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¿Transparencia electoral?

Es como si retrocediéramos a los comienzos del siglo XX, cuando el fraude era la moda en las elecciones.

hace 1 hora
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  • ¿Transparencia electoral?

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

Mientras en el país la refriega política se calienta con las divisiones de la izquierda entre Cepeda y Roy, y las derechas experimentan luchas solapadas que dificultan acuerdos antes de la primera vuelta que las conduzcan a reconquistar de una vez el poder, la posibilidad de hacer elecciones libres se aleja. Tanto izquierda y derechas están inmersas en una feria de vanidades, patentadas a través de unas consultas partidistas en las que abundan ambiciosos personajes que solo participan en ellas para financiarse a costa del Estado -dineros salidos de los bolsillos de los contribuyentes- a través de la onerosa como alcahueta reposición de votos, así como otros que participan por las ganas desenfrenadas de figurar para valorizar lo poco que obtengan en las urnas y negociar su apoyo con los ganadores. La turbiedad pareciera ser el signo en la emulación política colombiana.

En tanto este bochornoso, y hasta pintoresco por lo cantinflesco espectáculo transcurre, la Defensoría del Pueblo alerta sobre zonas del país en donde hay que pedir permiso a los grupos ilegales, quienes ejercen plena jurisdicción territorial, para poder entrar, no solo la autoridad competente cuyo tránsito está vedado y sometido a retenciones infamantes, y a las que llevan ayuda humanitaria a los territorios abandonados por el Estado, sino a organizaciones políticas para promocionar a sus candidatos. La Misión de Observación Electoral calcula en más de 340 municipios -el 30% del territorio nacional- los que están en riesgo por fraude electoral, sometidos a presiones de los grupos sediciosos. Es como si retrocediéramos a los comienzos del siglo XX, cuando el fraude era la moda en las elecciones. La transparencia electoral parece ser una utopía.

En el debate electoral también aparece otro actor no descartable, el sicariato. Ya cobró la vida de Uribe Turbay. Según informe de El Tiempo, creció un 40% entre los años 2015 y 2025. Tales estructuras se alimentan de rentas criminales. “El comercio ilegal de armas es fluido y el sistema carcelario y penitenciario es débil y no pocas veces corrupto. Hay hacinamiento, ineficiencia y corrupción”, dice el mismo informe. Y agrega: “El 80% de los establecimientos carcelarios son inadecuados y se violan toda clase de derechos humanos”. Desde allí operan grupos extorsivos. En ese ambiente regido por lo insólito, dentro de un país de paradojas y una democracia anacrónica, el país estará acudiendo a las urnas en menos de un mes.

P.D.: En el largo conflicto colombiano -y aquí sí que se comprueba el pensamiento de Spengler de que “la guerra es la partera de la historia”- muchas familias no han tenido reparación alguna, ni se les ha hecho justicia. Ha sido una guerra a muerte tan degradada como la que 200 años atrás le declaró Morillo a los neogranadinos en su frustrada reconquista. La lucha armada colombiana de mediados del siglo XX y lo que va del primer cuarto de siglo del XXI ha dejado, y sigue dejando, miles de víctimas, lo que suscitó en algún momento que naciones vecinas y algunos organismos internacionales nos consideraran miembros del penoso club de países parias.

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