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La trilogía paisa

hace 3 horas
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Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

Tan inclinados que somos los antioqueños a exaltar los valores de nuestra cultura, pero tan olvidadizos cuando se trata de exaltar a los personajes esenciales de la historia literaria. Es muy poco lo que se ha destacado en estos días, sobre una trilogía que acredita la calidad estilística y el aporte fundamental de nuestros principales poetas y prosistas, como sucede con Epifanio Mejía, Gutiérrez González y Juan José Botero, cuyo nacimiento debería estar recordándose este año. Epifanio había nacido en Yarumal en 1838. Gutiérrez González, en la Ceja, en 1826. Juan José Botero, en Rionegro, en 1840. Los tres figuran como exponentes principales del llamado temprano relato antioqueño, como lo dijera el profesor Jorge Alberto Naranjo. De los tres han venido recordándose los aniversarios respectivos, con una concurrencia de eventos que, sin embargo, deben ser mejor divulgados, tanto en sus pueblos de origen como en las páginas de la literatura regional. De Epifanio se rememoran la autoría del himno antioqueño, el canto a la libertad que nos conmueve por las emociones que nos despierta. Gutiérrez González, autor de la Memoria sobre el cultivo del maíz en Antioquia, alabanza pedagógica de las virtudes de la buena mesa en estas tierras. Y Juan José Botero, tal vez el más auténtico cultor de un estilo jovial, cercano a la picaresca y al genuino espíritu paisa.

Ésta es la hora en que los amigos de ponderar las cualidades tradicionales del buen paisa, bien podrían preocuparse por la reedición de sus obras, por la difusión de sus prosas y poemas y por el estudio de su influencia en la propagación de valores y principios esenciales de la antioqueñidad, denominación muchas veces denostada y ridiculizada en forma injusta por propios y extraños, que llegan a incurrir en el desatino de grabar en la misma línea a estos tres máximos poetas al lado de Cosiaca, personaje. típico pero irrelevante desde el punto de vista del ingenio y la calidad intelectual. Del gran Epifanio se recuerdan episodios tristes de su permanencia en el manicomio. De Gutiérrez González suele confundirse el carácter didáctico, por cierto que muy útil, de la Memoria sobre el cultivo del maíz con algún manual de versos terrígenos. Y de Juan José Botero, suele ignorarse que encarnó el espíritu jocoso de la poesía paisa, cuando en realidad representa una aportación sustantiva a la identificación del humor edificante, como en Quiero ser gato y los versos al tamal. En los tres personajes sobresale un sentimiento afable. Epifanio matizó el Canto del antioqueño con algunos pasajes señalados por la simpatía ingeniosa (“¡Hombre, Juan José Botero! ¡Hombre, caramba, caray! Casi que me turpializas con tu modo de cantar”). Mientras tanto, el culto al sentimiento familiar es inevitable en los otros dos poetas casi bicentenarios. La conmoción ante el paisaje, los afectos familiares y la fuerza de atracción de la tierra, no faltan en sus poemas, como si los tres hubieran formalizado ese pacto por los sentimientos regionales. El temor al qué dirán, como si ser antioqueño fuera motivo de acomplejamiento, ha sido siempre un motivo de escrúpulo a la hora de exaltar el valor de lo paisa, tanto en Antioquia como en el resto de las regiones colonizadas tras la señal del cuadro Horizonte.

En estos días de justa reivindicación de la fuerza regional, bien vale la pena destinarles horas de lectura a estos tres personajes esenciales de Antioquia y el país. Al yarumaleño Epifanio, al cejeño Gutiérrez González y al rionegrero Juan José Botero.

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