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Cisneros ha vivido 116 años de su historia a todo tren

El 3 de febrero de 1910 se inauguró la Estación Cisneros del Ferrocarril de Antioquia. La historia en este municipio del Nordeste sigue más viva que nunca.

  • La Estación Cisneros del Ferrocarril de Antioquia sirvió como terminal y taller para todo el material rodante. FOTO CAMILO SUÁREZ
    La Estación Cisneros del Ferrocarril de Antioquia sirvió como terminal y taller para todo el material rodante. FOTO CAMILO SUÁREZ
  • Miles de personas disfrutan de múltiples actividades relacionadas con las vías férreas del tren. FOTO: CAMILO SUÁREZ
    Miles de personas disfrutan de múltiples actividades relacionadas con las vías férreas del tren. FOTO: CAMILO SUÁREZ
hace 3 horas
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El municipio de Cisneros se debe al Ferrocarril de Antioquia como el buen hijo a su madre. Este pueblo, ubicado al Nordeste del departamento, es el recuerdo vivo de aquella historia de antaño, de los rieles en medio del pasto, las locomotoras majestuosas e imponentes y la gente amable y distinta, el epicentro de una magna obra que durante poco más de un siglo conectó territorios y vidas, siendo el lazo que unía a los más distantes y el motivo para fortalecer cercanos.

Era 3 de febrero de 1910 cuando se inauguró la Estación Cisneros del Ferrocarril, y fue nombrada así en honor al ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros, precursor de esta inmensa creación. De ahí se dio el origen a ese municipio que hoy atrae a propios y extranjeros. Sí, así pasó: uno dio vida al otro, y en este caso en particular fueron los trenes antes que las casas. Incluso, en ese año ese territorio no era reconocido aún como municipio sino como corregimiento de Santo Domingo. Fue apenas en 1923 cuando se adquirió el título municipal y el reconocimiento por parte del Gobierno Departamental.

Cisneros pasó de ser un caserío y un campamento de trabajadores a un robusto eje comercial de Antioquia. Su dinámica creció aceleradamente producto de la actividad ferroviaria y el constante negocio, además de su ubicación estratégica que lo llevó a ser por muchos años estación terminal entre un recorrido que iba desde Medellín hasta Puerto Berrío, en el Río Magdalena, y viceversa.

Allí llegaban los trenes con pasajeros, mercancía y mucho ruido. Año tras año la operación tomaba más fuerza y Cisneros más relevancia, una que nunca había imaginado antes de que el Ferrocarril de Antioquia decidiera contemplar ese sitio como un punto vital de su desarrollo. La estación, a su vez, sirvió como centro de mantenimiento y logística, un tipo de “taller” en el que se verificaba el adecuado funcionamiento de todo.

“La instalación de la estación en este territorio trajo mucha prosperidad. A partir de ese momento se empezaron a construir viviendas para los trabajadores además de restaurantes, cafeterías, locales de ocio, y como producto de eso se formó comunidad, surgieron otras necesidades: escuelas, centros de salud, la iglesia. La llegada del ferrocarril a Cisneros se puede simplificar en una palabra y es progreso. Las bases de este municipio fueron forjadas por ferroviarios”, dijo Davier Usme Restrepo, coordinador de Expedición Cisneros y uno de los grandes conocedores de la historia de este “pueblito pequeño pero acogedor”, como él mismo dice.

Si bien el Ferrocarril de Antioquia era una de las creaciones más imponentes y funcionales del momento, y si se quiere, de las más reconocidas en el mundo, tuvo una piedra en la vía que le impedía llevar a cabo sus operaciones de lleno: el Alto de la Quiebra, esa montaña inmensa que a gritos le decía “no pasarás”, y que interrumpió por muchos años el tránsito continuo de las locomotoras justo en el tramo entre Cisneros y Santo Domingo. Pero eso cambió.

El hito del Túnel de la Quiebra

La vereda El Limón, en el municipio de Cisneros, y el corregimiento de Santiago, en Santo Domingo, siempre estuvieron incomunicados por el Alto de La Quiebra.

Todo era color de rosa hasta que desde Medellín, Puerto Berrío u otra estación intermedia se llegaba a ese punto en el tren, pues los pasajeros que iban en él debían bajarse y hacer una especie de trasbordo, muchas veces a pie o en mula. La dificultad radicaba principalmente en que las personas no iban con las manos vacías: toda la mercancía que viniese en la locomotora tenía que ser movilizada por la montaña, una tarea titánica que combinaba esfuerzo, destreza y mucha oración para evitar accidentes. Una vez se conseguía el cometido, del otro lado los esperaba uno de los trenes para continuar el viaje.

Así fue durante muchos años, hasta que surgió la idea, en un principio catalogada como descabellada e inútil, de construir un túnel para unir las estaciones de Santiago y El Limón. En 1899, Alejandro López Restrepo – quien marcó un antes y un después en Antioquia gracias a sus aportes –, presentó en su tesis de grado de ingeniería civil en la Universidad de Antioquia un proyecto que contemplaba comunicar a Medellín con el Río Magdalena a través de un túnel.

En aquel momento, la sugerencia no fue muy bien recibida, incluso, fue archivada debido a lo inviable que podría ser una intervención de tal magnitud, teniendo en cuenta las condiciones topográficas del departamento y otros factores, como el económico, por ejemplo.

Lo que no predijeron muchos fue que, casi treinta años después, el Ferrocarril de Antioquia iba a verse sustancialmente perjudicado por la falta de un túnel, esa ausencia de conexión que los estaba asfixiando a ellos y a un sinnúmero de pasajeros que tenían que padecer una odisea cada vez que llegaban al Alto de La Quiebra.

Fue justo por eso, en la década de 1920, que lo propuesto por López Restrepo a finales del siglo XIX se desempolvó, y se concretó un proyecto para iniciar con la excavación.

La firma a la que se le adjudicó la responsabilidad fue Fraser, Brace & Co, una compañía canadiense que empezó trabajos a finales de noviembre de 1926 bajo un contrato de tres años. Lo curioso del asunto fue la forma en la que la entidad procedió en la ejecución del túnel, pues acudieron a un sistema de perforación bilateral, es decir, una excavación de lado y lado de la montaña, lo que en esa época se consideró tan loco como novedoso.

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En 1929, incluso, antes de cumplirse los 3 años de contrato, llegó el momento en el que ambos frentes se encontraron, donde se iba a determinar si la ejecución había sido un éxito o un fiasco. Por fortuna, fue lo primero, el margen de error en la alineación fue mínimo, una cuestión de centímetros, lo que daba la obra por terminada y el milagro por hecho.

El resultado fue un túnel de 3.742 metros, uno de los más largos del mundo en aquel entonces. Fue inaugurado el 7 de agosto de ese mismo año, un hito que, podría decirse, salvó al Ferrocarril de Antioquia de caer en la inoperancia.

He ahí la importancia de la locomotora “45” para el pueblo cisnereño, una imponente máquina que está ubicada de manera conmemorativa en todo el parque principal del municipio, pues fue la primera en cruzar con pasajeros el Túnel de La Quiebra desde Medellín a Cisneros.

Desde ese momento, el “Chu Chu” de los trenes ya no se interrumpía entre El Limón y Santiago. Las 3 o 4 horas que podría tardar un trasbordo se convirtieron en apenas 20 minutos, lo que mejoró la experiencia de los pasajeros y los tiempos de recolección y entrega de mercancía.

Dicen que no es lo mismo contarlo que vivirlo, y hubo quienes sí lo hicieron en carne propia, testigos de primera mano que atesoran los recuerdos a pesar de los años, cambios y circunstancias.

Un sonido en la vía férrea

Fabio Agudelo es pensionado del Ferrocarril de Antioquia y oriundo del municipio de Santo Domingo, cumplió el pasado diciembre 92 años y sus manos son la clara muestra del trabajo duro. Por más de 20 trabajó en la compañía que a él y a su familia les dio el sustento diario. Guarda en su memoria las veces que con pica y barretón hacía el mantenimiento de los carriles junto con sus compañeros, tareas que requerían no sólo fuerza, también astucia.

A este hombre le tocó desde lo más próspero hasta lo más trágico, incluida la tragedia que tuvo lugar el 6 de marzo de 1972 al interior del Túnel de La Quiebra, cuando un incendio, que no logró ser controlado sino hasta después de varios días, consumió un convoy con 24 vagones cargados de 80 pacas de algodón y cobró la vida de 4 personas: el maquinista Guillermo Hernán Torres Chica, los operadores José Jaime Orozco y Hernando Raigosa Acosta, y el frenero Octavio de Jesús Parra Foronda.

“Yo creo que fue una de las peores cosas que me tocó ver mientras trabajaba en el ferrocarril. No estaba en el tren, pero cuando pasó, de una nos llamaron para que fuéramos a ayudar en lo que pudiéramos. Me acuerdo que sólo se veían llamas y humo, era horrible, y los bomberos sacaban personas quemadas y llorando. Fue muy triste porque murieron compañeros de trabajo, y eso a uno lo marca bastante”, relató.

Si bien un trabajador ferroviario estaba expuesto a múltiples peligros, don Fabio siempre fue presto e hizo lo mejor que pudo durante el tiempo que trabajó allí. Ni el sol ni la lluvia, ni las condiciones más críticas, eran impedimento para que ejerciera su labor: unas veces de mantenimiento a las vías férreas, para asegurar que ningún tren se descarrilara, y otras de revisión y reparación a material rodante, tareas que recuerda y lo llenan de orgullo al ser consciente de su aporte a uno de los sistemas de transporte más importantes en la historia de este departamento.

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“Fueron años muy bonitos, duros, pero muy bonitos. A Dios gracias porque pude trabajar en el ferrocarril y ver el cambio que tuvo a lo largo de los años, más que todo después de la construcción del túnel, eso fue un avance muy grande y la gente lo agradeció mucho. Vamos a ver si ese proyecto vuelve y renace, no sé si me toque pero ojalá”, concluyó.

Si bien el Ferrocarril de Antioquia dejó de operar en el cierre del milenio pasado y el inicio de este, ya no siendo propiedad del departamento sino de la Nación, aún quedan estructuras, fotos, planos y recuerdos que evocan aquella época. Gran parte de ese material, todavía, se conserva en Cisneros, como el tesoro más preciado nunca antes descubierto.

Un museo “a todo vapor”

En el parque principal de Cisneros, en medio de su característico sol y clima templado, está el museo ferroviario, el mismo espacio que antes funcionó como estación y terminal del Ferrocarril de Antioquia.

Aunque la historia es tan amplia y basta como lo eran las mismas carrileras por donde a todo máquina iban las locomotoras, aspectos relevantes se pueden encontrar en las paredes y exposiciones del museo: desde la fundación del ferrocarril hasta los momentos más icónicos que marcaron un antes y un después en su operación.

Los visitantes se cautivan ante la cantidad de detalles. Son como niños: mirada fija en las fotos y atención puesta en quien les explica. No van predispuestos sino dispuestos a conocer, a aprender y a formarse, pues si bien son datos que quizá se encuentran buscando en internet, el estar donde una vez emergió el vapor y el rugir de las máquinas no tiene precio.

Una copia de la tesis de Alejandro López Restrepo de 1899 sobre lo que después sería el Túnel de La Quiebra, tiquetes originales y usados en el ferrocarril, una galería de las locomotoras más representativas como la 39, la 45, la 48 y la 50, y hasta estadísticas de gastos y ganancias de la empresa, son algunas de las tantas cosas a ver en el museo ferroviario de Cisneros.

“Es muy grato venir a conocer estos espacios. Además de enseñarnos acerca de la historia de Antioquia y el ferrocarril, nos permite conectar con lo que una vez fue este lugar en un municipio tan representativo y turístico”, comentó una de las asistentes al museo.

Y es que, de un tiempo para acá, Cisneros ha ganado un reconocimiento turístico importante, un territorio que si bien no es el más llamativo para actividades de recreación y ocio, sí tiene un peso notorio cuando se habla de cultura y progreso.

La Puerta de Oro del Nordeste

Ese es uno de los “apodos” con los que se le distingue a Cisneros, un municipio de historia, tradición y mucho ahínco.

Se forjó en medio de los trenes, las vías y el comercio. Pasó de corregimiento a municipio, de paraje a terminal, de ser visto con poco interés a ser el interés de muchos.

Es el corazón del Ferrocarril de Antioquia, el alma viva del rugir de los motores así ya no se escuchen. Es un territorio de 116 años, con sus caídas y triunfos, pero con una marcha constante y sonante que a su paso capta la atención de los que aún no suben a bordo.

$!Miles de personas disfrutan de múltiples actividades relacionadas con las vías férreas del tren. FOTO: CAMILO SUÁREZ
Miles de personas disfrutan de múltiples actividades relacionadas con las vías férreas del tren. FOTO: CAMILO SUÁREZ
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