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Diez días definitivos

Ha sido una campaña dura. Sucia, para ser precisos. Llena de ataques, desinformación, bodegas activadas y cuchilladas traperas dirigidas contra una sola candidata: Paloma Valencia y su fórmula, Juan Daniel Oviedo.

hace 3 horas
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  • Diez días definitivos

Por Diego Santos - @diegoasantos

En 10 días se celebra la primera vuelta. Y no exagero cuando digo que son los días más importantes para la democracia colombiana en muchas décadas. Quizás los más importantes para muchos que entienden lo mucho que está en juego.

Ha sido una campaña dura. Sucia, para ser precisos. Llena de ataques coordinados, desinformación industrial, bodegas activadas con precisión quirúrgica y cuchilladas traperas dirigidas con obsesión casi patológica contra una sola candidata: Paloma Valencia y su fórmula, Juan Daniel Oviedo.

A eso hay que sumarle los sondeos que se hacen pasar como encuestas, esas mediciones de dudosa metodología que circulan estratégicamente para desanimar, para instalar la idea de que es inútil intentarlo, y que han favorecido a un candidato. También se siente la mano de algún burgomaestre que le apostó al rival directo del Tigre.

Y sin embargo, pese a todo lo anterior, ahí sigue la Paloma. Incólume e impertérrita. Y esta es la señal más clara de que estamos frente a algo que no se fabrica en una sala de marketing: una campaña que realmente es valiente y gallarda, no un bluff de mercadeo. Una mujer hecha y derecha que no se ha dejado llevar por los gritos.

Mientras otros candidatos construyen su imagen sobre el dinero, la pauta y bodegas pagadas por fuera, Paloma Valencia ha construido la suya sobre convicciones. Esa diferencia, en un país hastiado de la política como espectáculo, vale más de lo que muestran esos sondeos disfrazados de encuestas o las encuestas amañadas.

Conviene también decir lo que Paloma no es, porque la campaña sucia ha trabajado juiciosamente para confundir al elector. Paloma Valencia no es la arquitecta de la mayor empresa criminal llamada Paz Total. No es tampoco una figura turbia sin ética ni moral. No es el retrato que sus enemigos han intentado pintar con brocha gorda durante meses.

Es, en cambio, una ciudadana como muchos de nosotros: una persona que ha dicho lo que piensa aunque duela, que ha votado en el Congreso según sus convicciones aunque le costara políticamente, y que propone algo que Colombia lleva años necesitando con urgencia: calma. No la calma de la rendición ni la del silencio cómplice, sino la calma de un país que recupera el rumbo institucional, la seguridad y la confianza en sus propias instituciones.

Quedan 10 días. Y cada uno de quienes estamos apoyando a Paloma tenemos una tarea concreta: hablar. Hablarle al indeciso que conocemos, al amigo que duda, al familiar que dice que todos son iguales. No para convencerlo con propaganda, sino para explicarle con honestidad por qué esta candidatura es diferente, y por qué estos 10 días no son un episodio más del circo electoral colombiano.

Son, quizás, la última oportunidad de apostar por algo distinto antes de que sea demasiado tarde. Mi voto, en primera y en segunda, será Paloma Valencia.

#PalomaONunca.

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