Aun cuando es senadora de la República, integrante del partido de gobierno y una reconocida líder indígena, Aida Quilcué sigue sufriendo en carne propia los embates de la guerra que no cesa en Cauca.
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La senadora del Pacto Histórico habló con EL COLOMBIANO pasadas 24 horas de su retención en Cauca. Pese a su caso, defendió que no falta intención del Gobierno para hacer la paz, sino falta voluntad de los armados.
Aun cuando es senadora de la República, integrante del partido de gobierno y una reconocida líder indígena, Aida Quilcué sigue sufriendo en carne propia los embates de la guerra que no cesa en Cauca.
La congresista fue víctima de un secuestro por parte de grupos armados, al parecer, la estructura Dagoberto Ramos de las disidencias de las Farc, las mismas que hace más de un año –al mando de alias ‘Iván Mordisco’– estaban sentadas dialogando la paz con el Gobierno de Gustavo Petro.
En diálogo con EL COLOMBIANO, Quilcué habla del miedo y la zozobra que generó la retención, lamenta que sume más de dos décadas recibiendo amenazas y reconoce que aún no la ha llamado el presidente para hablar de lo ocurrido.
Pese a que en su caso hubo un desenlace feliz, admite que en la región se libra una guerra; sin embargo, hace una defensa irrestricta a la cuestionada política de paz total del Ejecutivo.
Nos interceptaron hombres armados y nos llevaron a un sitio en el páramo. Yo me movilizaba con mi esquema de seguridad, con dos hombres de protección.
Ellos estaban en la vía, eran varios. No hubo una señal de pare. Estaban armados y nos pararon. Esto no fue voluntario, nos obligaron a parar.
Nos bajaron de una y nos llevaron. Me dijeron que había que esperar y nada más.
No sé, no sabría decirle en este momento, porque las circunstancias no son fáciles.
Porque ellos mismos se identificaron como disidentes, según comentaron los hombres de seguridad.
En el momento en que nos retuvieron ya había un riesgo.
La Guardia Indígena es un actor civil, se dedica a salvar y proteger vidas y el mismo territorio de la mano de autoridades indígenas. Todo ello, en el marco de la Jurisdicción Especial Indígena. Es un mecanismo que ha contribuido y lo que han hecho conmigo, lo han hecho con otros compañeros que son de este proceso.
Muchas veces, llevo 20 años con amenazas.
El Gobierno ha tenido las mejores intenciones para construir la paz y nosotros como congresistas hemos legislado a favor de la paz. Lo que vemos es que no hay voluntad por parte de los actores armados de querer avanzar en esa paz. Lógicamente también son muchos factores que afectan la situación del Cauca. Esto lo padecen las comunidades indígenas y el suroccidente colombiano. Se requieren medidas urgentes y reforzar las que ya están en marcha.
No, aún no.
Hemos hecho muchas propuestas y necesitamos conversar alrededor de eso. Necesitamos estar pendientes de lo que se pueda hacer.
Desescalar la guerra no solo se hace combatiendo. Se requiere atacar el problema estructural, que es la pobreza y las mafias. Esto no es un conflicto armado ni una guerra aislada. Hay que seguir con los esfuerzos de la paz.
No lo diría de la misma manera. Este ‘Gobierno del Cambio’ no es solo Petro. Es un proyecto político por el que hemos apostado los pueblos indígenas más allá del presidente. A nosotros no nos han asesinado ahora, es desde hace miles de años. Esta guerra es milenaria, tras el conflicto de 50 años y ahora tras el posacuerdo (de paz). No es solo un asunto de este gobierno, es de muchos gobiernos.
En otras épocas se mataba de manera legal, como hicieron con mi esposo, pero esa situación tiene que cambiar para el país.