Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Así narró EL COLOMBIANO en 1985 la noche en que Willie Colón terminó en la cárcel en Medellín

La leyenda de la salsa, que falleció este fin de semana, estuvo preso en Medellín. Con esto, compuso la canción Especial N.° 5. Esta es la historia.

  • Esta la fotografía que Willie Colón se tomó junto a su orquesta cuando estuvieron presos en Medellín. FOTO: Cortesía
    Esta la fotografía que Willie Colón se tomó junto a su orquesta cuando estuvieron presos en Medellín. FOTO: Cortesía
  • El trino que publicó Colón en 2021 con su fotografía en la cárcel de Medellín. FOTO: Captura de pantalla
    El trino que publicó Colón en 2021 con su fotografía en la cárcel de Medellín. FOTO: Captura de pantalla
  • Así quedó el coliseo Iván de Bedout en 1985 tras la no presentación de Willie Colón y su orquesta. FOTO Archivo EL COLOMBIANO
    Así quedó el coliseo Iván de Bedout en 1985 tras la no presentación de Willie Colón y su orquesta. FOTO Archivo EL COLOMBIANO
hace 1 hora
bookmark

Sillas metálicas volando como proyectiles. Lámparas disparadas contra el vacío. Golpes, piedras, caos y terror. La noche del 5 de septiembre de 1985, el Coliseo Iván de Bedout de Medellín dejó de ser escenario deportivo para convertirse en campo de batalla. En el centro de la tormenta quedó Willie Colón, el salsero al que apodaban el “Malo del Bronx”, una figura que ya era leyenda viva de la salsa brava.

Lea: Rubén Blades despide a Willie Colón: “Me resistía a creer”

Eran tiempos convulsos en la ciudad. Medellín comenzaba a sentir el estremecimiento de los carteles y la violencia que años después se desbordaría en sangre y llanto. Aquella noche, lo que prometía ser una fiesta de salsa dura —de esas que retumbaban de cuadra en cuadra en las comunas y que marcaban el pulso juvenil— terminó reducida al eco en clave de las palmas impacientes de más de 9.000 personas que asistieron al concierto que nunca fue.

El cartel musical tenía como protagonista a Willie Colón y su orquesta. El trombonista neoyorquino, que había hecho de la calle y del barrio una épica sonora —como si cada disco fuera un capítulo de El Malo—, pasó de ser ídolo a convertirse en problema de orden público. La noche avanzó y el descontento se extendió más allá del coliseo, salpicando barrios periféricos con la frustración de un público que se sintió plantado.

Explosión... no musical

“¡Explotó la ‘salsera’ del diablo!”. Así tituló EL COLOMBIANO en su edición del 7 de septiembre de 1985 este episodio que bien pudo llamarse La gran fuga, pero sin música. La periodista Margarita Inés Restrepo SantaMaría, quien cubrió la noticia, relató cómo desde temprano el viejo Iván de Bedout estaba abarrotado.

El espectáculo, anunciado para las 7:30 p. m., se postergó primero para las 8:00 y luego para las 9:00. A esa hora, tampoco comenzó. La paciencia se agotó. Y fue hacia las 10:30 p. m. cuando se produjo la descarga, pero no la que esperaban los bailadores. Como si el espíritu rebelde de las carátulas setenteras de Colón hubiera saltado del vinilo al cemento, el escenario deportivo terminó convertido en zona de guerra.

La crónica recogió escenas que parecían escritas con trombón y pólvora: “Se interrumpió el amacise de bailarines que podrían disputar un concurso de salsa. Las parejas rumberas se soltaron. Las sillas metálicas se abrazaron en el aire. Lámparas disparadas. Golpes en las vallas de metal. Patadas. Vidrios quebrados. Gafas en el suelo. Ojos atemorizados. Caras sucias. Botellas de aguardiente surcaron el espacio. Parlantes y varillas se mezclaron. Tablas del escenario perdieron su puesto. Los ‘in’ y el pueblo se confundieron para expresar su rabia”.

El trino que publicó Colón en 2021 con su fotografía en la cárcel de Medellín. FOTO: Captura de pantalla
El trino que publicó Colón en 2021 con su fotografía en la cárcel de Medellín. FOTO: Captura de pantalla

Caos musical

Como una orquesta desafinada, la tragedia tomó el compás. Willie Colón nunca apareció en escena. Versiones posteriores hablaron de incumplimientos contractuales por parte de los empresarios. Lo cierto es que el montaje dispuesto para el concierto terminó convertido en parte del arsenal improvisado que cruzaba de un lado a otro del coliseo.

Saltó la bronca y ardió la indignación. Ni el aguacero que caía sobre Medellín logró enfriar los ánimos. La ausencia del artista se convirtió en detonante. “El fantasma llegó e hizo estragos”, escribió la cronista. Y mientras los asistentes exigían respuestas, en el aire flotaban versos que parecían anticipar el episodio: “Cuidado en la calle, cuidado en la acera... que te andan buscando, por tu mala maña de irte sin pagar”.

Colón estaba en la ciudad y tenía disposición de cumplirle al público, según su entorno. Sin embargo, no se presentó en el Iván de Bedout. Nunca subió al escenario. En cambio, terminaría esa noche en una celda, acusado por los desmanes que desató su ausencia. La ironía era brutal: el hombre que había cantado las crónicas del barrio ahora protagonizaba una.

La reseña policial

El entonces comandante de la Policía Metropolitana, el coronel Miguel Carillo García, ordenó la captura de Willie Colón y de toda su orquesta, que se encontraba hospedada en el Hotel Nutibara, en el centro de la ciudad.

Los trasladaron a las dependencias del extinto F2 y los recluyeron en la celda número 5. Allí fueron reseñados como responsables de los disturbios ocurridos en el coliseo y sus alrededores. El informe oficial habló de pérdidas cercanas a cinco millones de pesos en mobiliario y equipos. Para las autoridades, la situación no podía quedar impune.

Por su parte, Colón y sus músicos señalaron como principales responsables a los empresarios Geovanny Ulloa y Darío Rendón, contratistas del espectáculo. La disputa de versiones quedó servida, como en un duelo de trombones.

Pese a la tensión del momento, el salsero asumió el episodio con humor. Posó para una fotografía que con el tiempo se volvería icónica en Medellín: Willie Colón, detenido, sonriente, convertido en noticia. Aquella imagen alimentaría después las anécdotas jocosas que contaría en conciertos posteriores en la capital antioqueña, como quien transforma la caída en coro.

Así quedó el coliseo Iván de Bedout en 1985 tras la no presentación de Willie Colón y su orquesta. FOTO Archivo EL COLOMBIANO
Así quedó el coliseo Iván de Bedout en 1985 tras la no presentación de Willie Colón y su orquesta. FOTO Archivo EL COLOMBIANO

Especial N°5

De esa experiencia nació Especial N.° 5, una pieza pegajosa en la que Willie Colón convirtió su paso por prisión —cerca de 20 horas— en relato musical. La gestión para lograr su libertad incluyó gestiones diplomáticas desde la Embajada de Estados Unidos en Bogotá y el consulado en Medellín, lo que dio al episodio un tinte aún más singular.

Compuesta e interpretada por el propio Colón, la canción construye una escena que parece extraída de un parte oficial, pero con un tono crítico e irónico. La letra narra la captura del grupo, señalado como “uno de los grandes peligros para la comunidad”, según la declaración del coronel Carillo García, quien aspiraba a general.

El reporte habló de daños al salón, destrucción de instrumentos, apropiación indebida de dinero y agresión a la autoridad. El señalamiento fue tajante: se trataba de un grupo llegado desde Bogotá —punto de arribo del artista y su orquesta— que habría defraudado al pueblo.

Infográfico
Así narró EL COLOMBIANO en 1985 la noche en que Willie Colón terminó en la cárcel en Medellín

Pero la canción no se queda en la versión institucional. Presenta a los detenidos sin un banco para sentarse, tomando refrescos en bolsa, sin comida, sucios, cansados, tras 20 horas de espera y sin permitirles hacer una llamada.

Mientras el coronel enfatizó los delitos y pareció capitalizar la captura como un mérito personal, la letra insiste, casi como una letanía, en los cargos. Sin embargo, el retrato humano de los músicos siembra dudas sobre la proporcionalidad del castigo. La frase repetida “amor con amor se paga” funciona como cierre irónico y como crítica velada al trato recibido.

Así, lo que comenzó como un concierto frustrado terminó convertido en crónica urbana y, más tarde, en canción. Medellín tuvo su noche sin trombones, y Willie Colón encontró en la celda número 5 un nuevo escenario. Porque, como en sus mejores historias, del caos también supo hacer música.

Club intelecto

Nuestros portales

Club intelecto

Club intelecto

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida