Cuando Donald Trump apareció en Mi pobre angelito 2, por allá en 1992, ya era un hombre muy conocido en el ambiente farandulero e inmobiliario de Estados Unidos; aquella escena fue grabada en el Hotel Plaza, de su propiedad, y en el contrato con la productora se estipuló que el magnate tenía que salir en cámara dándole instrucciones al pequeño Kevin, el personaje que hizo famoso a Macaulay Culkin. En esa anécdota poco conocida perviven dos rasgos del carácter del presidente de Estados Unidos: su capacidad de negociación y el amor por su imagen.
Como empresario, Trump ha hecho de su nombre una marca: aparece en barcos, aviones, edificios, una veintena de campos de golf, clubs empresariales y hasta conjuntos residenciales, corbatas y agua en botella. Quizá el presidente fue uno de los primeros que se anticipó a las redes sociales e hizo de su nombre una marca personal; hay que recordar el reality show El aprendiz, donde enseñaba a una veintena de soñadores a cómo hacerse millonarios. Existe un video famoso, totalmente de ficción, donde saliendo de un edificio le compra un carro a una mujer y, como está de afán, también le compra los niños porque no tiene tiempo de bajarlos de la silla de atrás.
Ahora que es por segunda vez presidente, y que se asoman sus delirios de emperador, que tiene entre sus manos el verdadero poder, el egocentrismo deja de ser un chiste y se convierte en un rasgo preocupante.
Cuando apenas empezaba este periodo presidencial, la agencia Reuters publicaba: “Desde que regresó al cargo en enero, el presidente republicano ha estampado su nombre en destacados edificios de Washington, en un proyecto de buques de guerra de la Armada, en un programa de visas para extranjeros ricos, en un sitio web gubernamental de medicamentos con receta y en federales de ahorro para niños.
Algunos historiadores lo ven como un esfuerzo superficial por construir un legado que no resistirá el paso del tiempo. El cambio de nombre del principal centro de espectáculos de Washington por el de Centro Conmemorativo de las Artes Escénicas Donald J. Trump y John F. Kennedy generó polémica y varias actuaciones se han cancelado en señal de protesta”.
Pareciera que Trump se quiere adelantar a la historia, y quiere ver su nombre en calles y bustos antes de que el tiempo se lo lleve por delante, pero sus esfuerzos se pueden ir por tierra con la administración que se ha enfrascado en una guerra, casi trampa, con Irán, y que tiene la economía gringa completamente inestable.
Sobre esta aparición por todas partes del rostro del presidente, The New York Times publicaba: “Aunque Trump ha pasado toda su vida promocionando su marca personal (...) lo que está haciendo en su segundo mandato se acerca más a un culto a la personalidad que nunca se había visto en la historia del país. Otros presidentes buscaron cultivar su reputación, pero ninguno ha llegado tan lejos como Trump para crear un personaje mitificado, sobrehumano y omnipresente que conduzca a la idolatría.
Su imagen ha aparecido por toda la Casa Blanca, en pancartas de varios pisos que cubren las fachadas de edificios federales, en los pases anuales de los parques nacionales y pronto podría estar en una moneda de un dólar. Su nombre se ha plasmado en el Centro John F. Kennedy de Artes Escénicas, en el Instituto de la Paz de Estados Unidos, en cuentas de inversión federales, visas especiales y un programa de descuentos en medicamentos y, si se sale con la suya, en el aeropuerto internacional Washington Dulles, en la estación Penn de Nueva York y en el futuro estadio de los Comandantes de Washington”.
En esa andanada de horror vacui, en la que no resiste ver espacios sin su nombre, como si representara al personaje de una novela dictatorial y distópica, las dos últimas decisiones son las más escandalosas: se imprimirán una serie de billetes de un dólar con su firma —lo que garantizará que su rastro circule durante años por la cotidianidad de los estadounidenses— y su cara saldrá en los pasaportes.
La cosa es que la foto de Trump aparecerá en algunos pasaportes de Estados Unidos, en una edición limitada para conmemorar el 250º aniversario de la Declaración de Independencia que se celebra este año.
La noticia fue compartida por el portavoz del Departamento de Estado el martes pasado, donde mostraba un artículo de Fox News. Állí se veía la imagen de Trump en el pasaporte superpuesta sobre la Declaración de Independencia, con su firma debajo.
Hay pocos precedentes modernos en el mundo, y menos aún en una democracia, de fotos de líderes en ejercicio que aparecen en los pasaportes, ya que la mayoría de los países prefieren representar imágenes históricas o de la naturaleza.
Los pasaportes estadounidenses actuales muestran varias escenas de la historia del país, como el alunizaje, junto con lugares o monumentos históricos como la Estatua de la Libertad.
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