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La guarida de Alí Babá

hace 12 horas
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  • La guarida de Alí Babá
  • La guarida de Alí Babá

Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

Es una desgracia tener que admitir que un sector fundamental de la sociedad no está librándose de la corrupción que destruye los mejores proyectos. La universidad colombiana ya ha sido contaminada, en unos casos de modo gravísimo y en otros todavía leves pero muy amenazantes, por bandas y camarillas de socios del leyendario Alí Babá que se refugian y ganan toda clase de beneficios en regímenes de puntos y méritos injustos para ingresar en el festival de los ránquines y sobresalir con logros imaginarios que en apariencia las ponen a figurar como superiores a instituciones que resisten a base de buena fe, transparencia y defensa inflexible de la pulcritud académica y administrativa.

Las noticias conocidas en estos días dejan al descubierto la acción de redes formadas por sujetos audaces que aprovechan ventajas y regalos ofrecidos por sistemas que sostienen y propagan la malicia y los procedimientos turbios, amparadas por la poliltiquería, el ánimo de lucro a toda costa y el aprovechamiento de la permisividad que hacen de las normas estímulo a la impunidad. El favorecimiento del fraude, la aceptación del clientelismo, el premio con puntaje a los más mediocres y el castigo a los que deberían ser sobresalientes por sus méritos, toda una lista de infracciones y acciones delictivas protegidas por el amiguismo, en compadrazgo y las numerosas asociaciones para delinquir ya no son ejemplos extraños y sorprendentes, rarezas que solo de modo excepcional aparecían en relatos periodísticos o en noticias curiosas, sino evidencias que van emergiendo como características de un estado de cosas que se consideraba como algo increíble. El espectro universitario parecía incontaminado.

No se sabe qué hacen los organismos de control y vigilancia de la educación, dónde está la acción del Estado para frenar la expedición delictuosa de títulos o el nombramiento de funcionarios dotados de autoridad basada en su capacidad de servicio obsecuente a los dueños de los intereses políticos y económicos, ni hay voluntad de contribuir a la educación mediante ejemplos de pulcritud y honradez. Como si hubiera que aceptar en definitiva que las universidades tuvieran que filarse en las líneas de la corrupción que parece obligatoria. El tráfico de influencias, el intercambio de favores y la aceptación de prácticas oscuras están entronizándose en no pocas corporaciones universitarias y las noticias que salen con tanta frecuencia ya no impresionan, no sorprenden, son parte de un modo de vivir aceptado contra el cual ya poco se reacciona. Era una realidad extraña, marginal, insular, que ha pasado a convertirse en parte de las costumbres habituales. No hay derecho a que en las universidades, que eran garantías y factores de orgullo de una sociedad, vayan ascendiendo al poder tantos discípulos del famoso bandido Alí Babá, agazapados en tantas cuevas de ladrones. Que hay líderes rectorales, profesorales y estudiantiles capaces y dispuestos a salir en defensa de la institución universitaria, es una verdad por lo menos alentadora en las actuales circunstancias. Despierten y actúen si cumplir sus responsabilidades.

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