El 12 de marzo de hace dos años, mientras el país seguía minuto a minuto la votación en la Corte Suprema que definiría a la nueva fiscal general, en la Casa de Nariño el ambiente era de expectativa. Cuando se confirmó el nombre de Luz Adriana Camargo, el presidente Gustavo Petro celebró la decisión y habló de un “viraje” necesario para la Fiscalía, de la posibilidad de convertirla en una institución más “pulcra”.
El mensaje sonaba a punto de partida. Después de una relación tormentosa con el anterior fiscal, el Gobierno veía en Camargo la oportunidad de bajar el tono de la confrontación.
Dos años después, el clima es otro. La expectativa de sintonía dio paso a la incomodidad. Desde el Gobierno han surgido cuestionamientos sobre el ritmo y el enfoque de algunas investigaciones, mientras la fiscal ha insistido en que su despacho actúa con autonomía y sin interferencias políticas.
Al final, la Fiscalía tomó un camino de independencia frente al poder presidencial, y ese viraje, que en su momento fue celebrado, hoy parece generar incomodidad en el propio mandatario que lo impulsó.
Si algo demostraba la historia política reciente era que lo excepcional no habría sido el distanciamiento, sino la permanencia de los elogios. Petro no ha sido un presidente de relaciones largas, ni siquiera con sus aliados más cercanos. El ir y venir de más de 60 ministros en lo que va de su gobierno es prueba de una dinámica marcada por el desencanto rápido y los giros bruscos. Bajo esa lógica, la relación con la fiscal no estaba blindada. Tarde o temprano, el pulso iba a aparecer.
El primer atisbo público se produjo el 25 de marzo de 2025. En un Consejo de Ministros televisado, escenario que el mandatario ha convertido en tribuna política, sorprendió al cuestionar abiertamente el desempeño de Luz Adriana Camargo. Habló de una Fiscalía “paralizada” frente a los grandes casos del país. Mencionó investigaciones sensibles como el escándalo de corrupción en la UNGRD y el proceso contra Diego Marín Buitrago alias Papá Pitufo.
En ese momento sugirió que los expedientes avanzaban con lentitud y que el país esperaba resultados más contundentes.
“Hay que conversar con la fiscal que pasa porque esa entidad está para descubrir estas cosas, porque estos son delitos que el presidente ya no puede investigarlos. Yo puedo actuar en lo investigativo, pero la investigación es de jueces y fiscales. Pero si los jueces y fiscales lo que están haciendo es investigar a favor”, indicó el Mandatario.
Lea también: ¿Coincidencia o reacción? La Fiscalía acelera procesos en pleno escándalo de ‘Calarcá’
Camargo, sin embargo, no respondió en el mismo tono. Si algo ha caracterizado su gestión es la prudencia. En varios sectores , incluso entre críticos, la han llamado “la fiscal silenciosa”. No ha buscado protagonismo ni ha convertido las fricciones en espectáculo. Ha mantenido la discreción como método y frente a las embestidas públicas, ha enviado recordatorios sobre la autonomía del ente acusador.
Otro episodio que marcó distancia fue la investigación por el magnicidio del senador Miguel Uribe. La falta de resultados inmediatos y la ausencia de responsables identificados abrieron espacio a especulaciones. El presidente, desde sus redes sociales, lanzó hipótesis propias sobre lo ocurrido, planteó teorías y hasta anunció que solicitaría apoyo internacional para fortalecer la investigación. Las declaraciones generaron ruido y, según voces cercanas al proceso, complicaron el manejo de información reservada.
La fiscal reaccionó con firmeza inusual. Pidió al mandatario abstenerse de interferir en las investigaciones, evitar comentarios que pudieran afectar el curso del caso y dejó claro que la Fiscalía no necesitaba respaldo externo para cumplir su labor. Fue un momento en el que la tensión se volvió frontal. “Es bueno tener claras las compentencias”, dijo en ese momento Camargo.
Pero el verdadero punto de quiebre llegó con la política de “paz total”. Petro ha intentado sostener su apuesta por negociaciones amplias con grupos armados, incluyendo beneficios judiciales para máximos cabecillas. En varios casos, la Fiscalía se convirtió en un muro jurídico que frenó decisiones que, a su juicio, excedían el marco legal.
Para el presidente, esa postura fue leída como falta de alineación. En la red social X insinuó que el Gobierno había “perdido el apoyo” de la fiscal —como si ese fuera su rol— y vinculó esa supuesta distancia con temores personales de la funcionaria frente a posibles sanciones internacionales.
En ese momento, el jefe de Estado ubicó a la fiscal como un obstáculo para la implementación de salidas jurídicas en zonas donde avanzan diálogos regionales con el grupo criminal al mando del disidente alias Calarcá. “Debe avanzar en la solución sociojurídica del conflicto armado (...) La paz siempre es el objetivo”, escribió.
En diciembre, el choque volvió a escalar cuando Petro cuestionó públicamente que la Fiscalía no hubiera solicitado la extradición desde España de alias ‘Mono Gerley’, señalado como presunto lavador de activos del ELN. El presidente habló de prioridades equivocadas en la lucha contra el crimen organizado y sugirió que se repetían prácticas del pasado.
Conozca: Fiscal Camargo le responde a Petro: “La Fiscalía no está instituida para prestarle apoyo al Gobierno” | El Colombiano
La fricción más reciente ocurrió en Montería, durante un Consejo de Ministros en medio de la emergencia invernal. Allí, el presidente lanzó nuevas críticas al vincular a la fiscal con un presunto anónimo que involucraba a su esposo y al precandidato Abelardo de la Espriella.
“Solicitamos una investigación formal y que se le aclare a la opinión pública si existe algún vínculo entre el cónyuge de la fiscal general de la nación y el abogado candidato Abelardo de la Espriella que consistiría en el desarrollo de unos falsos positivos judiciales para encarcelar miembros del gobierno”, se lee en el trino.
Y casi de inmediato, añadió: “... De la fiscal que hace alianzas con candidatos presidenciales... Dicen ahora... Para ver cómo nos coge presos para que gane uno de los responsables de la represa de Urrá”.
Petro seguro no contaba con que Camargo, que venía de trabajar con su amigo Iván Velásquez, exministro de Defensa, marcaría distancia, como es apenas obvio en un país democrático. De ahí que la luna de miel durara poco y que lo que comenzó con aplausos y expectativas de sintonía terminara convertido en una relación vigilante, marcada por desconfianzas públicas y recordatorios constantes de autonomía.
Eso sí, Petro, fiel a su estilo, ha llevado las diferencias al escenario abierto. Camargo, en contraste, ha respondido con contención.