En medio de la temporada invernal, debido a las inundaciones en algunos casos, el agua ya no da vida, sino que la quita. Y es que en las llanuras de Córdoba, Sucre y el Urabá antioqueño, el líquido que antes alimentaba los pastizales para los animales se ha transformado en un fluido oscuro y letal que expertos han denominado “aguas tóxicas”.
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Desde comienzos de 2026 y ahora hasta finales de febrero, según entidades oficiales, la crisis climática, además de ser una amenaza de inundación, se convierte en una emergencia sanitaria y química que amenaza con aniquilar el patrimonio ganadero de la región.
El panorama meteorológico en Colombia presenta actualmente un escenario de alta inestabilidad, según los expertos, luego de que en varios lugares del país como Medellín, Bogotá, Tolima, Córdoba, los santanderes, entre otros, se vieran episodios de fuertes lluvias que generaron graves emergencias.
Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam Colombia), la temporada actual estará marcada por una abundante nubosidad y precipitaciones que oscilan entre moderadas y fuertes, acompañadas en diversos puntos por tormentas eléctricas.
Por eso la entidad especializada detalló a nivel país que durante este mes de febrero también habrá lluvias en diferentes cantidades, contando con bastante precipitación y humedad, por lo que esperan que todo cambie para marzo, dependiendo del monitoreo.
La descomposición del ecosistema: el asedio de las enfermedades
Este fenómeno es el resultado de una reacción en cadena biológica. Según los reportes técnicos de la zona, la inundación masiva ha atrapado a miles de animales, cuyos cadáveres, al no ser rescatados, inician un proceso de “descomposición orgánica masiva” dentro de los mismos reservorios de agua.
Este escenario libera bacterias como E. coli y toxinas botulínicas en un ambiente de hipoxia, donde el exceso de material vegetal podrido consume el oxígeno, dejando solo un rastro de aguas negras e imbebibles para cualquier ser vivo.
A este cóctel orgánico se suma el factor antropogénico. El desbordamiento de los ríos ha arrastrado hacia los potreros residuos de agroquímicos y metales pesados, como mercurio y plomo, provenientes de las zonas de minería en el Bajo Cauca y Córdoba.
El ganado que logra mantenerse en pie sobre las zonas altas no está a salvo. Según la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), el hacinamiento y la humedad extrema han disparado los casos de patologías letales. Las autoridades han identificado los siguientes frentes críticos.
- Leptospirosis: propagada por la orina de roedores que migran a los mismos refugios secos que los bovinos.
- Ántrax y Clostridiosis: el movimiento de sedimentos ha removido esporas latentes en la tierra, activando brotes bacterianos.
- Enfermedades podales: la permanencia prolongada en el lodo genera dermatitis y pudrición de la pezuña, inmovilizando a los ejemplares.
El balance de la crisis hasta ahora
Al 10 de febrero de 2026, las cifras reflejan la magnitud del desastre en todo el país. Se estima que más de 315.000 bovinos se encuentran en riesgo crítico en Antioquia y Córdoba, según un reciente informe de Reportes de Sanidad Veterinaria Regional Córdoba-Antioquia.
Asimismo, hasta la fecha, otros informes también han verificado la muerte de 1.200 reses en las últimas dos semanas, mientras que 140.000 hectáreas de pastos permanecen sumergidas, detallaron desde el Sistema de Alerta Temprana de La Mojana.
Por otro lado, la escasez de forraje ha obligado al uso de suplementos que, debido a la humedad del ambiente, presentan riesgos de contaminación por micotoxinas, lo que pone aun así en alerta a los ganaderos en el país.
Hasta ahora, la situación ha escalado a un problema de salud pública, ya que las aguas contaminadas por la descomposición animal y los químicos podrían llegar a filtrarse en los acueductos veredales que utiliza la población civil.
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