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Out To Lunch

Con el nuevo gobierno dispuesto a enfrentar la crisis de manera racional y no superficial, se acabó el Out To Lunch.

hace 0 minutos
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Por Carlos Enrique Cavelier - opinion@elcolombiano.com.co

Los columnistas Thierry Ways, en El Tiempo y Andrés Caro, en La Silla Vacía, se pronunciaron en días pasados sobre cuál es la agenda crítica del país: cada uno recalcó que tenemos que volver a ocuparnos de lo importante y poner lo urgente a un lado. Me uno a sus inquietudes estructurales.

Obviamente, las cuatro crisis que hoy ocupan la agenda presidencial son una paradoja ante los retos estructurales por indelegables e inaplazables: el déficit fiscal, el estado lamentable de la salud, el impacto de los grupos armados en muchas regiones, y El Niño con su efecto sobre el ya existente déficit energético, todos derivados de la insuficiente gestión del gobierno anterior.

Los anglosajones usan una expresión para alguien ausente de una reunión crítica: deja en la puerta de su oficina el letrero “Out To Lunch”. Mejor dicho: ¿y este? -se preguntan. Se fue tranquilamente a almorzar, como si nada...

Pues así parece que hubiéramos desde la pandemia, pasando por el paro de 2021 y el gobierno pasado: salimos -exhaustos- a almorzar. Pero con el nuevo gobierno dispuesto a enfrentar la crisis de manera racional y no superficial, se acabó el Out To Lunch. Por eso tenemos que traer un debate obvio y que nos atañe hacia el futuro: el de la inteligencia artificial: ¿nos quedamos con su visión pesimista, la de cientos de miles de pérdidas de empleos y el virus autónomo que liquida a la humanidad? ¿O con la optimista, la del impresionante crecimiento de la economía impulsado por la posibilidad de un evento de singularidad? ¿Cómo nos afectan a nosotros, un país de ingreso medio? El empleo, las nuevas tecnologías creadas en base a ella. Son cientos de preguntas.

O el impacto del calentamiento global, siendo uno de los países cuyo clima se verá más afectado por ese fenómeno. ¿Cómo redunda esto en nuestra aspiración de ser el segundo Brasil, con nuestro enorme potencial, no solo en la Orinoquia sino en el resto del campo colombiano?

O, más acá, el debate de cómo reducir la informalidad laboral de manera vertical en las ciudades, con pilotos que ya deberían estar andando. ¿O cómo reducir las tasas de NINIs (jóvenes que Ni estudian Ni trabajan), como lo ha hecho la Fundación Luker en Manizales con su programa “La Universidad En Tu Colegio”?

Y sobre el debate de lo identitario de las personas en pobreza y con hambre. Este último es resoluble con esfuerzos no demasiado costosos, pero sí con gran voluntad política de los tres niveles de gobierno: nacional, departamental y municipal. En este frente, el avance de Bogotá durante la administración Galán ha sido enorme: la inseguridad alimentaria grave cayó a la mitad, de 2,8 % a 1,4 % en 2025, y la inseguridad alimentaria total, de 21,2 % a 9,6 % (unas 979 mil personas han salido de esa condición). En niñez, los casos de desnutrición aguda en menores de 5 años bajaron de 6.418 en 2020 a 3.418 en 2024.

Según el secretario de Integración Social, Roberto Angulo, esto se ha logrado con una mezcla de tres estrategias: “1) Combinación inteligente de canales (transferencias, bonos y comedores); 2) focalización intraurbana: localización de los comedores comunitarios; y 3) apalancamiento en toda la red de servicios de integración social.”

O simplemente también volvamos al arte, que renueva el espíritu, como esta semana en Bogotá.

Luego, ¡sí se puede, con empeño y corazón!

(www.coordinandosuenos.org)

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