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Por Tomás Ríos - opinion@elcolombiano.com.co
Colombia acaba de vivir uno de esos momentos que nos recuerdan lo frágiles que somos. El sismo del 10 de agosto dejó miles de casas y edificios destruidos, más de 300 muertos, familias incompletas y una huella emocional que tardará mucho más en sanar que la misma reconstrucción de los espacios.
La emergencia no termina cuando deja de temblar la tierra: queda en la mente, en el corazón y en la cotidianidad de quienes la vivieron. Pero en medio del dolor también he visto algo profundamente colombiano: amor y solidaridad.
He visto personas ayudando, cadenas humanas, empresas donando, y líderes entendiendo que, cuando el país enfrenta una dificultad, es imposible ser indiferentes.
La respuesta empresarial ha sido contundente, miles de millones de pesos movilizados para atender la emergencia y comenzar a pensar en la reconstrucción.
Y creo que ahí hay una reflexión que va más allá de esta tragedia, porque conectar también es una forma de ayudar.
Hace unos días tuvimos que tomar una decisión difícil. ¿Debíamos hacer Conexión Summit en medio de lo que estaba pasando? Dudamos, pero finalmente decidimos hacerlo, no porque fuéramos ajenos al dolor, sino precisamente porque creemos que la solidaridad también se potencia en el hacer; y vimos la oportunidad de potenciarla: transformando un evento como este en una plataforma para amplificar las ayudas y apoyar con propósito.
Conexión nació para conectar empresarios, emprendedores, inversionistas y organizaciones. Para generar negocios, empleo y oportunidades, y eso también es construir país. Durante la tercera edición del Summit, se solicitaron más de 7.500 citas de negocios, pero más allá de ese número, detrás de cada cita hubo una conversación, una posibilidad, una empresa buscando crecer, un emprendedor buscando capital o creando nuevos empleos que mañana pueden ser la realidad de otras personas.
Pero también quisimos que el evento fuera un canal; de la mano de la Corporación Presentes logramos recaudar $109 millones para apoyar a los damnificados por el sismo. No teníamos una gran meta, solo la convicción de que nuestras plataformas, nuestras marcas y nuestra capacidad de convocar podían servir para algo más.
Porque reconstruir un país no es solamente levantar una casa. También es recuperar empleos, abrir empresas, generar oportunidades, conectar personas y devolverles a muchos la posibilidad de mirar hacia adelante.
Colombia ha pasado por el narcotráfico, la violencia, la guerrilla, crisis políticas, tragedias naturales y momentos en los que parecía difícil imaginar el futuro. Y, una y otra vez, hemos encontrado la manera de salir adelante.
No quiero ser ajeno al dolor. Al contrario, creo que debemos ayudar, acompañar y estar presentes, muchas veces sin necesidad de contarlo.
Porque cuando nos conectamos, no solamente hacemos negocios. Construimos confianza, construimos oportunidades y construimos futuro.
Y, sobre todo, construimos esperanza.