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El país que soñamos, la abstención también decide

hace 2 horas
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Por Juan Manuel del Corral - opinion@elcolombiano.com.co

A pocas semanas de la elección presidencial, Colombia enfrenta una realidad que no podemos ignorar. Millones de ciudadanos no participan y muchos que sí lo hacen, toman su decisión con información limitada. Estos meses hemos insistido en la importancia de votar, cuidar la democracia y de participar, pero es necesario dar un paso más. Es cómo elegimos el futuro del país.

El censo electoral supera los 40 millones de ciudadanos. Pero participa poco más de la mitad, esto significa que los gobiernos se eligen con el respaldo de una fracción del total del electorado y esa realidad no es menor. Existen, en la práctica, tres actitudes frente al momento que vivimos.

La primera es la de quienes asumen la participación como una responsabilidad. Entienden que la democracia se construye con su voto, que buscan informarse y ven una oportunidad para incidir en el rumbo del país.

La segunda es la de quienes deciden quedarse al margen, no siempre por apatía, sino por desconexión. Son millones de colombianos que sienten que la política no los representa, que el país avanza sin ellos y que, independientemente de quién gane, su realidad no cambia.

La tercera, la más silenciosa y una de las más determinantes, la de quienes participan, pero lo hacen sin suficiente información. La decisión se toma más desde la emoción que desde el conocimiento. Se elige por afinidad o por recomendación, por rechazo o por percepciones, sin conocer a fondo las propuestas, la trayectoria o la capacidad de quienes aspiran a gobernar, y eso es lo más delicado.

Elegir presidente implica entender qué se propone, cómo lo va a hacer y qué equipo lo va a acompañar, porque gobernar no es un discurso ni una propaganda. Es una enorme responsabilidad. En este momento, la información se vuelve fundamental. No se trata de volverse experto en política, sino de hacer un esfuerzo básico por conocer qué propone cada candidato, qué ha hecho en su trayectoria y qué tan viables son sus planteamientos.

La democracia no se fortalece solo con participación. Un país no cambia únicamente porque más personas voten. Cambia cuando quienes votan lo hacen con criterio. Esta realidad plantea un desafío para quienes aspiran a gobernar.

Si millones de colombianos no votan, es porque durante demasiado tiempo no han encontrado en la política una respuesta real a su vida cotidiana. Hoy, más que nunca, los candidatos tienen la responsabilidad de hablarle a ese país. No solo al que opina o participa, sino también al que ha estado al margen. Se requieren propuestas concretas, comprensión real de sus condiciones de vida con soluciones posibles.

Porque la participación no se decreta, se construye. Cada uno puede hacer algo concreto: conversar con su familia, amigos, vecinos. Invitar, explicar, motivar a participar.

El reto no es solo aumentar la participación. Es lograr que esa participación sea informada, consciente y conectada con la realidad.

El país que soñamos no será el que más prometa. Será el que logre representarnos a todos.

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