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Candidatas a la Cámara en Antioquia: reman mucho más que los hombres

A pesar de que la ley obliga a que el 30% de las candidatas sean mujeres, los candidatos poderosos siguen siendo los hombres y los partidos les restan protagonismo.

  • De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Yulieth Sánchez, Hannah Escobar, Alejandra Sánchez, Verónica Estrada, Marcela Eusse, Yucelly Rincón
    De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Yulieth Sánchez, Hannah Escobar, Alejandra Sánchez, Verónica Estrada, Marcela Eusse, Yucelly Rincón
hace 53 minutos
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Como sabíamos que no podíamos entrevistar a los casi 170 candidatos a la Cámara de Representantes que hay en Antioquia para antes de las elecciones del 8 de marzo, tomamos una decisión que nos pareció salomónica: entrevistaríamos, por lo menos, a las cabezas de lista de cada uno de los partidos, movimientos o coaliciones. Sin embargo, rápidamente nos dimos cuenta de que, de hacerlo así, no íbamos a entrevistar a ninguna mujer, entonces cambiamos la estrategia.

Puede leer: ¿Sabe si su candidato al Congreso tiene líos? Los 195 cuestionados por la Fundación Pares

Si bien en Colombia la ley exige que en las listas para corporaciones públicas donde se elijan cinco o más curules (como el Senado en circunscripción nacional o la Cámara en departamentos grandes como Antioquia o Bogotá) deben estar conformadas por un mínimo del 30% de candidatos de uno de los géneros, eso no garantiza que a la hora de la elección las mujeres alcancen ese umbral, pues los partidos bien pueden ponerlas en la parte de abajo de la lista, donde tienen pocas posibilidades de quedar elegidas, o, aunque las pongan en puestos altos, no tienen la misma visibilidad, experiencia o recursos para hacer campaña.

En las pasadas elecciones legislativas en el Senado fueron elegidas 32 mujeres de las 108 curules, es decir, el 30%. Para la Cámara fueron 54 mujeres de los 187 escaños que hay disponibles, eso es el 29%. Así las cosas, el consolidado total de las mujeres en el Congreso fue del 29%, 10 puntos porcentuales más respecto a las elecciones del 2018, en las que el porcentaje de mujeres fue del 19%.Sin embargo, Antioquia estuvo por debajo de la media nacional: de los 15 senadores paisas solo cuatro eran mujeres: el 27%. En Cámara la disparidad fue peor: de los 17 escaños del departamento solo tres fueron para mujeres, es decir, el 18%, 11 puntos porcentuales por debajo del promedio nacional.

Lo preocupante es que, según las expectativas que tienen los líderes y expertos políticos, la situación de representación de las mujeres antioqueñas en el Congreso, salvo alguna sorpresa, no parece mejorar, pues aunque hay buenas candidatas en todos los partidos, la mayoría están relegadas y muchas son debutantes políticas compitiendo contra gamonales con plata y maquinaria.

Como si fuera poco, dentro de las pocas mujeres candidatas que hay con amplio reconocimiento y recursos, algunas están involucradas en casos de corrupción y clientelismo y otras no tienen una agenda que vele por los derechos y los intereses de las mujeres.

La doctora María Auxiliadora González Malabet, investigadora y profesora de Eafit, explica que hay una diferencia en la representación descriptiva, que es la de los números, y la sustantiva, que tiene que ver las agendas de esas mujeres. “Muchas veces legislan en contra de las mismas mujeres, para disminuir derechos o seguir proporcionando espacios inseguros. No importa si es izquierda o derecha, están llegando muy pocas mujeres con intención de una agenda en pro de las mujeres”, señala.

De acuerdo con la experta, la forma de hacer política en Occidente, desde sus orígenes, ha estado masculinizada, no solo por la presencia predominante de hombres sino también por las formas y los valores que se le atribuyen normalmente a la política: ser firme, fuerte, competitivo, gritar, ser agresivo con el contrincante.

“Las expectativas son que sea un candidato fuerte, firme, que hable duro. Mientras que con las mujeres esperamos todo lo contrario: que sean suaves, sumisas, tranquilas, que se vistan bien, que estéticamente tengan una armonía que no se le pide a los hombres. Ahí empezamos a ver una desigualdad en las expectativas que tienen los votantes”, explica González.

Para ella, además de ese sesgo de género que está bien arraigado hay otrso tres factores que hacen que la llegada de mujeres a posiciones de poder político sea más difícil. Por un lado, está la financiación de la campaña. “Tradicionalmente ganan los hombres y los partidos suelen financiar en mayor proporción a los candidatos hombres. Hay menos recursos para las mujeres, lo que dificulta la visibilidad de sus propuestas”.

En tercer lugar se encuentran las violencias políticas, pues, según González, múltiples estudios muestran que las mujeres en la política viven violencias mucho más complejas y con más matices. Hay más perpetradores: no solo el contrincante o grupos armados, sino también en el área privada (esposos, familiares), líderes religiosos, medios de comunicación y su propio partido político. “He hecho investigaciones y algo generalizado es la violencia que reciben dentro de su mismo partido. Hay violencia psicológica, económica, simbólica y física”, asegura.

Finalmente, está la sobrecarga de las labores del cuidado, algo de lo que generalmente los hombres no suelen preocuparse. “Ahora imagínate una candidata buscando votos 24/7. ¿Quién cuida de quienes dependen de ella? Muchas enfrentan la disyuntiva de “o cuido o soy candidata”, porque cuidar implica tener solvencia económica para contratar ayuda”, concluye la experta.

Veamos los nombres: de las tres representantes actuales que tiene el departamento —María Eugenia Lopera (Liberal), Susana Gómez (Pacto Histórico) y Yulieth Andrea Sánchez (Centro Democrático)— solo una, Sánchez, va a repetir, pues Lopera está aspirando al Senado y Gómez no volverá a aspirar.

Sin embargo, se espera que el Pacto Histórico sí tenga a otra mujer en la Cámara, pues es el único partido que hizo una lista cremallera en la que los candidatos hombres y mujeres están intercalados. La primera mujer de esa lista es Verónica Estrada, una novata y desconocida en la política que increíblemente (incluso para los miembros del partido) logró sacar 7.000 votos en la consulta previa del Pacto. Los votos de Estrada estuvieron principalmente en el Bajo Cauca, de donde son los habitantes que ella dice representar. Estrada promete llegar al Congreso para defender a los mineros artesanales y asegura que la seguridad y la salud en el departamento están ahora, gracias al presidente Petro, mejor que antes.

En el Partido Conservador, que es el segundo mayor elector en el departamento después del Centro Democrático, tampoco hacen cuentas con ninguna mujer. La plata y los votos parecen ya todos repartidos entre los viejos y los nuevos caciques, todos hombres. Situación similar ocurre en el Partido Liberal e incluso en Creemos, donde, si bien la cabeza de lista al Senado es Juliana, la hermana del alcalde Gutiérrez, en Cámara solo los hombres están ilusionados.

En Cambio Radical sí podría haber sorpresa, pues el actual representante Mauricio Parodi esta vez no la tiene fácil para repetir. En la lista está compitiendo con Nátaly Vélez, una mujer que, aunque cuestionada por sus saltos políticos durante la administración de Daniel Quintero, tiene poder electoral y podría quitarle la silla.

Otra lista que podría abrirle más espacio a la voz de las mujeres en Antioquia es la de la Coalición Ahora Colombia, conformada por el Nuevo Liberalismo, Dignidad y Compromiso y el Partido Mira. En esta, aunque la cabeza de lista es un hombre, los puestos dos y tres son mujeres con oportunidad de llegar. Primero está Hannah Escobar, que se ha hecho famosa por sus debates y defensa del sistema de salud, el que es quizás el tema que más le preocupa a los electores este año, después de la seguridad. Luego está Marcela Eusse, la única candidata del Mira en el departamento y donde el movimiento cristiano espera que estén los votos de buena parte de sus fieles. En todo caso, no deja de ser una lista nueva sin grandes nombres y maquinarias, que primero tendrá que superar el umbral para empezar a hacerse contar.

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