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La ignorancia como arma

Y no nos engañemos. La ignorancia, cuando se vuelve arma, no dispara contra el que no sabe. Dispara contra el que se atreve a saber.

hace 18 horas
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  • La ignorancia como arma

Por Diego Santos - @diegoasantos

Acabo de comprar un libro cuyo título lo dice todo: Weaponization of Ignorance, del físico estadounidense Stephen M. Fry, que traduce algo así como la instrumentalización de la ignorancia, o quizás más preciso sería la ignorancia convertida en arma. Lo busqué porque intenta responder una inquietud que me persigue desde hace rato: ¿Por qué gente inteligente, leída, viajada, está cayendo rendida ante narrativas falsas, teorías de conspiración y mentiras del tamaño de una casa?

La respuesta del libro lo deja a uno atónito de entrada. La inteligencia no es un anticuerpo. La ignorancia política de hoy no es falta de información, sino un producto industrial, un producto que se selecciona, se cura y se refuerza, con ayuda de medios tradicionales, influenciadores y periodistas digitales que han construido ecosistemas narrativos capaces de hacer sucumbir el sentido común y hasta la fuerza de la ciencia. El votante no cree la mentira porque le falten datos. La cree porque le confirma su identidad, y contra la identidad los datos rebotan.

El gobierno de Trump marca la directriz y, sorprendentemente, va ganando la batalla. Su manto cubre ya casi toda América Latina. En Colombia, me temo, vamos hacia el desmantelamiento de la infraestructura del conocimiento público que está triunfando en Estados Unidos.

Aquí pensar distinto de la narrativa oficial de turno, sea de derecha o de izquierda, se volvió ir contranatura. Hay una guerra frontal contra el concepto mismo de verdad, y quienes se atreven a cuestionar se están quedando solos. Lo digo con conocimiento de causa. Amigos que hace unos años me aplaudían por mis posiciones contra Petro hoy me llaman enemigo de Colombia. Mismo columnista, mismas convicciones, distinta manada.

Avanzando en el libro, encuentro que esta desconfianza no nació por generación espontánea. Los dueños del conocimiento también fallaron — expertos que se equivocaron con arrogancia, instituciones que confundieron su autoridad con infalibilidad, una prensa que a veces militó cuando debía verificar. La ignorancia se volvió arma, dice Fry, porque alguien dejó el arsenal abierto. Reconocerlo no es darles la razón a los mercaderes de mentiras, sino entender por qué su mercancía encuentra tantos compradores. ¿Y entonces qué hacemos los que no queremos escoger entre manadas? Fry sostiene que la salida no es gritar la verdad más duro, porque en esta guerra el volumen no persuade. Es reconstruir la confianza desde abajo, conversación a conversación. Para Colombia eso significa que el centro tiene que aprender a pelear la batalla cultural con sus propias armas —narrativas, símbolos, emoción— sin renunciar a los hechos. Llegar con un informe técnico a una guerra de identidades es llevar cuchillo a un tiroteo.

No sé si estamos a tiempo de corregir esto. La verdad ya no se defiende sola, porque la mentira tiene ejército, presupuesto y algoritmo. Hoy los poderosos no están por darle libertad a sus ciudadanos ni permitir que les lleven la contraria.

Y no nos engañemos. La ignorancia, cuando se vuelve arma, no dispara contra el que no sabe. Dispara contra el que se atreve a saber. .

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