Colombia entra en 2026 con una factura pesada y sin precedentes. La más reciente actualización del perfil de deuda interna del Ministerio de Hacienda muestra que el servicio de la deuda alcanzará un pico cercano a los $130 billones este año.
Este es un nivel que no se había visto en los últimos años y que marca el inicio de un período prolongado de alta presión fiscal. No se trata de un fenómeno aislado. Entre 2026 y 2033, el servicio de la deuda interna se mantendrá en niveles históricamente elevados.
Lo anterior, con una fuerte concentración de vencimientos que obliga al Gobierno a buscar financiamiento de manera recurrente, en un entorno de tasas de interés altas y creciente percepción de riesgo.
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Incluso, la Contraloría General de la República ha puesto especial atención en 2029, cuando el servicio de la deuda interna se proyecta en $110,6 billones. Ese monto implicaría refinanciar sumas muy significativas justo cuando el mercado sigue exigiendo tasas elevadas para prestarle al país.
El riesgo va por cuenta de la refinanciación, que cada vez se hace más costosa y reduce el espacio fiscal para otros gastos. La deuda deja de ser solo un problema contable y se convierte en una restricción estructural para la política económica.
“Uno de cada tres pesos del recaudo va a deuda”
Diego Montañez-Herrera, magíster en Economía de la Universidad Eafit e investigador senior en temas económicos, lo resume con una cifra contundente: “$1 de cada $3 del recaudo va a deuda en 2026. El servicio de la deuda interna llega a $130 billones. No todo es ‘renovar’: $51 billones son intereses que se pagan con presupuesto”.
Es decir, el recaudo tributario ronda algo más de $300 billones y solo el pago de intereses del servicio de la deuda supera los $100 billones. En la práctica, cerca de un tercio de lo que recauda el Estado se destina a atender la deuda.
Aunque el servicio total de la deuda interna asciende a $130 billones, no todo implica una salida directa de caja. De ese monto, $79 billones corresponden a vencimientos de capital que normalmente se refinancian mediante nuevas emisiones.
En ese sentido, el verdadero golpe fiscal está en los $51 billones en intereses, que sí deben pagarse cada año con recursos efectivos del presupuesto. Estos intereses hacen parte de los gastos corrientes del Gobierno y se financian principalmente con ingresos tributarios y, en algunos casos, con más deuda.
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Tasas caras y credibilidad fiscal en entredicho
Asimismo, Germán Machado, economista y docente de la Universidad de los Andes, advierte que el problema no es solo el tamaño de la deuda, sino su costo creciente.
“A punto de que el Gobierno Petro revele el Plan Financiero 2026, la deuda pública de Colombia sigue más y más cara. El mercado considera que Colombia tiene ‘alto riesgo de crédito’. Las tasas son insostenibles y peores que en países con calificaciones soberanas más bajas”.
Machado agrega que desde 2024, en toda la curva de deuda entre 2026 y 2050, el costo ha aumentado en promedio más del 28%, llevando a una paradoja incómoda: Colombia hoy paga deuda más cara que países como Ucrania, Jordania, Namibia y Pakistán.
A su vez, desde Corficolombiana señalan que la presión sobre la deuda no da tregua. “Este año nuevamente vamos a tener una presión fuerte sobre la deuda. Es importante resaltar que el Gobierno tiene que pagar, antes de julio, la deuda con los bancos internacionales correspondiente al total return swap utilizado el año pasado como instrumento de financiamiento”.
Explican que la Dirección de Crédito Público priorizaría mantener liquidez en dólares, por lo que no se prevén monetizaciones durante 2026.
Además, recuerdan que con la venta de US$5.000 millones en bonos globales en enero, ya se habrían cubierto las necesidades de financiamiento externo.
Giro al mercado local: $85 billones en deuda interna
Con el frente externo cubierto, la estrategia de endeudamiento para 2026 apunta al mercado local. Según metas preliminares de la Dirección de Crédito Público, el Gobierno buscaría $85 billones en deuda interna.
El plan, aún provisional, contempla $60 billones en subastas, $9 billones en colocaciones directas, $2 billones en TES verdes y $4,5 billones en bonos pensionales. Hasta ahora, entre enero y lo corrido de febrero, el acumulado emitido asciende a $6,5 billones, cerca del 7,6% del objetivo planteado.
En enero se colocaron aproximadamente $5,1 billones en Títulos de Corto Plazo, TES en pesos y TES UVR. En febrero, las colocaciones suman $1,36 billones, impulsadas por una subasta de TCO por $0,9 billones y una emisión de TES UVR por $0,46 billones.
La Dirección de Crédito Público confirmó, durante el Congreso de Tesorería de Asobancaria, que Colombia ya completó el financiamiento externo previsto para este año. Por eso, el foco ahora está en el mercado interno.
Una muestra de esa dinámica se vio en la última subasta de títulos de corto plazo, donde se colocaron $900.000 millones, pese a que las posturas alcanzaron $2,6 billones, reflejando apetito, pero también dependencia del ahorro local.
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La paradoja fiscal: presupuesto récord, pocos resultados
Ante esta panorama, un estudio de Álgebra Labs, titulado Paradoja de la abundancia presupuestal y la crisis de resultados en Colombia, retrata el trasfondo del problema. Aunque el país maneja presupuestos históricos cercanos a $511 billones, la ejecución es ineficiente y la deuda crece.
Más del 90,4% del gasto primario está comprometido antes de iniciar el año. Transferencias, pensiones e intereses absorben la liquidez. Solo los intereses de la deuda representan hoy el 19,54% del gasto total del Gobierno Nacional Central.
A esto se suma el “dinero durmiente”, es decir, al cierre de 2024 había $4,84 billones sin ejecutar en negocios fiduciarios, recursos que no se traducen en obras ni servicios.
Asimismo, el endeudamiento creciente también tiene efectos directos sobre la economía diaria. Con un déficit fiscal proyectado del 7,1% del PIB, inflación estimada entre 6% y 7% en 2026 y tasas del Banco de la República en 10,25%, el margen de maniobra es cada vez menor.
Además, el recaudo muestra señales de agotamiento. En 2024 cayó 4,33% y en 2025 se estancó en $296 billones, por debajo de la meta. La presión tributaria sobre empresas formales, una de las más altas de la OCDE, limita la inversión privada.
El diagnóstico del estudio asegura que Colombia ha comprado tiempo con más deuda, pero a un costo cada vez más alto. “Sin una reforma profunda que mejore la calidad del gasto y recupere credibilidad fiscal, el servicio de la deuda seguirá absorbiendo recursos que podrían destinarse a inversión social y crecimiento económico”.
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