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Una sociedad zombie

Es la última tendencia en el mundo de los cosméticos inyectables. Inocular grasa natural de cadáveres, recogida a través de bancos de tejido, en pacientes que aspiran a tener volúmenes donde no los hay.

hace 6 horas
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Por Lina María Múnera G. - muneralina66@gmail.com

La donación de órganos y tejidos es un gesto de generosidad que hay que aplaudir siempre. Despedirse de este mundo sabiendo que parte de ese cuerpo que nos ha sostenido a lo largo de la vida le será útil a otro ser tiene que ser reconfortante. ¿Pero que pensaríamos si nos dijeran que parte de lo que vamos a donar, particularmente la grasa, la van a utilizar en cirugías estéticas para redondear unos glúteos o rellenar unos senos?

Es la última tendencia en el mundo de los cosméticos inyectables. Inocular grasa natural de cadáveres, recogida a través de bancos de tejido, en pacientes que aspiran a tener volúmenes donde no los hay, en ese desespero constante por alcanzar lo que muchos creen que es la perfección física de acuerdo con los nuevos cánones estéticos que se imponen.

Se comercializa bajo el nombre de Alloclae y en las redes ya lo han bautizado con el nombre de “zombie relleno” o “cosmético de cadáveres”. Según dicen, el producto es muy versátil: se puede inyectar en cualquier lugar del cuerpo donde la grasa exista naturalmente, y es capaz de imitar la apariencia de la grasa natural, precisamente porque es grasa natural. El procedimiento es mínimamente invasivo, aparentemente seguro (aunque no hay estudios a largo plazo que lo avalen) y produce esa sensación de gratificación instantánea que tanto se busca ahora.

Cuentan que los ejecutivos neoyorkinos, ellos y ellas, piden cita a las seis de la mañana para estar en sus respectivas oficinas a las siete luciendo relleno en la parte de su cuerpo que más ansiedad les genere. Porque si algo revela esta nueva tendencia es ese miedo generalizado en nuestra sociedad a envejecer y morir. Vivimos con un creciente rechazo de los procesos naturales de nuestro cuerpo, en un constante estado de inseguridad en el que la aguja que indica cuáles son los parámetros de belleza y aptitud física se mueve constantemente.

Hasta hace poco, las clínicas de cirugía plástica dedicaban gran parte de su actividad a eliminar grasa. En muchos casos, esta se extraía de una zona indeseada, por ejemplo el abdomen, y se injertaba en otra zona del cuerpo. Luego llegó la semaglutida (conocida como Ozempic y Wegovy) y la tirzepatide (Mounjaro y Zepbound) y su uso se extendió entre todos aquellos que querían bajar de peso de manera inmediata y sin mucho esfuerzo.

Pero ese boom de adelgazamiento instantáneo generó un nuevo mercado en el mundo de la medicina estética. Los efectos cosméticos secundarios de la semaglutida, piel suelta y disminución del volumen de grasa en áreas donde sí se quisiera tener, no dejan contentos a los usuarios y en cambio les producen más ansiedad. Así que la solución la han encontrado en quienes noblemente donaron su cuerpo para que un extraño pudiera vivir.

Sería muy útil que se especificara en los formularios de donantes cuáles son los posibles usos de eso que tan generosamente se está entregando, ahora que la grasa y el tejido adiposo se han convertido en objeto de deseo. Aunque más valiosa sería una terapia colectiva que profundizara en ese temor a la muerte que lleva a algunos a buscar la eterna juventud precisamente entre los muertos.

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