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La tranquilidad que prometía esta tecnología se ha ido convirtiendo en algo como vivir con el enemigo, asunto que pregonan las redes repletas de pseudocientíficos.
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación No soy un robot, a los que llegan los que exigen un código para todo y activar la copia de seguridad, los que reciben toda clase de activaciones de antivirus con sesenta días gratis de prueba, los que usan inteligencias artificiales que ya comienzan a cobrar su versión prémium, los que ya tienen la nube llena y reciben propuestas para comprar más gigas, los que llenan de nuevo formularios que ya deberían estar en la base de datos, los que piden que cada entrada a sitios de pago tenga una clave que hay que renovar cada tanto, los que a diario reciben información de que están siendo vigilados y lo mejor es hacerse a un antivirus que bloquea esa vigilancia y los malware que contiene, los que miran el celular y ya saben que los espera perder una buena cantidad de tiempo, los que ya son adictos a las redes y se inyectan miedo y noticias falsas como si fueran heroína, los que ofrecen nuevos servicios sobre los que ya funcionan pero no son el último modelo, los que usan la IA para que esta los corrija con lo políticamente correcto (¿es una forma de censura?), los que tapan el ojo de la cámara para no dejarse reconocer, en fin, lo que se ofrecía como un medio de comunicación se ha ido convirtiendo en una manera de alterarse cada día.
Y si bien es cierto que la tecnología informática, bien usada, permite organizar el trabajo, lograr comunicaciones eficientes y ayudarse sin tener que recurrir a archivos exteriores o bibliotecas, también es un hecho que lo marginal que se anexa a ella (notificaciones que no he pedido, actualizaciones imprudentes, publicidad nacida de algoritmos, caídas de la red etc.) lleva a estar actuando como un robot, que quizá sea lo que hoy se busque (teoría de la conspiración), pues trabajando con la máquina esta también nos pone a trabajar para ella con la alimentación de datos que nos reclama.
Y si a lo anterior se le añade que la máquina nos vigila y que al entrar en internet ya toda privacidad se anula (quizá esto no sea más que la creencia en un panóptico y no una evidencia), que los delincuentes cibernéticos son buitres revoloteando y como polillas abren huecos por todas partes, la tranquilidad que prometía esta tecnología se ha ido convirtiendo en algo como vivir con el enemigo, asunto que pregonan las redes repletas de pseudocientíficos, gente que alienta odio, miedo y acceso permanente a la credulidad, que es la nueva forma de ignorancia.
Acotación: la vida moderna o lo que esto sea, con sus ruidos y maneras de contaminar, con la celeridad y la falta de análisis, con el exceso de credulidad, ha entrado en nosotros y ha empeorado asuntos de convivencia y toma de decisiones. Y ese avisito de no soy un robot, ponga la equis, también debería ser: sí, soy un robot, y qué. Ja.