La primera autoridad en llegar al sitio acordona la escena del crimen para alejar a los más curiosos. Luego llegan los del overol blanco, técnicos del CTI o de la Sijín, que revisan el cadáver y tratan de proteger el material probatorio mientras otros abordan a los testigos. Cuando consideran que las evidencias recolectadas sobre la víctima, el tipo de arma y los posibles móviles son suficientes, empacan el cadáver y lo montan en el vehículo rumbo a Medicina Legal.
En cuestión de una hora todo vuelve a la normalidad. Queda el murmullo de la comunidad y el llanto de los familiares de la víctima, cuando alcanzan a llegar. En lo que va del año, Medellín vivió esta escena una vez cada 13 horas: en los primeros seis meses de 2018, 323 personas fueron...