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¿Por qué caen tanto los nacimientos?

El desafío no es simplemente aumentar la natalidad, sino construir un nuevo pacto social basado en la equidad de género y la corresponsabilidad no solo en la sociedad sino en el hogar.

hace 1 hora
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  • ¿Por qué caen tanto los nacimientos?

Una de las cifras más reveladoras de los últimos tiempos para entender para dónde va nuestra sociedad en términos de cultura, entendida esta cómo la manera de habitar el mundo, es el número de personas que nacieron en 2024 en el país: 445.000 bebés.

Y si bien uno puede pensar que son muchos (1.219 en promedio cada día del año pasado) la realidad es que es la primera vez desde 1998 que el número de nacimientos cae por debajo del medio millón y sobre todo, significa una caída de 22% desde 2022, cuando nacieron 573.625 colombianos (1.571 cada día) y de 33% en comparación con 2015, hace 10 años, cuando llegaron al mundo 649.742 (1.780 cada día).

Es como si el país hubiera tocado el pico y comenzara a descender. Con dos detalles significativos adicionales: una de cada seis mujeres no quiere ser madre y de las que ya son madres, tres de cada cuatro, no quiere tener más hijos. Esas cifras acaban de ser reveladas por la Encuesta Nacional de Demografía y Salud. Y el segundo detalle es que el 67% de los hogares tiene una mascota. Sin duda, estamos viviendo una fuerte transformación.

¿Por qué está ocurriendo esta drástica reducción cuando hasta hace poco los pronósticos apuntaban hacia caídas mucho menos pronunciadas? Las respuestas simples —como el acceso a anticonceptivos o el aumento en los costos de vida y de crianza— son insuficientes. Para entender mejor las posibles causas profundas de este fenómeno, resulta útil mirar el trabajo de la Premio Nobel de Economía 2023, Claudia Goldin.

Goldin, profesora de Harvard y pionera en la historia económica del trabajo femenino, publicó en diciembre de 2024 el estudio Babies and the Macroeconomy, en el que analiza la caída de la fertilidad en el mundo. Su tesis central es poderosa: la reducción de la natalidad no es un efecto de políticas públicas o decisiones individuales, sino que tiene que ver con los nuevos y antiguos roles de hombres y mujeres.

En su estudio, Goldin compara dos grupos de países. El primero, con Francia, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos, experimentó una transición económica más gradual durante el siglo XX. El segundo, integrado por España, Italia, Corea del Sur y Japón, vivió un crecimiento económico muy acelerado a finales del siglo. Los datos muestran que mientras los primeros han mantenido niveles de fecundidad moderados, los segundos son los países con las tasas de fertilidad más bajas del mundo en la actualidad.

¿Por qué esa diferencia? Goldin argumenta que, en los países de desarrollo económico más acelerado en pocos años, las mujeres empoderadas por mayores oportunidades educativas y económicas enfrentan una contradicción: desean participar plenamente en el mercado laboral, pero la estructura familiar donde el trabajo doméstico sigue siendo mayoritariamente femenino no ha cambiado al mismo ritmo.

Como consecuencia, en los países de crecimiento más acelerado, donde los hombres mantienen, en promedio, una mayor adhesión a valores tradicionales y participan poco en las tareas del hogar y el cuidado, las mujeres que priorizan su autonomía y seguridad económica deben asumir una doble carga si deciden tener hijos. Esto genera lo que Goldin llama un “punto de ruptura”: cuando el costo (en tiempo, carrera, ingreso) de tener un hijo es demasiado alto, muchas mujeres optan por tener menos hijos o, directamente, por no tenerlos. El resultado es que países con menor equidad de género en el hogar presentan tasas de fertilidad más bajas, incluso si tienen niveles similares de desarrollo económico.

El caso colombiano tiene ecos claros de esta teoría. El país ha experimentado una rápida urbanización, ha más que duplicado su ingreso per cápita y ha visto un crecimiento significativo en la educación y participación laboral de las mujeres. Sin embargo, los valores sociales y la división del trabajo doméstico no necesariamente han evolucionado al mismo ritmo. Las mujeres, enfrentadas a una cultura que les exige hacerlo todo —trabajar, criar, cuidar, proveer—, podrían estar optando, sencillamente, por renunciar a la maternidad. Los departamentos más poblados y de mayor peso en el PIB del país, como son Bogotá, Antioquia, Valle del Cauca y Atlántico, fueron los que registraron las caídas más importantes en nacimientos.

Sin embargo, Goldin ofrece también una mirada esperanzadora: la caída de la natalidad no necesariamente es algo negativo para la sociedad. Muchas de sus causas están asociadas a progresos sociales: mayor autonomía de las mujeres, mayor control sobre la reproducción, menor presión cultural para casarse y tener hijos.

Bajo esta visión, sólo en sociedades donde los hombres participan activamente en las tareas del hogar y en la educación de los hijos es posible que las mujeres no tengan que elegir entre maternidad y desarrollo personal. El desafío, entonces, no es simplemente aumentar la natalidad, sino construir un nuevo pacto social basado en la equidad de género y la corresponsabilidad no solo en la sociedad sino en lo más íntimo del hogar. De lo contrario, Colombia seguirá la senda de otras naciones con bajas tasas de natalidad crónica y una población envejecida, sin haber aprovechado las oportunidades de su transición demográfica.

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