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La deriva a la que lleva esta guerra

Las teorías sobre el por qué EE.UU. decidió apoyar a Israel y atacar a Irán se exponen y analizan a diario sin que se entiendan cuáles son los objetivos de esta ofensiva.

hace 48 minutos
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  • La deriva a la que lleva esta guerra

Se dice con frecuencia que de las guerras se sabe cómo se entra, pero no cómo se sale. Y a esta que se ha desatado en Medio Oriente deberíamos añadirle que lo único que ha dejado en claro es que el mundo ha entrado en un estado de incertidumbre total. Las teorías sobre el por qué Estados Unidos decidió apoyar a Israel y atacar a Irán se exponen y analizan a diario sin que en realidad se entiendan cuáles son los objetivos de esta ofensiva. Mientras tanto, una cifra dolorosa asciende sin parar: en esta primera semana de enfrentamientos ya van 1.100 civiles muertos.

Si algo ha quedado en evidencia durante estos siete días es por qué tanta gente le teme al polvorín de esta región. Por muy lejana que nos parezca, lo que ocurre allí repercute en la vida de todos. En primer lugar, en la cotidianidad de los iraníes que tanto anhelan un cambio para poder salir de las garras de ese régimen sátrapa que los ha tenido durante más de 40 años en un estado de opresión y oscurantismo asfixiante. El resultado de esta primera semana de ataques y explosiones no da muestras de que el execrable régimen teocrático vaya a ser derrocado, a pesar del asesinato de su líder Alí Jameneí. Por el contrario, la represión contra los ciudadanos está escalando.

Más allá de sus fronteras Irán ha desencadenado una guerra indiscriminada contra los países del Golfo. Ya son catorce los que han recibido ataques directos y el estado de alerta es máximo debido a las interceptaciones de misiles que los mantienen ocupados las 24 horas del día. Irán se sabe incapaz de igualar simétricamente el poder militar estadounidense e israelí, y por eso su estrategia se dirige a estirar el conflicto en el tiempo y el espacio. Lo que busca no solo es responderle a Israel con drones y misiles, sino también atacar bases e infraestructuras comerciales estadounidenses por todo el Golfo. Hasta ahora estos han sido limitados, a veces unos cuantos drones en lugar de oleadas, pero su intención es acumulativa. Teherán no solo busca daños, sino que busca fricciones: obligar a sus adversarios a defender múltiples frentes, poner a prueba la resiliencia de la política regional y aumentar gradualmente el costo económico y psicológico de mantener el rumbo.

Mientras tanto, una parte del tráfico marítimo mundial se ha visto amenazado por la situación del estrecho de Ormuz, los precios del petróleo y del gas se han disparado, las bolsas han sufrido contracciones y cada país comienza a hacer los cálculos de cuánto va a aumentar la inflación en los próximos meses. Aunque es difícil tener certezas, es poco probable que esta guerra salpique directamente a Latinoamérica a corto plazo más allá del aumento del petróleo, que ya ha subido un 20 por ciento, por lo que puede beneficiar a varios países productores como Colombia.

Pero dado que Teherán considera objetivos legítimos de guerra todas las embajadas de Israel en el mundo, ningún ataque terrorista es descartable. Basta recordar el atentado en Argentina durante la década de los 90 o el que recientemente se evitó en México. Eso sin contar con alguna sorpresa armamentística que tenga Irán o cualquier ciberataque que pueda extender aún más el conflicto.

Los gobiernos europeos, siempre más inclinados hacia el poder de la diplomacia, no quieren participar en esta confrontación, aunque los misiles lanzados a Chipre, clave en el control del tránsito por el Canal de Suez, los han obligado a mover ficha para protegerlo. Y mientras la Francia de Macron asegura que no forma parte de esta guerra, pero que protegerá a sus aliados y apoyará al Líbano, la España de Pedro Sánchez se ha visto arrastrada a un enfrentamiento dialéctico con Trump debido a su explícito “No a la guerra”. Las consecuencias materiales de este desafío a la autoridad trumpista están por verse.

Por ahora, una de las grandes preocupaciones es que tras la magnitud de este nuevo conflicto no haya un cambio de régimen sino solo una modificación del mismo. Algo en línea con lo que ha ocurrido hasta ahora en Venezuela. Encarcelado Nicolás Maduro en una prisión estadounidense, nuestro país vecino sigue manejado por un personaje corrupto e inmoral como Delcy Rodríguez. Todo con el visto bueno de Trump.

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