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¿Vivir en Medellín se volvió un acto de resistencia? Costo de vida se disparó 37% en cuatro años

La ‘eterna primavera’ ya es 8% más cara que Bogotá y los arriendos superan en 13,7% a los de la capital. También es la séptima ciudad de América Latina con el índice de costo de vida más alto. Las razones van más allá del turismo.

  • En Medellín se presenta un fenómeno conocido como “vaciamiento social”. En términos simples, implica que la población local, incapaz de competir con precios internacionales, termina desplazada hacia las periferias metropolitanas. Foto: Edwin Bustamante
    En Medellín se presenta un fenómeno conocido como “vaciamiento social”. En términos simples, implica que la población local, incapaz de competir con precios internacionales, termina desplazada hacia las periferias metropolitanas. Foto: Edwin Bustamante
  • En marzo, Medellín se ubicó como la segunda capital con la inflación más alta de Colombia, con una variación anual del 6,39%.
    En marzo, Medellín se ubicó como la segunda capital con la inflación más alta de Colombia, con una variación anual del 6,39%.
  • El posicionamiento de Medellín como destino turístico internacional se ha consolidado como motor de desarrollo y fuente de ingresos, pero su rápida expansión también ha generado presiones en el costo vida de los paisas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
    El posicionamiento de Medellín como destino turístico internacional se ha consolidado como motor de desarrollo y fuente de ingresos, pero su rápida expansión también ha generado presiones en el costo vida de los paisas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
  • Desde la pandemia, la vivienda turística ha crecido un 635% en el país, es decir, 22 veces más que el hospedaje tradicional. Foto: Jaime Pérez y Julio Herrera
    Desde la pandemia, la vivienda turística ha crecido un 635% en el país, es decir, 22 veces más que el hospedaje tradicional. Foto: Jaime Pérez y Julio Herrera
  • Alrededor de 37.000 familias necesitan vivienda nueva en Medellín y cerca de 180.000 requieren mejoras sustanciales en sus casas. Foto: Camilo Suárez
    Alrededor de 37.000 familias necesitan vivienda nueva en Medellín y cerca de 180.000 requieren mejoras sustanciales en sus casas. Foto: Camilo Suárez
hace 5 horas
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Hace unas semanas estas páginas contaron la noticia de una pareja de adultos mayores que se lanzó desde el piso 22 del edificio Andalucía, en el barrio Boston de Medellín, al parecer, acorralada por deudas que los obligaron a vender su casa. El caso sacudió a la ciudad y avivó una sensación cada vez más extendida: vivir en estas montañas, para muchos, se ha vuelto casi un acto de resistencia diaria.

La historia de la ‘eterna primavera’ a veces parece estar escrita sobre un palimpsesto (superficie donde se borra y se reescribe), en el que se elimina lo existente para trazar una visión de “progreso” que no siempre incluye a sus habitantes. El primer antecedente de gentrificación en la ciudad se remonta a hace más de 100 años, con El Chumbimbo, un barrio de artesanos y jornaleros que fue borrado de la memoria urbana. Sus pobladores terminaron pagando con su arraigo el costo de la modernización antioqueña.

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Ese ciclo de exclusión se ha intensificado en los últimos años por distintos factores y hoy se resume en expresiones como “Medellín está impagable”. La gente se queja de croissants a $39.000, hamburguesas a $70.000 y arriendos que trepan hasta los $5.000.000 por un apartamento de tres habitaciones.

Medellín está más cara que Río de Janeiro

Hacer mercado, pagar servicios o cubrir el arriendo se ha vuelto más exigente. En marzo, la ciudad se ubicó como la segunda capital con la inflación más alta de Colombia, con una variación anual del 6,39%. Además, Medellín Cómo Vamos calculó que, entre 2021 y 2025, los precios acumularon un aumento del 36,7%.

Este escenario se agrava en el sector inmobiliario: reportes del Banco de la República sitúan a la ciudad como la más costosa del país para alquilar vivienda, superando incluso a Bogotá y Cartagena.

En marzo, Medellín se ubicó como la segunda capital con la inflación más alta de Colombia, con una variación anual del 6,39%.
En marzo, Medellín se ubicó como la segunda capital con la inflación más alta de Colombia, con una variación anual del 6,39%.

Lo anterior ha llevado a que Numbeo, una de las mayores bases de datos sobre costos y calidad de vida, estime que vivir en la capital antioqueña ya es 8% más caro que en Bogotá, mientras que alquilar una vivienda resulta, en promedio, un 13,7% más costoso. Además, los gastos mensuales de una familia de cuatro personas pueden ascender a $8,6 millones, sin incluir el arriendo.

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Si se mira América Latina, en el ranking de costo de vida de la plataforma Medellín ocupa el séptimo lugar con el índice más alto, por encima de Florianópolis, Río de Janeiro, Brasilia y Campinas (Brasil); Lima (Perú) y Guayaquil (Ecuador). Y solo por debajo de Montevideo (Uruguay), Buenos Aires y Córdoba (Argentina), Caracas (Venezuela), São Paulo (Brasil) y Santiago (Chile).

Infográfico
¿Vivir en Medellín se volvió un acto de resistencia? Costo de vida se disparó 37% en cuatro años

Para Robert Ng Henao, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Medellín, varios frentes se están sintiendo de forma simultánea en el bolsillo paisa.

El alza del transporte urbano, que fue el componente que más contribuyó a la inflación a comienzos de año; la salud también subió, impulsada por medicamentos y citas especializadas; y los servicios públicos, especialmente energía y gas. A esto se suma el aumento del 23% salario mínimo, que ya empezó a trasladarse a los precios”, explicó.

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Y es que solo en marzo, los mayores incrementos de precios en Medellín se concentraron en salud, con una variación de 9,55%, la más alta de la ciudad. Le siguieron restaurantes y hoteles (11,11%), educación (8,14%) y bienes y servicios diversos (7,30%). También destacaron los aumentos en alimentos y bebidas no alcohólicas (6,40%), alojamiento, agua, electricidad y gas (5,99%), y transporte (5,64%).

¿El éxito de Medellín es el problema?

Lo que ocurre ya no puede explicarse como un fenómeno coyuntural, sino como una tendencia de carácter estructural.

“Lo coyuntural, el rebote inflacionario nacional, el ajuste del salario mínimo, los choques climáticos sobre alimentos, explican una porción del fenómeno. El resto es una transformación de fondo que lleva más de una década gestándose”, apuntó Henao.

Desde la perspectiva de Carlos Sepúlveda, docente e investigador de la Universidad del Rosario, se trata de una situación que abarca ambas tendencias.

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“Lo coyuntural corresponde a choques como el aumento del mínimo y la inflación nacional; factores que, con el tiempo, tienden a ceder. Lo estructural, en cambio, resulta más preocupante: obedece a la consolidación de la ciudad como destino turístico, al auge de las plataformas digitales de alquiler y a la reducción de la oferta de vivienda, todo ello sumado a la debilidad de programas de hábitat y a la menor participación en la construcción. Es un fenómeno sistémico que no se resuelve por sí solo”, anotó.

El posicionamiento de Medellín como destino turístico internacional se ha consolidado como motor de desarrollo y fuente de ingresos, pero su rápida expansión también ha generado presiones en el costo vida de los paisas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.
El posicionamiento de Medellín como destino turístico internacional se ha consolidado como motor de desarrollo y fuente de ingresos, pero su rápida expansión también ha generado presiones en el costo vida de los paisas. Foto: Manuel Saldarriaga Quintero.

A su juicio, el desplazamiento ya estaría ocurriendo: “Barrios como El Poblado y Laureles han registrado aumentos significativos en el costo de vida, lo que está obligando a muchos de sus residentes a trasladarse a otras zonas”.

De hecho, un informe del Observatorio de Desarrollo Económico de Medellín describe este encarecimiento como una “externalidad negativa” del propio éxito de la ciudad.

“Hay una paradoja. Medellín tuvo la tasa de desempleo más baja del país en 2025; generó 88.000 empleos, vio nacer 19.000 empresas y sus exportaciones crecieron 20%. El turismo, además, mantuvo su impulso: el año pasado se recibieron 1,66 millones de pasajeros internacionales. Pero toda esa fortaleza es, al mismo tiempo, el motor del problema: hay más personas, con mayores ingresos y más dólares circulando, demandando una oferta que no ha crecido al mismo ritmo”, destacó Henao.

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El posicionamiento de Medellín como destino turístico internacional se ha consolidado como motor de desarrollo y fuente de ingresos fiscales. Sin embargo, su rápida expansión también ha generado presiones en el acceso a vivienda y servicios básicos.

Para ilustrarlo, cerca de 8.000 nómadas digitales llegan cada mes a la ciudad, principalmente desde Nueva York, Londres, Berlín y Toronto, donde el alto costo de vida y la flexibilidad del trabajo remoto impulsan la búsqueda de destinos más asequibles. Este perfil de visitante puede gastar entre 1.000 y 3.000 dólares —$3,6 y $10,8 millones con la tasa de cambio actual—. La Alcaldía ya proyecta superar los 100.000 visitantes de este tipo al año.

Esa demanda ha impulsado con fuerza la oferta de alojamiento de corta estancia. Las propiedades en Airbnb pasaron de 3.196 en 2020 a 5.322 en 2023, un aumento del 66% en apenas tres años, con El Poblado concentrando cerca del 80% del inventario.

Desde la pandemia, la vivienda turística ha crecido un 635% en el país, es decir, 22 veces más que el hospedaje tradicional. Foto: Jaime Pérez y Julio Herrera
Desde la pandemia, la vivienda turística ha crecido un 635% en el país, es decir, 22 veces más que el hospedaje tradicional. Foto: Jaime Pérez y Julio Herrera

A nivel nacional, Corficolombiana estima que, desde la pandemia, la vivienda turística ha crecido un 635%, es decir, 22 veces más que el hospedaje tradicional. Hoy existen más de 76.000 alojamientos de corta estancia registrados, frente a cerca de 20.000 hoteles. Antes de 2021, la relación era a la inversa.

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La dolarización de los arriendos en Medellín

Para Henao, el punto crítico está en la dolarización de la renta: “El problema es que, cuando un apartamento puede alquilarse en dólares por noche, la economía del propietario se desacopla del salario en pesos del inquilino paisa. Ahí nace la presión que se siente en la inflación”.

Este fenómeno, según el Observatorio Económico de Medellín, es conocido como “vaciamiento social”. En términos simples, implica que la población local, incapaz de competir con precios internacionales, termina desplazada hacia las periferias metropolitanas.

Ese éxodo no es gratuito: implica costos ocultos en mayores tiempos de desplazamiento y gastos de transporte que terminan absorbiendo buena parte del ingreso derivado del dinamismo laboral.

En última instancia, advirtió el Observatorio, el auge turístico, aunque financieramente vital, “está contribuyendo de manera decisiva a la inflación de demanda en el sector inmobiliario y está erosionando la base social que sostiene el ecosistema productivo” de Medellín.

Cada vez más lejos la vivienda propia en Medellín: caen las licencias y sube el arriendo

El acceso a un techo propio se convirtió en un objetivo cada vez más lejano para muchos paisas. Un estudio de la Pontificia Universidad Javeriana evidencia el cambio: entre 2015 y 2024, la proporción de hogares con vivienda propia cayó del 60% al 47%, mientras que el arriendo saltó del 36% al 45%.

Alrededor de 37.000 familias necesitan vivienda nueva en Medellín y cerca de 180.000 requieren mejoras sustanciales en sus casas. Foto: Camilo Suárez
Alrededor de 37.000 familias necesitan vivienda nueva en Medellín y cerca de 180.000 requieren mejoras sustanciales en sus casas. Foto: Camilo Suárez

Detrás de ese giro hay un freno contundente en la construcción. Las licencias aprobadas por cada 100.000 habitantes pasaron de 121 a 64 en la ciudad, un desplome del 47%. En el Área Metropolitana del Valle de Aburrá el golpe fue aún mayor: de 144 a 65, una contracción del 55% en menos de una década.

Otras cifras completan el cuadro: la ciudad enfrenta un déficit habitacional significativo. Alrededor de 37.000 familias necesitan vivienda nueva y cerca de 180.000 requieren mejoras sustanciales en sus casas. En el Valle de Aburrá, más de 233.000 hogares presentan carencias habitacionales.

El deterioro del sector se refleja también en los indicadores de Corficolombiana y Camacol: la vivienda inició 2026 con el peor arranque del que se tenga registro. En enero, las iniciaciones de obra cayeron 56% anual, los lanzamientos de proyectos se redujeron 23% y las ventas de vivienda nueva disminuyeron 15%, retrocediendo a niveles no vistos desde 2013.

¿Qué dicen las inmobiliarias?

EL COLOMBIANO trasladó a La Lonja, gremio que reúne al sector inmobiliario de Medellín y Antioquia, las quejas sobre la carestía de los arriendos.

Federico Estrada, gerente del gremio, explicó que los mayores incrementos en los cánones se registraron en 2022 y 2023, cuando subieron 21% y 27%, respectivamente. Este comportamiento, señaló, obedeció a que la demanda superó ampliamente la oferta, generando una fuerte presión al alza en los precios.

“Entre las principales razones estuvieron la menor entrega de vivienda nueva en esos años, de la cual cerca del 20% ingresaba al mercado de arrendamiento, y el aumento en la demanda tras la pandemia”, indicó.

No obstante, precisó que en 2024, 2025 y en lo corrido de 2026 “no hemos observado aumentos notorios en los cánones de arrendamiento, que han venido aumentando apenas entre 1 y 2 puntos porcentuales por encima de la inflación”.

Agregó que la demanda de extranjeros y nómadas digitales ha tenido un impacto puntual en zonas turísticas, pero advirtió que no se puede generalizar ni atribuir únicamente a este fenómeno el alto costo de los arriendos en la ciudad.

Frente a los cuestionamientos sobre la creciente inaccesibilidad de la vivienda en Medellín y las críticas a los precios, Estrada señaló que comprende la preocupación de los hogares, pues es uno de los rubros que más presión ejerce en el presupuesto; sin embargo, dijo, lo que se ha visto en los últimos años es un desbalance entre la oferta y la demanda de vivienda.

“En Medellín y en el país se están formando más hogares de los que logra absorber la construcción de vivienda nueva, lo que termina presionando los precios”, respondió Estrada.

Si bien los valores de alquiler se mantienen altos, reiteró que los incrementos más fuertes se registraron en años anteriores y que actualmente muestran un comportamiento más moderado. Y enfatizó en “la importancia de avanzar en una mayor oferta de vivienda para aliviar la presión sobre los precios en el mediano plazo”.

Medellín: urge tomar medidas para frenar el costo de vida

Tanto Henao como Sepúlveda consideraron que, aunque la administración actual ha mostrado resultados en empleo, seguridad e infraestructura, el frente del costo de vida —y en particular la vivienda— exige una agenda más ambiciosa y articulada.

En primer lugar, ambos analistas coincidieron en la necesidad de aumentar la oferta. Esto implica no solo construir más vivienda, sino habilitar suelo y ajustar el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para permitir una mayor densificación en zonas con buena infraestructura, acompañada de incentivos a la construcción de largo plazo.

A esto se suma la urgencia de ampliar la VIS y VIP, así como de diseñar instrumentos que compensen el retroceso de los programas nacionales y faciliten el acceso, especialmente para la clase media, la más vulnerable a ser desplazada.

En segundo lugar, plantearon una regulación más clara del alquiler de corta estancia. La apuesta no pasa por prohibir, sino por ordenar: establecer registros, límites y zonificaciones que eviten la conversión masiva de vivienda residencial en turística, al tiempo que se aprovecha el recaudo que genera esta actividad para financiar soluciones habitacionales.

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Un tercer eje es la política de arrendamiento social. Programas que permitan convertir el pago del arriendo en cuota inicial o faciliten el acceso a la propiedad podrían aliviar la presión sobre los hogares, siempre que se implementen a escala y con articulación institucional.

Ambos también subrayaron un vacío clave: la información. La ciudad requiere un sistema robusto de monitoreo —un observatorio de precios de arriendo, uso del suelo y dinámicas de desplazamiento— que permita entender en tiempo real la magnitud del fenómeno y diseñar políticas públicas precisas.

¿Qué responde la Alcaldía de Medellín?

Desde la Alcaldía de Medellín reconocieron a EL COLOMBIANO que la ciudad es más costosa actualmente en los rubros que consumen los visitantes (vivienda y ocio) y la nueva clase media emergente: “El éxito en atraer nómadas digitales y turismo masivo ha generado que la oferta no alcance a la demanda, elevando precios en zonas como El Poblado y Laureles, lo que crea la percepción de que toda la ciudad se encareció”, afirmaron.

Sobre las medidas que se están tomando ante el déficit de vivienda, respondieron que en la revisión de mediano plazo del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) se está proponiendo una nueva normatividad que permitiría habilitar suelo para uso residencial en zonas estratégicas.

Con esta actualización, detallaron, se proyecta la habilitación de más de 213.000 nuevas viviendas (sujetas a la validación de la autoridad ambiental y del Concejo) que, sumadas a las 400.000 con potencial de desarrollo bajo la normativa actual, permitirían avanzar hacia una ciudad más equilibrada.

Respecto a las denuncias por especulación y precios abusivos, el Distrito indicó que el Inspector de Protección al Consumidor y las inspecciones de convivencia lideran operativos de control en establecimientos comerciales. Asimismo, que han intensificado la intervención de viviendas turísticas que operan en la ilegalidad.

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También hicieron un llamado a la “corresponsabilidad del sector privado para mantener precios justos”, y a la sociedad civil para denunciar cualquier caso de abuso: “El bienestar de Medellín es una responsabilidad de todos”.

Por ahora, la ciudad no solo necesita cerrar el déficit habitacional y mejorar la asequibilidad, sino también reforzar la vigilancia de los precios. La responsabilidad en la fijación de tarifas justas y el acompañamiento de la administración pública son claves para avanzar hacia un costo de vida más digno. En el fondo, se trata de que Medellín pertenezca a sus habitantes y no solo a quienes pueden pagarla.

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