El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió a Colombia el pasado lunes 10 de agosto dejó una emergencia visible en cifras y escombros.
Pero hay otro impacto que no aparece en reportes oficiales. Es el que ocurre en quienes, aunque no estuvieran cerca del epicentro, llevan días sin poder dormir, sin dejar de revisar las noticias o sintiendo que algo malo está por suceder. La causa puede estar en la pantalla del celular, según advierten especialistas en salud mental.
Una persona no necesita haber vivido directamente el sismo para experimentar un impacto emocional, explica Cindy Fabiana Cordero Galindez, psicóloga especialista en Evaluación Clínica y Tratamiento de Trastornos Emocionales y Afectivos.
La repetición constante de noticias, imágenes y testimonios puede hacer que el cerebro interprete que la amenaza continúa presente y mantenga activo el estado de alerta de manera indefinida.
Ese estado de alerta prolongado tiene consecuencias concretas. Puede manifestarse como ansiedad, miedo, tristeza, irritabilidad, sensación de impotencia, dificultades para dormir o concentrarse, y una necesidad constante de revisar las noticias para comprobar si ocurrió algo nuevo.
También pueden aparecer imágenes mentales recurrentes o síntomas físicos como tensión muscular, dolor de cabeza y molestias gastrointestinales.
“Estas reacciones no significan necesariamente que exista un trastorno psicológico”, aclaró Cordero.
Durante los primeros días pueden ser respuestas esperables ante una situación dolorosa y llena de incertidumbre. Lo importante es observar qué tan intensas son, cuánto duran y cuánto comienzan a alterar la vida diaria.
La Organización Mundial de la Salud señala que el malestar psicológico es frecuente después de una emergencia y que para muchas personas puede disminuir con el paso del tiempo, sin que eso implique necesariamente una enfermedad mental.
Andrés Rozo, responsable de Salud Mental en Comfama, subraya que reconocer las reacciones emocionales esperables después de un desastre es el primer paso para gestionarlas.
Informarse sin quedarse atrapado
Mantenerse informado no es el problema. El problema es la sobreexposición.
La especialista propone una distinción concreta: hay una diferencia entre consultar actualizaciones de fuentes confiables, como el Servicio Geológico Colombiano para el monitoreo sísmico, y pasar horas deslizando imágenes de escombros y testimonios de víctimas sin ningún propósito práctico.
Una alternativa es elegir uno o dos medios, o canales oficiales, y revisar las actualizaciones en momentos determinados del día, en lugar de hacerlo cada vez que llega una notificación.
Cordero también recomienda evitar la reproducción repetida de videos explícitos e imágenes de personas heridas, y propone una pregunta sencilla antes de continuar deslizando la pantalla: “¿Esta información me ayuda a protegerme o ayudar a alguien, o solamente aumenta mi angustia?” Si no permite tomar ninguna acción útil, hacer una pausa es válido, dice.
La responsabilidad tampoco termina con lo que se consume. Compartir audios alarmistas, rumores o supuestas predicciones puede aumentar el miedo colectivo y extender el daño emocional más allá de quienes ya están afectados.
Lea también: China se suma a la ayuda internacional para Colombia tras el terremoto
¿Qué hacer con la angustia?
Cuando la angustia ya está presente, hay herramientas concretas. Una es realizar respiraciones lentas, procurando que la exhalación dure un poco más que la inhalación.
Otra es regresar la atención hacia el entorno inmediato mediante un ejercicio de cinco sentidos: identificar cinco cosas que se ven, cuatro que se pueden sentir mediante el tacto, tres sonidos, dos olores y un sabor.
El objetivo es volver al momento presente cuando la mente permanece concentrada en una posible amenaza.
También ayuda conservar, dentro de lo posible, rutinas relacionadas con el sueño, la alimentación y el movimiento, y mantener contacto con familiares, amigos o personas de confianza.
“Sentir miedo, tristeza o impotencia ante una tragedia es una reacción humana, no una señal de debilidad”, señaló Cordero.
¿Cuándo buscar ayuda?
Hay señales que requieren atención profesional: dificultades persistentes para dormir, pesadillas, sobresaltos frecuentes, pensamientos catastróficos, ataques de pánico o aumento del consumo de alcohol.
Si estas reacciones son muy intensas, no disminuyen con el tiempo o interfieren con la rutina, es recomendable buscar acompañamiento psicoterapéutico.
Cuando una persona expresa deseos de morir o hacerse daño, no debe quedarse sola y debe contactarse un servicio de urgencias. La Línea 106 es gratuita y está disponible las 24 horas.
Los afiliados a Comfama cuentan con la Red de amor, cuidado y salud mental. Para afiliados de categorías A y B, que ganan hasta cuatro salarios mínimos, las dos primeras citas son subsidiadas.
Para consultar contenido premium o profundizar sobre sus temas de interés de Medellín, Antioquia, Colombia y el Mundo, regístrese aquí.