficientes para la Consulta Previa y eliminar cuellos de botella que mantienen inversiones esperando. Debemos encontrar una solución estructural a las deudas acumuladas. Propongo que determinadas obligaciones reconocidas por el Estado puedan convertirse en títulos de deuda de largo plazo, negociables con la banca nacional e internacional. Así, las empresas podrían recuperar liquidez y el Gobierno tendría un horizonte fiscal razonable para responder por sus compromisos.
Colombia debe recuperar su soberanía energética. Volver a explorar petróleo y gas, desarrollar descubrimientos costa afuera, aumentar recobro de campos existentes, avanzar en yacimientos no convencionales y garantizar generación firme. Debemos construir nuevas hidroeléctricas, fortalecer térmicas, desarrollar las renovables y comenzar la ruta de la energía nuclear.
No podemos esperar a que se apague el primer bombillo para reaccionar. La historia nos enseñó en 1992 lo que significa quedarse sin energía. El apagón está anunciado como riesgo. Nuestra responsabilidad es impedirlo.