El Águila Descalza abrió una nueva puerta a su universo con el Museo del Fútbol, una colección de piezas memorables sobre la historia de este deporte y su impacto en la memoria colectiva de los colombianos.
La muestra incluye archivo fotográfico sobre la historia del fútbol en Medellín, desde los primeros equipos, las canchas que aparecieron en los barrios y la construcción del estadio. También hay colecciones de revistas, camisetas, buzos de jugadores de la selección Colombia, entre otras cosas.
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–El Museo del Fútbol empieza con la colección de revistas, artículos y objetos que yo fui recolectando durante toda mi vida. Yo siempre he sido un recolector de todo, pero el fútbol fue una de mis primeras aficiones –dice Carlos Mario Aguirre, sentado en el Solar del Águila, la casa cultural que abrieron hace un par de años en Prado y que hoy aloja al museo.
Carlos Mario colecciona desde niño. Tenía más o menos cinco años cuando empezó a guardar papeles, tuercas, cosas, un poco de todo. En esa misma época –mediados de los años 60– fue por primera vez al estadio con su papá. Entraron gratis, porque en ese entonces abrían las puertas al final de los partidos y dejaban entrar a la gente. El primer equipo que vio fue a Nacional y se aficionó. Entonces empezó a coleccionar cosas de fútbol, sobre todo revistas. Era más bueno coleccionando que jugando.
–Yo no sabía jugar porque yo el fútbol lo abandoné desde temprano. Mi papá y yo jugábamos en Aranjuez. Él me compró una pelota roja y salíamos a patearla ahí en la calle, y yo le pegaba unos puntazos a la pelota y lo ponía a mi papá a trotar. Y a mí me daba una risa verlo, y él se emputaba. Entonces, bueno, el fútbol para mí fue una calamidad. Cuando llegué al Colegio de San José y quise jugar, todo el mundo decía: “no, el negro no, es muy tronco” –recuerda Carlos Mario.
Ahí en el colegio conoció a Hernán Darío Gómez, ‘el bolillo’, y con él empezó a jugar en la selección colegial, después de hacer un curso intensivo de fútbol con los amigos del barrio Sevilla, durante unas vacaciones. Jugaban contra los limpiadores de carros de Tax San Pedro, la flota de taxis que estaba donde hoy es el Jardín Botánico.
–Yo le decía al Bolillo: “Hernán, yo tengo un problema, es que cuando jugamos aquí en el colegio, yo soy el putas, pero cuando llego el sábado a jugar el partido con la otra gente yo no soy capaz, yo no se que me pasa a mí en la cancha”. Y él me digo, “Negro, es que usted el sábado entra a la cancha como un colombiano. ¿Ha visto cómo entro yo? Yo entro como un argentino”.
Esa anécdota, Carlos Mario se la contó a Cristina años después, cuando fueron a Tel Aviv para ver el partido Israel vs. Colombia por el repechaje para el Mundial de Italia 90. Y Cristina escribió una crónica del viaje, de la gente que fue a acompañar a la selección. Había de todo: mafiosos, chanceras, vendedores ambulantes.
–Al final de la crónica hablaba de cómo ya los jugadores colombianos habían cogido como esa valía propia de lo criollo y no necesitaban entrar a la cancha como argentinos, sino como colombianos –dice Cristina.
El día del partido se vieron con Maturana, le dieron la crónica y él se la leyó a los jugadores antes de salir a la cancha, esa fue la charla técnica.
De la relación de Carlos Mario y Cristina con la selección en esos años quedaron muchos recuerdos que hoy hacen parte de la colección del Museo del Fútbol; casi que cada anécdota se traduce en un objeto, en camisetas, en los característicos buzos que René Higuita solía usar. René es el corazón del fútbol que le gusta a Carlos Mario, el fútbol del gasto inútil, el de antes, que todavía era juego, antes que rendimiento, productividad, dato, apuesta.
–René era un genio, yo nunca me canso de decirle. Y le decía en estos días a Cristina: “Nunca volveremos a ver un tipo de estos, nunca”. Yo recuerdo a ese hombre contra esos alemanes, saliendo a jugar sin miedo, y con ese orgullo y esa cosa que teníamos nosotros –dice Carlos Mario.
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El fútbol ya no es eso. Pero queda el Museo del Fútbol para recordarlo.
La entrada al museo es de entrada libre. Estará abierto de jueves a sábado desde las 2:00 p.m. Además del museo y la casa donde está ubicado, que es en sí misma una obra de arte, en el Solar también hay cine, teatro, charlas e incluso las obras de arte de Carlos Mario, una faceta no tan conocida de su trabajo.
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