Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

Suscríbete Suscríbete

Murió Antonio Vélez Montoya, un defensor radical del pensamiento crítico y la divulgación científica

La noticia se conoció este fin de semana: Antonio Vélez Montoya falleció en Medellín a los 92 años, dejando una obra dedicada a explicar la ciencia desde el rigor, la duda y la formación del pensamiento, en un país donde ese ejercicio ha sido históricamente marginal.

  • FOTO pantallazo del programa Habla La Experiencia de Teleantioquia
    FOTO pantallazo del programa Habla La Experiencia de Teleantioquia
  • Antonio Vélez Montoya
    Antonio Vélez Montoya
hace 9 horas
bookmark

Antonio Vélez Montoya murió a los 92 años en Medellín y con su partida se cierra uno de los capítulos más singulares —y menos estridentes— de la divulgación científica en Antioquia, pues siendo ingeniero, matemático y ensayista, dedicó buena parte de su vida a una tarea incómoda en un país acostumbrado a venerar la retórica por encima del rigor: explicar la ciencia como una forma de pensamiento crítico y no como un conjunto de verdades reveladas.

Lea también: Los 10 científicos formados en Antioquia que hoy hacen ciencia en el exterior

La noticia pasó sin alboroto, acorde con el talante de un hombre que nunca buscó protagonismo, tal y como escribió Héctor Abad Faciolince en su columna de El Espectador. Esa discreción contrasta con la huella que dejó en varias generaciones de lectores interesados en comprender la evolución, la astronomía, la física, la lógica y los límites de la superstición en una sociedad marcada por el dogma.

Vélez no fue un científico de laboratorio ni un académico encerrado en ecuaciones. Fue, más bien, un mediador entre el conocimiento especializado y el lector común. Durante más de dos décadas escribí libros y ensayos que se convirtieron en referencia obligada para quienes buscaban entender fenómenos complejos sin renunciar a la claridad. Abad lo resume así: “Consciente de su estatura intelectual, pero modesto, mucho más preocupado por la verdad que por la fama, Antonio escribió los mejores libros de divulgación científica que se hicieron en Colombia durante 25 años de intenso trabajo, estudio y dedicación”.

Antonio Vélez Montoya
Antonio Vélez Montoya

Su obra abordó asuntos incómodos para una cultura poco amiga de la ciencia: la evolución darwiniana, la psicología evolutiva, la crítica a las pseudociencias, la fragilidad de ciertas creencias religiosas y la necesidad de una educación basada en datos, lógica y pensamiento abstracto. Textos como El hombre, herencia y conducta. o Del Big Bang al Homo sapiens no pretendían cerrar debates sino abrirlos, insistiendo en que comprender el mundo exige algo más que intuiciones heredadas.

Sin embargo, ese impulso pedagógico no se limitó a los libros y quienes lo conocieron recuerdan su forma de discutir ideas sin estridencias ni condescendencia, con una exigencia intelectual que incomodaba tanto como formaba. Abad, que compartió con él años de conversaciones, señaló que “si en la Academia de Platón no se permitía el ingreso de quienes ignoraban la geometría, en la casa de Antonio no se permitían las faltas de lógica ni los inútiles despliegues de emotividad. Con humor e ironía se desmontaban los prejuicios y carencias de una educación carente de rigor, datos confiables y claridad en la exposición”.

Vélez encarnó una postura moral frente al conocimiento al comprender a la ciencia como una herramienta para desmontar prejuicios y supersticiones, incluidas las políticas, y esa posición no estuvo exenta de críticas. El traductor e investigador Diego Firmiano abordó su obra desde una mirada frontal y polémica en su blog personal, cuestionando lo que consideraba una confianza excesiva en la razón científica como vía única de comprensión del mundo.

En su análisis, Firmiano recuerda una de las ideas centrales atribuidas a Vélez: “La matemática y la ciencia son construcciones culturales que funcionan muy bien como máquinas de predicción. El conocimiento debe ser bueno para los propósitos de la predicción”.

Desde allí, el crítico discutió los límites de esa postura y la dificultad de explicar fenómenos humanos, espirituales o cosmológicos únicamente desde modelos racionales y matemáticos. La controversia, lejos de disminuir la figura de Vélez, revela uno de sus rasgos más interesantes, el de un pensador que se expuso al debate y asumió posiciones claras, aun a riesgo de ser cuestionado.

En un contexto como el antioqueño, donde la ciencia rara vez ocupa el centro de la conversación cultural, su figura resulta aún más significativa. Vélez insistió en que la educación debía formar ciudadanos capaces de pensar, dudar y argumentar, no solo de repetir fórmulas o dogmas, y esa insistencia cobra mayor relevancia hoy, cuando la desinformación y la pseudociencia circulan con facilidad y el pensamiento crítico vuelve a ser una tarea incómoda y urgente.

Antonio Vélez Montoya, en primera persona

En 2015, en el programa Habla La Experiencia de Teleantioquia, Antonio Vélez Montoya habló sin rodeos sobre el origen de su vocación intelectual y su obsesión por enseñar a pensar. Lejos de cualquier relato precoz, confesó que su vida temprana estuvo marcada por el fútbol: “Hasta los 17 años yo no hice sino jugar fútbol”. La ciencia llegó después, casi por accidente, cuando descubrió que entendía las matemáticas y la física y que allí había un camino posible.

Ese giro se consolidó a los 34 años, al enfrentarse por primera vez a la teoría de la evolución: “Yo no sabía nada de evolución darwiniana... y ahí entendí cómo estábamos aquí”. Para él, ese momento partió la historia intelectual en dos: “Hay un antes y un después de Darwin. El mundo cambia totalmente”, dijo, convencido de que la evolución ofrecía una explicación material y no providencial de la vida.

Entérese de más: Nacemos con plástico: científicos colombianos descubrieron ese material en la placenta humana

Desde allí formuló una idea que atravesó toda su obra pedagógica: pensar no es un don espontáneo. “Uno nace sabido, todos sabemos pensar, pero es muy limitado... eso se puede desarrollar”. Por eso defendía una educación centrada en la argumentación, el análisis de falacias y el entrenamiento del razonamiento. “La matemática es muy formativa —afirmó—, desarrolla un pensamiento que no se adquiere repitiendo o memorizando”.

Al final de la entrevista, sintetizó su propio legado con precisión: “Entender la naturaleza humana desde el punto de vista evolutivo me parece el aporte más importante de los trabajos que yo he hecho”.

Club intelecto

Nuestros portales

Club intelecto

Club intelecto

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida